• 18 de septiembre de 2019, 16:40
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La ciudad ausente, persecución y paranoia

Por Manuel Allasino

"La ciudad ausente" es una novela del escritor Ricardo Piglia publicada en el año 1992. En ella se narra la historia de Junior, un periodista que investiga la máquina de Macedonio, un artefacto que empezó traduciendo relatos y acabó produciendo una obra autónoma. Está enmarcada temporalmente entre el inicio de la dictadura militar, cívica y eclesiástica encabezada por Jorge Rafael Videla y la Guerra de las Malvinas; y se desarrolla en un Buenos Aires donde el Estado persigue cualquier creación de lenguaje o narrativa.

ciudad-ausente-piglia“El Museo quedaba en una zona apartada de la ciudad, cerca del parque y atrás del Congreso. Había que subir una rampa y cruzar un corredor con paredes de acrílico para desembocar en el salón circular donde se exhibía la máquina. Se la veía al fondo, sobre una tarima negra. En las paredes había diagramas, fotografías, reproducciones de los textos. Junior anotó algunos datos en la libreta y dio una vuelta por el salón siguiendo la historia en las vitrinas. Primero habían intentado una máquina de traducir. El sistema era bastante sencillo, parecía un fonógrafo metido en una caja de vidrio, lleno de cables y magnetos. Una tarde le incorporaron William Wilson de Poe para que lo tradujera. A las tres horas empezaron a salir las cintas de teletipo con la versión final. El relato se expandió y se modificó hasta ser irreconocible. Se llamaba Stephen Stevensen. Fue la historia inicial. La primera obra, había dicho Macedonio, anticipa todas las que siguen.  Queríamos una máquina de traducir y teníamos una máquina transformadora de historias.  Tomó el tema del doble y lo tradujo. Se las arregla como puede. Usa lo que hay y lo que parece perdido lo hace volver transformado en otra cosa. Así es la vida. Macedonio tenía en ese momento cincuenta años. En los recortes y las fotos de los diarios se veía su cara apacible y maliciosa dando explicaciones. No había querido vender la patente, porque no había nada que vender. Pensaba perfeccionar el aparato (lo llamaba así) con la intención de entretener a los paisanos en los pueblos. Me parece un invento más divertido que la radio, decía, pero todavía es prematuro cantar victoria. Pedía discreción y se negaba a aceptar el apoyo del gobierno. Iba a dictar una conferencia en la universidad para explicar los alcances del invento. (<Forma parte de la serie de Los Aquenó>, dijo Macenodio. <Los Aquenó: ¿qué son?. Son aquellos aparatos a cuyo funcionamiento precede siempre una expectativa incrédula>) Las cosas habían marchado muy bien. Mejor de lo esperado. La máquina había captado la forma de la narración de Poe y le había cambiado la anécdota, por lo tanto era cuestión de programarla con un conjunto variable de núcleos narrativos y dejarla trabajar. La clave, dijo Macedonio, es que aprende a medida que narra. Aprender quiere decir que recuerda lo que ya ha hecho y tiene cada vez más experiencia. No hará necesariamente historias cada vez más lindas, pero sabrá las historias que ha hecho y quizá termine por construirles una trama común. Le parecía un invento muy útil porque los viejos que a la noche, en el campo, contaban historias de aparecidos se iban muriendo”.

Junior, es un periodista del diario “El Mundo”, y viaja por la ciudad guiado por misteriosas llamadas telefónicas que lo llevan por los relatos de la máquina, las narraciones oficiales y las experiencias de los involucrados. Pero resulta que el artefacto ha escapado a todo control y entonces, permanece bajo custodia en el Museo, mientras el poder totalitario y la resistencia luchan por validar o convertir en apócrifas las producciones del mismo. 

