• 25 de abril de 2019, 4:47
Inicio | Cultura

Los márgenes

Por Ana Pérez del Cerro*

La palabra márgen  proviene del latín margo ( arista, límite, ribera, reborde o extremo de una cosa. Espacio que queda en blanco a cada uno de los cuatro lados de una página escrita, grabada o impresa ,  espacio para un suceso o hecho); emparentada con ‘ mark’ (Del germánico  marca, frontera).

 

En los márgenes aparecen las huellas  de quienes se apartan del centro por imposición o por la decisión de  habilitar miradas periféricas.

 

En los márgenes crecen las disidencias y florecen las diversidades.

 

En los márgenes, también, se halla lo que el centro ha querido ocultar, negar, sumergir y,  aún, suprimir.

 

En los márgenes  de los libros suelen aparecer las acotaciones, reflexiones y preguntas de l@s buen@s  lector@s. 

 

 “El I Encuentro Internacional: Derechos Lingüísticos como Derechos Humanos es (fue) una iniciativa llevada a cabo por la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina), a través de un grupo de estudiantes, egresadxs y docentes, con la intención de visibilizar problemáticas vinculadas a la lengua y a las políticas lingüísticas, y con la convicción de que el respeto a la variabilidad lingüística constituye un derecho humano inalienable entre el 26 y el 30 de marzo en la Ciudad Universitaria de Córdoba.

 

Obsérvese el título del Congreso que se desarrolló en las mismas fechas y en el mismo campus: Congreso internacional de la lengua española. Se desarrolló  bajo el auspicio de la  RAE y el Instituto Cervantes.

 

A primera vista pueden notarse  las diferencias: por un lado, quiénes fueron los organizadores; por otro, el objetivo.

 

El Congreso fue inaugurado por un rey ignorante y soberbio y un presidente cuya literalidad ha desplazado cualquier intento de metáfora.

 

El Encuentro fue abierto por la magistral exposición de la Dra. Elvira Arnoux que partió de señalar que “la lengua de la Academia se ofrece como oferta empresarial en el marco del neoliberalismo”.

 

¿Podríamos hablar de frontera? Pensar la lengua como el territorio de la diversidad  como un derecho humano en el contexto de las políticas lingüísticas es marca, es gesto, es la decisión de salirse de las fronteras impuestas por la academia que  ‘fija, brilla y dá esplendor’; el Encuentro fue el gesto sin grandilocuencias para celebrar lo heterogéneo, lo diverso, lo múltiple.

 

Hubo quienes pretendieron presentar ambos espacios como complementarios; sin embargo no puede haber complementariedad entre dos enfoques opuestos: en el Congreso se celebró una lengua inexistente (parafraseando a Mempo Giardinelli): se parte de una falacia ya que la lengua española nunca existió; se trata del castellano cuya entronización se retrotrae al año en que se unen los reinos de Castilla y Aragón con el casamiento de sus respectivos rey y reina: 1492. Y será  Antonio de Nebrija quien ese mismo año publicará la primera gramática castellana  sistematizando  la lengua del poder. En el Encuentro se partió de la lengua como derecho humano en un espacio de entrada  libre y gratuita que facilitó la asistencia de quienes, portadores de una credencial para el  Congreso, se dieron una vuelta por el Encuentro sin restricción alguna.

Arnoux ha dicho alguna vez que “la política es  la lucha de los signos” y esto se manifiesta claramente por el lugar en que cada colectivo se posiciona: la lengua como instrumento de políticas neocoloniales o la lengua como el campo  en el que se  revaloriza y se incluye la heterogenia social.

En el manifiesto del encuentro se cita la frase ‘quien nomina, domina’. Podríamos agregar que quien devela , des -  vela, irrumpieron las voces diversas, las disidentes  y el canto ancestral de las lenguas aborígenes que tuvieron en el Encuentro una presencia notable en boca de sus hablantes; lenguas , las de carne, que fueron cortadas y exhibidas por el conquistador como siniestro mensaje para acallar y demostrar  quién era el  poderoso caballero.

Una mujer mapuche relató que cuando niña sus padres no quisieron enseñarle su lengua; ella iba todas las tardes a enhebrarle la aguja a su abuela costurera que tenía poca vista y allí la aprendió sin que nadie se enterara.  Ya adulta entendió que sus padres quisieron   dejarla a salvo del dolor, la tortura, la  represión, la sangre que ha atravesado a sus pueblos a lo largo de los siglos de conquista y dominación; el deseo de evitarle las persecuciones y  la exclusión. Ahora dice que ella podrá morir pero dejará bien plantadas las raíces de su lengua y canta.

Muchas lenguas en el planeta se han extinguido; pero  en nuestro continente, en la matria grande andan vivitas y coleando .

Mientras tanto, el territorio del castellano se ve conmovido por las  voces que incluyen sin legislar, los registros varios que circulan por las redes sin enredar y el esplendor de una lengua en la que se escuchan los signos de los que  parecían  sin voz, sin vos…

“Nuestra enunciación es una enunciación situada” manifestó el español José del Valle  quien cerró  con rigor y humor  una exposición   brillantemente disruptiva  que, sin ambages, expuso la antinomia entre la intencionalidad del Congreso y el objetivo del Encuentro.

Si gamos enhebrando la aguja para que el margen no sea marginación.               

                                                                                               


 *Semióloga

Cultura