• 18 de diciembre de 2018, 15:52
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Un prolífico cineasta

Por Javier Erlij -Foto: Fernando Krichmar, cineasta.

-¿Cómo influye la nueva resolución del INCAA 942/2017 con respecto a las posibilidades de acceder a los créditos y subsidios para nuevos proyectos cinematográficos?

 

-En principio podemos decir que está abierta una mesa técnica de negociación donde estamos trabajando en favor de las pequeñas y medianas productoras que son las que más se ven desfavorecidas. La resolución 942/2017 apunta a limitar las posibilidades financieras del cine independiente. Me refiero a películas medianas y pequeñas que son prácticamente el 80 % de las películas nacionales que se filman cada año.

 

-¿Con la nueva resolución se está apostando solamente al éxito de taquilla en términos de convocatoria de espectadores?

 

-Si las autoridades ven al cine como un hecho meramente comercial están desconociendo los valores culturales que éste ofrece. En vez de quejarse de que se producen 200 títulos que ven pocas personas, hay que preguntarse el por qué y establecer mejores mecanismos de distribución. En México la Cinemateca Nacional tiene diez pantallas, donde el público puede comprar sus tickets a través de Internet como en cualquier cadena de cines internacionales. En Buenos Aires tenés sólo el Espacio INCAA Gaumont con tecnología atrasada.

 

-¿Qué nos podés decir de las denuncias mediáticas del manejo poco claro de los fondos del INCAA?

 

-Hay que exigir que se mejoren los mecanismos de control. Con las licitaciones publicadas on line en la página del Instituto Nacional de Cine se terminó la discusión.

 

-¿Cómo ves que nos sigamos rigiendo por la Ley de Cine sancionada en 1994?

 

-Esa ley abrió instancias impositivas, federales, democráticas y de transparencia que no existen en ninguna legislación de Latinoamérica. Ningún país de la región tiene una ley de fomento a la cinematografía tan de avanzada como la nuestra. El dinero que produce el cine a nivel negocio fomenta al arte audiovisual en la Argentina. En ese aspecto, el capital cultural es mucho más importante que el económico.

 

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