“Junior vio el anillo y vio las sucesivas versiones de la historia del anillo. El grabado de Durero (El sueño del doctor, 1497-98) estaba colgado en la pared de la izquierda. La pasión, simbolizada por la figura de Venus con un anillo en la mano izquierda y una bola de piedra en los pies. Ese relato era la historia del poder del relato, el canto de la nena que busca una vida, la música de las palabras que se cierran y se repiten en un círculo de oro. En un costado había una edición de The Anatomy of Melancholy, con notas manuscritas y dibujos. Burton también contaba el cuento del anillo para ilustrar el poder del amor. La muchacha vuelve a vivir gracias a los relatos del padre. Narrar era darle vida a una estatua, hacer vivir a quien tiene miedo de vivir. En una vitrina estaba el original de los mitos iniciales. <El que ha perdido a su mujer modela sin tregua una estatua y piensa en ella. Vivir solo o fabricarse una mujer perdida. La pasión le permite al enamorado elegir el segundo sueño. La Gesta Romanorum (el más popular libro de cuentos de la Edad Media) nos refiere que Virgilio, a quien se tenía por Mago (Cuento LVII), esculpía estatuas mágicas para retener el alma de sus amigos muertos. La capacidad de animar lo inanimado es una facultad asociada a la idea del taumaturgo y a los poderes del mago. Entre los egipcios, la palabra “escultor” significaba literalmente “el que mantiene la vida”.  En los antiguos ritos funerarios se creía que el alma del difunto se incorporaba a una estatua que representaba su cuerpo y una ceremonia celebraba la transición del cuerpo a la estatua.  Junior recordó la foto de Elena, la muchacha con el pulóver de cuello alto y la pollera escocesa, que sonreía hacia la luz invisible. Una foto era también un espejo para soñar con la mujer perdida. Había una reproducción ampliada de la misma figura de Elena en la pared del fondo. En paneles de vidrio vio los manuscritos de Macedonio. <Huir hacia los espacios indefinidos de las formas futuras. Lo posible es lo que tiende a la existencia. Lo que se puede imaginar sucede y pasa a formar parte de la realidad> Macedonio no intentaba producir una réplica del hombre, sino una máquina de producir réplicas. Su objetivo era anular la muerte y construir un mundo virtual”.

La ciudad ausente tiene una yuxtaposición de relatos que le permite a Junior, a manera de un policial, descubrir cuál es el verdadero objetivo de la máquina de narrar. En ese camino va conociendo a gran parte de los protagonistas de las historias que la misma máquina ha narrado de manera clandestina en talleres subterráneos de la ciudad de Buenos aires. A Junior lo han abandonado su esposa y su hija; y el ir tras la máquina le permite no ser atrapado por la angustia y la tristeza. 

“Junior empezaba a entender. Al principio la máquina se equivoca. El error es el primer principio. La máquina disgrega espontáneamente los elementos del cuento de Poe y los transforma en los núcleos potenciales de la ficción. Así había surgido la trama inicial. El mito del origen. Todas las historias venían de ahí. El sentido futuro de lo que estaba pasando dependía por lo posible (y no por el ser). La oposición verdad-mentira debía ser sustituida por la oposición posible-imposible. El manuscrito original se enroscaba en un tambor de lata. Le costaba leer con los anteojos. Cada vez estoy más miope, pensó Junior, y acercó su cara a la caja de vidrio. Parecía la cinta de un teletipo. “Llegué aquí por primera vez el miércoles cuatro de mayo a las tres de la tarde, en un tren que seguía viaje a Pergamino. Vine invitado por la Academia Pampeana y el Jockey Club a residir tres meses en la estancia y conocer los proyectos de la sociedad científica. Soy médico (y escritor) estoy en este pueblo desde hace meses. Quiero conocer al doctor Stevensen. Él es uno de los mayores naturalistas ingleses de este siglo, argentino por opción, descendiente de los viajeros y los investigadores europeos que vinieron a estos campos a estudiar las costumbres de los nativos. Yo admiraba sus libros, había leído su maravilloso Pájaros mecánicos y también sus ensayos de biología y su extraordinario Viaje blanco. Hace tanto tiempo ya, que ahora todo me parece irreal. Pero quizá no tendría que hablar de irrealidad, sino de inexactitud.  La verdad es precisa, como la circunferencia de cristal que mide el tiempo de las estrellas. Una leve distorsión y todo se ha perdido.  Mentir ya no es una alteración de la ética, sino una falla en una especie de máquina de vapor del tamaño de esta uña. Quiero decir (decía Stevensen), la verdad es un artefacto microscópico que sirve para medir con precisión milimétrica el orden del mundo. Un aparato óptico, como los conos de porcelana que los relojes se ajustan en el ojo izquierdo cuando desarman los engranajes invisibles de los complejísimos instrumentos que controlan los ritmos artificiales del tiempo”.

La ciudad ausente de Ricardo Piglia es una distopía que trabaja sobre la obsesión, la persecución y la paranoia que se vive en una sociedad cuando el poder se vuelve autoritario y lo controla todo.

Ricardo Piglia, circa 2008

* Ricardo Piglia nació en Adrogué, en la provincia de Buenos Aires en 1940. está considerado uno de los grandes escritores contemporáneos por su labor radicalmente transformadora de las letras hispanoamericanas y por su arrollador dominio de la novela, el relato y la teoría literaria.

Fuente: La Tinta

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