• 21 de febrero de 2019, 15:19
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Apuntes de sociología militante (Nombres y programas)

Por Jorge Elbaum


Se inicia un año electoral que implica nuevamente, como otras veces en la historia argentina, el enfrentamiento entre un proyecto soberanista y otro atado al carro de los intereses foráneos. En este caso el Proyecto Nacional se ve hostigado por dos grandes desafíos. Uno externo y otro interno. El internacional es la clara deriva internacional, de cuño neoliberal represiva, cuyas expresiones más acabadas son Trump, Bolsonaro y los variados y crecientes neofascismos europeos. A nivel interno, las fracciones más trasnacionalizadas de la oligarquía rentista ha logrado –por ahora-- dividir a las fuerzas populares con la clara intención de impedir una convergencia nacional.


El factor internacional, que incluye la política instaurada por el FMI, como central actor gubernamental, no puede ser alterado por la lucha social ni el activismo político local. La única variable que puede alterarse es la doméstica, a sabiendas que los factores foráneos no dudarán en contribuir con el hegemonismo planetario en darle continuidad a las políticas de destrucción del mercado interno y disciplinamiento de los trabajadores.


Nos queda solo lidiar contra el fraccionamiento de las fuerzas populares. Su continuidad es la única oportunidad que tiene la oligarquía para continuar con la liquidación de la soberanía. En ese marco, una de las acciones que los “think tank” abonados a la lógica duranbarbista están impulsando la lucha fratricida y la malversación de discusiones y debates con el solo objetivo de sembrar inquina y conflictividad entre actores políticos (ligados con mayor o menor intensidad al campo popular) y referentes de las redes sociales generadores de contenido. El eje principal de ese dispositivo rupturista, capaz de fragmentar a la actual oposición, consiste en discutir candidaturas y nombres, evitando que los debates permitan la identificación de intereses, por sobre los odios o las animadversiones producidas mediáticamente.


Al régimen le conviene que hablemos de nombres. No de políticas. Al nominar personas los aglomerados se organizan en forma diferente que cuando se constituyen por problemáticas: los tarifazos victimizan a un porcentaje mayoritario de la sociedad. La desocupación y el consiguiente miedo a perder el trabajo también. Si el debate público se instala en los problemas el modelo ortodoxo y hegemónico se ve en problemas. Logran un resultado mucho más beneficioso –para su continuidad extranjerizadora—si consiguen inducir una polémica (en la primera etapa, hasta marzo/abril) sobre quiénes son los candidatos en vez de discutir sobre qué es lo que hay que cambiar de la actual política destructiva de los lazos sociales.

Para lograr su cometido de fragmentación y disolución de la agenda popular recurrirán a cuatro ejes

a.   El miedo a CFK.

b.  La Corrupción / “se dobadon todo”.

c.  El paradigma Venezuela.

d.  La cizaña entre componentes de las diferentes fracciones del campo popular. 


Para escapar las reglas del juego que pretenden imponernos debemos estar focalizados en priorizar las políticas: eso es las decisiones que lastiman, discriminan, entorpecen y destruyen a las familias y toda noción de futuro social organizado. Eso supone no enfrascarse en la “agenda setting” impuesta por los medios hegemónicos sino en jerarquizar cuáles han de ser las temáticas que impactan más en la sobrevida digna del pueblo. Quieren que hablemos de la seguridad cuando son los sectores más vulnerables los que sufren más el delito. Pretenden que no enredemos en debates sobre Venezuela cuando Colombia vive –desde la asunción del último presidente, en solo —una masacre diaria que contabiliza una centena de activistas y militantes asesinados bajo el oprobioso silencio de los medios latinoamericanos sometidos a la razón financiarista.

 

Los debates ciudadanos y los que se entablan con los medios, tanto de los militantes de base, como de los referentes políticos y los comunicadores comprometidos con los proyectos de desarrollo e inclusión deberán estar atentos a no caer en la trampa de jerarquías de debate impuestas para la continuidad fratricida. Se nos juega demasiado. 


Foto tomada de Infobae

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