• 18 de diciembre de 2018, 16:44
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El lenguaje que se disputa

Por Noor Jimménez Abraham*

El tema del lenguaje inclusivo adquirió en los últimos tiempos un estado característico de aquello que indica una brecha: se lo adopta y sigue, o se lo denigra y acusa; es complejo cambiar la estructura de un idioma que se construyó por siglos, y a la vez resulta injusto que las personas no se sientan reflejadas en el uso de su lengua; parece no haber término medio.
Mónica, mamá de Facundo, quien cursa el tercer año secundario en la escuela parroquial Nuestra Señora de la Gracia y Buen Remedio, relató la experiencia de su hijo en clase de lengua y literatura, mientras repasaban temas como género y número, al decir la profesora la oración ejemplo “los chicos cantan”, cuando un alumno agregó la versión en lenguaje inclusivo: la docente interrumpió bajo la consigna de que no iba a permitir que se hablara de ese modo, y que por hacerse el gracioso, el estudiante sería calificado con 1. Se llamó a la rectora y convinieron en que se le quitaría la nota bajo la promesa de no repetir la acción. “Me pareció una cosa loca, porque en lugar de ayudar a los chicos a que piensen emitimos prohibiciones que no les hacen bien”, enfatizó Mónica.

¿Qué es lo que sucede entonces con una realidad que se instaló en la vida cotidiana de las escuelas? ¿Basta con negarla, reprimirla y castigarla? En 2012 la Real Academia Española (RAE) emitió un informe en el que criticaba las intervenciones de este tipo al español. Pero la realidad es que el lenguaje se escapa por entre las normativas y que, justamente, una lengua se considera viva cuando sus hablantes intervienen en ella y la modifican, más allá de cualquier regla.

Verónica, profesora de lengua en la escuela secundaria 10 de Tres de Febrero, expresó: “la inclusión no se logra en el lenguaje sino cambiando la mentalidad de la gente, y no es utilizando la letra “e” que eso se alcanza. Una situación que vi en el aula, es que los chicos empezaron a usar palabras inclusivas en tono de burla; una nena explicó que se mofaban de ella porque se expresaba con ese lenguaje. Más que hacerles tomar conciencia, lo único que logran es darles un arma más para seguir con las mismas conductas de exclusión y maltrato.”

Discusiones sobre ventajas, incomodidades y posibles usos no han escapado a ser planteadas en otros países, Francia, Venezuela, Austria y España, por ejemplo, con intentos de reformas en la enunciación de las constituciones o con prohibiciones de sus presidentes, tal el caso de Emmanuel Macron, hace pocos meses.

Johanna, de 27 años, asiste a una universidad pública del conurbano, la UnTref, ella cursa la carrera de Gestión Educativa, se manifiesta adscripta al feminismo y en conversación con Diario Femenino declaró su incomodidad porque institucionalmente le exigen seguir las normas de la RAE para sus trabajos, y “justamente es una forma de negar a quienes debería escuhar”.

Se les adjudica a las feministas, a las personas “progre”, una incitación a la juventud con respecto a aquello que desde sectores opuestos declaran como “ideología de género”. Esta denominación estaría enfocada en detener los avances en materia de derechos que ha llevado a que el tema del aborto llegue al Congreso y se discuta popularmente, que se plantee la necesidad de dar cumplimiento a la ESI (educación sexual integral), que desde el 2006 es ley en Argentina para el tratamiento desde todos los niveles de la escolarización de los temas de género, y que se ponga en disputa el tema del lenguaje inclusivo, entre otras cuestiones.

Iara tiene 14 años, vive en el barrio de Agronomía y asiste a la escuela parroquial conocida como Instituto Insu, en diálogo con Diario Femenino aseveró: “estoy a favor, es una forma de incluir, está bueno que si una persona no se siente representada por un género, se la llame como le haga mejor. Me cuesta el hecho de la “e” y la “x” por una cuestión de costumbre. En las clases de esto no se habla, pero los alumnos y alumnas el 28 de mayo hicimos una sentada para discutir el aborto, el lenguaje inclusivo, y también para poder llevar la ropa que queramos; al colegio no le gustó mucho, pero crecimos. Abordamos el tema en un trabajo práctico de lengua y literatura, La lengua degenerada, una de las preguntas decía si usar el lenguaje inclusivo afecta nuestra percepción de la realidad. Hay varias chicos y chicas que utilizan esta nueva manera, pero hay mucha gente que está en contra, y me hace ruido, porque si querés úsalo, y si no, no, pero respetá a quien tenés al lado”.

