• 17 de enero de 2019, 10:42
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El mundo

Por Ana Pérez del Cerro*

Una  semiosis infinita
 

Qué es el mundo?

Un gran globo terráqueo donde el norte está arriba y el sur, abajo.

Siete millones y medio de seres humanos y quién sabe cuántos animales – muchos en extinción- convierten a ese gran globo en un organismo que late cada vez más lejos de las vibraciones propias de la Pacha.

En nuestro continente tenemos nuestro propio globo, un globo de ensayo que cíclicamente se desinfla al compás del neoliberalismo : se profundizan las desigualdades  y, a continuación,  se eleva  un poco en el marco de lo que algunos  llaman despectivamente gobiernos populistas mientras los grandes medios no dejan de configurar el pensamiento   de la ‘gente’ en función de sus intereses hegemónicos.

Ciro Alegría escribió la novela ‘El mundo es ancho y ajeno’ y don Ata cantó que ‘las  penas son de nosotros; las vaquitas son ajenas ‘.

Mundo’ triste,  solitario, ¿final’?

Según desde donde se lo mire, mundo puede asociarse a universo, cosmos,  al otro mundo…

En lo cotidiano, el mundo suele vincularse a lo que piensa o hace ‘todo el mundo’, un cuantificador hiperbólico o al mundo del barrio, al personal o al íntimo en esto del refrán: ‘Cada casa es un mundo’.

‘Hubo un  tiempo  que fue hermoso’, el sueño de cambiar el mundo, ‘la  imaginación al poder.

Pero se nos vino el mundo abajo y al día de hoy, el globo nunca tan globo y la desigualdad nunca tan brutal.

 

Orwell expuso la vulnerabilidad de los humanos y  la cuestión del  control absoluto, el miedo que produce y el castigo a quienes se rebelen,  en sus novelas ‘La guerra de los mundos’, ‘1984’ y ‘Rebelión en la granja’.

La lista no puede omitir a “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, “Fahrenheit 451” de Ray Bradbury y “La naranja mecánica” de Anthony Burgess

Las ficciones distópicas han sido textos de anticipación que no eludieron temáticas sociales y políticas, la negación de ‘el hombre naturalmente bueno’ de Rousseau, del mismo modo que la novela negra las exploró a través de otra manera de contar.

Vale incluir un cuento de Borges, ‘El informe de Brodie’, sátira que narra la historia de los Yahoos,  sociedad extremadamente cruel, carente de pensamiento abstracto y de memoria. Brodie dice: “La falta de imaginación los mueve a ser crueles”.   

Un tema recurrente en la literatura a la que hemos aludido es el  Estado policial que nos remite inmediatamente al tan transitado tema de la seguridad.

Llegados a este punto habría que discurrir sobre las diversas connotaciones que este signo entraña.

De lo que no cabe duda es que a mayor desigualdad, más se agita el fantasma de la inseguridad  porque lo que subyace es la idea de reprimir la protesta. Conviene manipular a la doxa estimulando miedos y odios para mantener la granja tranquila y  convencida  de que la mano dura es para los que ‘se portan mal’.

Un mundo binario de buenos y malos, vagos y meritócratas, la biblia y el calefón…

Es así como amplios sectores  creen que los derechos humanos no son para tod@s, sino para los ‘derechos y humanos’ del mondo cane.

Y el mundo sigue andando aunque muchos ojos se cierren para no ver y muchos oídos den crédito a  la ‘verdad’ de las fake news.

El mundo podría ser, acaso,  un inmenso huevo donde florezca la vida  plena antes de que una humanidad fuera de sí,  lo aplaste  y lo desintegre.  Esto es ya una utopía que nos remite a la célebre obra homónima de Tomás Moro.

 

La semiosis infinita invita a seguir y no hay manera de ponerle punto final a esta reflexión. Quizá continuabrir de nuevo 

“Hay cosas encerradas dentro de los muros que, si salieran de pronto a la calle y gritaran, llenarían el mundo.”  Federico García Lorca


Imagen integrada

Pintura de Frida Khalo

* Semióloga

Tapa tomada de Alamys

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