• 18 de diciembre de 2018, 17:19
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Dos actores

Por Hugo Paredero


            Llamémoslos A y B. O mejor A1 y A2. Fueron famosos galancitos de tv, luego galanes, hoy actores teatrales y cinematográficos de prestigio intocable. Todos los premios de plata, oro, platino y diamante que en nuestro país pueden ganarse los han ganado. A1 los exhibe lustrosos sobre una cómoda china en el comedor de su casa y se refiere a ellos continuamente, uno por uno, mientras explica por qué no le importan. A2 los exhibe en su dormitorio y vive redistribuyéndolos, tiene instintos coreográficos. Nunca trabajaron juntos. ¡Nos encantaría!, mienten cada tanto. A1 fue, hace más de treinta años, el primer marido de la mujer que acaba de dejar viudo a A2, una escritora casi inédita, todavía bella, de la categoría personajes “siempre adelantados a su época”. Mañana arrojarán sus cenizas al río junto a colegas, algunos amigos y mucha prensa. A1 y A2 ya convinieron en que la despedirán ambos, corresponde que así sea. Pero no consiguen ponerse de acuerdo en quien cerrará… Y los dos son hipertensos. 

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