Desde algunos sectores se desautoriza el lenguaje inclusivo como moda de adolescentes, otras personas alegan la necesidad de elegir las batallas y dejar esta cuestión de lado en la búsqueda de otros derechos, dada la exacerbación que provoca en algunas personas. Lo cierto es que el uso del masculino no es inclusivo –y eso no quiere decir que se pretendan todas las palabras en femenino-, más allá de que quienes están en contra aleguen que la inclusividad solo se refiere a las personas con discapacidad -como lo sería aprender lenguaje de señas, por ejemplo- lo que se resumiría en que se está a favor de unos derechos o de otros, y que habría que elegir exclusivamente a un colectivo para no discriminar, como si, en efecto, no se tratase de sumar.

“No me siento reflejada, a mí no me disminuye que alguien diga todos los docentes, porque sé que es el todos universal y no masculino, más allá de eso, otros compañeros piensan exactamente lo mismo, salvo uno o dos que son muy jovencitos y que vienen de la zona de capital, y que tratan de imponer la “e”, como el uso de la “x” y de la arroba, y se les nota que lo hacen con una carga política”, agrega la docente Verónica.

La pregunta que aparece es si el uso del lenguaje inclusivo resulta un pronunciamiento político. Cierto es que surge como una perspectiva social que busca transformar mandatos arcaicos para que las leyes, las instituciones y las costumbres acompañen el clamor de gran parte de la comunidad, lo que no implicaría que fuese una cuestión partidaria, dado que estas cuestiones son transversales a la humanidad, y escapan a una situación local.

El ministro de educación de la Argentina, Alejandro Finocchiaro, se manifestó claramente en contra del uso del lenguaje inclusivo en el ámbito educativo. Por su parte, la Academia Nacional de Letras expresó entender la necesidad social que lleva a pronunciar desde el lenguaje una inequidad en la sociedad.

En respuesta a consideraciones como que no se hicieron consultas para estos cambios, o que existen otras cosas que necesitan atención y que este tema resulta una pérdida de tiempo, feministas y una parte del ámbito académico reclaman por el atraso del español.

Alejandro, de 29 años, quien es docente de una escuela pública, en el 4to grado del Antonio Devoto de la Ciudad de Buenos Aires, manifestó: “yo apoyo el lenguaje inclusivo, me cuesta poder integrarlo en mi vocabulario, utilizo más el todos y todas. A los chicos les da gracia el todes, a mis compañeros docentes mayores no los escuché usarlo, sí en el caso de dos practicantes, menores que yo, un varón y una chica, en donde lo empleaba el varón. Veo que se está implementando en nuevas generaciones y eso me pone muy contento. También soy músico y con mi banda cuando subimos información a las redes sociales utilizamos la x para incluir”.

Entre los posteos varios que se comparten sobre el tema circula una explicación de cómo se forman los participios activos, para dejar claro entonces que del verbo estudiar se forma el sustantivo estudiante; de cantar-cantante; de existir-existente y varios más, en contraposición al “mal uso” de presidenta, olvidándose –en forma intencional, o no- en esa lista, que de servir se ha aceptado sirvienta, sin cuestionamientos de esta índole. ¿Por qué no molesta una forma supuestamente errónea y sí la otra? ¿Qué significaciones despierta? Parece evidente que no resulta de una cuestión de ignorancia gramatical pero sí de una forma de posicionarse frente al mundo por el que cada quien profesa.

Más allá de discusiones, esta manifestación del lenguaje se va colando desde diferentes espacios: series, programas de TV o radio, o hasta publicidades oficiales, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, dirigió una campaña a la juventud, por la que con carteles en la vía pública se informa: “Desde los 13 años podés consultar con especialistas sobre tu salud sexual sin necesidad de ir acompañadx.”

En el partido repechaje por un lugar en el mundial de fútbol femenino en Francia, se escuchaba desde las hinchadas canciones con las frases “…Ya vas a ver el fútbol va a ser de todes o no va a ser”. Pareciera entonces, que más allá de opiniones, rechazos y disidencias, aún con dificultades en la implementación y hasta la burla de parte de algunas personas, como una de las maneras para combatir al machismo y sus consecuencias, la revolución en el lenguaje llegó y se va a quedar, con o sin autorización.

*Doctora en Ciencias de la Comunicación Social
@Noor_J_Abraham


Foto: https://saramir28.wordpress.com/2011/01/28/disputas-con-senas/

Fuente: Diario Femenino

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