• 18 de septiembre de 2019, 18:05
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La fiesta inca de Inti Raymi

Por Esteban Ierardo

 

                                 

    

    Inti Raymi: fiesta del sol incaica. Celebrada por el pueblo andino constructor de Machu Picchu en el solsticio invernal del 24 de junio. Inti y su fervor solar aseguraban la continuidad y renovación de la vida; sus benéficos rayos propiciaban las buenas cosechas y la salud, por tanto, de hombres y animales. Festividad como comunicación entre lo humano y la divinidad bienhechora. Fiesta en las alturas montañosas de los Andes donde lo profano y lo sagrado se unen, reconcilian. Todas las fotos que se muestran aquí en una galería fotográfica para ampliar, fueron obtenidas por el periodista argentino Iair Kohn durante la última celebración del Inti Raymi en las explanadas de Sacsahuamán, cerca de Cuzco. Luego, en este momento de Fiestas populares de Temakel, un texto de Jesús Callejo, autor de Las fiestas sagradas, a guisa de breve recreación del espíritu festivo de la incaica adoración del sol. 


     









  

Los dos festivales primordiales del mundo incaico dentro de su calendario sacerdotal era el Capac-Raymi ( o Año Nuevo), que tenía lugar en diciembre, y el Inti Raymi. En la primera fecha se llevaban a cabo ritos directamente vinculados a las iniciaciones de la pubertad de los muchachos de noble linaje. Entre (ingestiones) de chicha, se realizaban competiciones, danzas y hasta una batalla simulada. Se ejecutaba una carrera ritual donde los atletas corrían en dirección al monte sagrado de Huanacauri.

  

    El otro extremo solsticial se celebraba cada 24 de junio el Inti Raymi ( o la Fiesta del Sol) en la impresionante explanada de Sacsahuamán, muy cerca de Cuzco. La ceremonias se dedicaba a la adoración del Sol porque era él quien hacía que los campos fuesen fértiles. Era una fiesta dedicada a la creación del fuego nuevo, con sacrificios de animales incluidos (en concreto, llamas). La efigie de Inti, la deidad solar principal de los incas bajo la forma de un disco de oro con rasgos humanos, era colocada en los templos frente a una puerta que se orientaba hacia el Levante para que reflejase los albores del amanecer. Justo en el momento de la salida del astro rey, el Inca elevaba los brazos al sol y exclamaba. !Oh, mi sol! !Oh, mi sol! Envíanos tu calor, que el frío desaparezca. !Oh, mi sol! En  medio de la expectación general, mientras el sol iluminaba las cimas de las montañas, la multitud entonaba a coro sus cantos de alabanza. De rodillas, con los brazos en alto, miles de voces se fundían en un excelso cántico acompañado con los acordes de cientos de instrumentos musicales.

    Este gran festival (que antaño duraba tres días) se sigue practicando y representando hoy en día para conmemorar la llegada del solsticio de invierno con un claro tufillo turístico. Los habitantes de la zona se engalanan con sus mejores prendas al estilo de sus antepasados quechuas y recrean el rito inca tal y como se realizaba (más o menos) durante el apogeo del Tahuantisuyo. Bajo la férula de los conquistadores españoles, a esta fiesta de Inti Raymi se le dio un carácter secreto haciéndola coincidir con el día de Corpus Christi. (*)

(*) Fuente: Jesús Callejo, Fiestas sagradas. Sus orígenes, ritos y significado que perviven en la tradición de los pueblos, Ed. Edaf., pp.50-51. 

Fotos de galería de Iair Khon

Foto de portada: Educared/Fundación Telefónica

Fuente: Temakel

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