• 14 de diciembre de 2019, 10:24
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Henry Kissinger advirtió: "Se terminó el 'excepcionalismo' estadounidense"

Por Traducción Martha Herring

El ex-secretario de Estado de Estados Unidos, Henry Kissinger, recientemente hizo comentarios muy prudentes y expresó que Estados Unidos ya no es una unidad de poder y debe reconocer la realidad de China como a un rival en igualdad.

El furor, esta semana, por una nueva ley aprobada por los Estados Unidos respecto a Hong Kong, que socava la autoridad de Beijing, subraya la advertencia de Kissinger.

Si Estados Unidos no puede encontrar algún 'modus vivendi' con China, el resultado podría ser un catastrófico conflicto peor que cualquiera de las anteriores guerras mundiales, declaró Kissinger públicamente en Nueva York el 14 de noviembre. El veterano diplomático instó a Estados Unidos y China a resolver sus actuales tensiones económicas de manera cooperativa y mutua, y agregó: "Ya no es posible pensar que un lado puede dominar al otro".

Una observación clave hecha por Kissinger fue la siguiente: "Entonces, aquellos países que solían ser excepcionales y solían ser únicos, tienen que acostumbrarse al hecho de que tienen un rival".

En otras palabras, está negando el 'erróneo consenso' sostenido en Washington que afirma que Estados Unidos es de alguna manera "excepcional", un "poder único" y la "nación indispensable". Consenso que creció a principios de la década de 1990, después del colapso de la Unión Soviética, cuando Estados Unidos se consideraba la única superpotencia. Esto se transformó en una virulenta ideología de "dominio de espectro completo" y -durante las últimas tres décadas- en las guerras, implacables y criminales, de EE.UU. con operaciones de cambios de régimen en todo el planeta, arrojando al mundo entero al caos.

La franca evaluación de Kissinger es un soplo de aire fresco en medio de la autoestima rancia e imposiblemente arrogante de demasiados políticos estadounidenses que ven a su nación como el único poder incomparable que no tiene otros rivales.

El experimentado estadista, que tiene 96 años y conserva una perspicacia admirable para la política internacional, finalizó sus comentarios en una nota optimista diciendo: "Estoy seguro de que los líderes de ambos lados [EE.UU. y China] se darán cuenta del futuro y que el mundo depende de que las dos partes encuentren soluciones y manejen las inevitables dificultades".

Acertadamente, la advertencia de Kissinger sobre el peligro de conflicto fue reiterada, por separado, por el veterano periodista John Pilger que, esta semana, advirtió en una entrevista exclusiva para la Fundación de Cultura Estratégica que presumía que "el excepcionalismo estadounidense está llevando al mundo a la guerra".

Henry Kissinger es de hecho una figura controvertida. Muchos académicos estadounidenses lo consideran uno de los Secretarios de Estado más destacados durante el período posterior a la Segunda Guerra Mundial. Sirvió en las administraciones de Nixon y Ford durante la década de 1970 y luego escribió libros sobre geopolítica y relaciones internacionales. En contra de eso, su reputación se vio gravemente empañada por la guerra de los Estados Unidos en Vietnam y el terrible número de muertos civiles por los implacables bombardeos aéreos en Indochina, que se cree que fueron apoyados por Kissinger que, también, ha sido acusado de apoyar en 1973 el golpe militar en Chile contra el presidente electo Allende, y de respaldar la 'guerra sucia' de los generales fascistas argentinos durante la década de 1970, contra trabajadores e izquierdistas.

Sin embargo, ara su crédito, Kissinger fue y es un practicante de "realpolitik" que ve las relaciones internacionales a través de una lente pragmática. Otro planificador estatal realpolitik de Estados Unidos fue el fallecido Zbigniew Brzezinski, quien murió en 2017 a la edad de 89 años. Ambos abogaron por una política de distensión con la Unión Soviética y China.

La innovadora visita del presidente Richard Nixon a China en 1972 se atribuye al consejo dado por Kissinger, quien en ese momento era asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca. Ese mismo año, los EE.UU. y la Unión Soviética firmaron el tratado de Misiles Anti-Balísticos (ABM); también, en el lado estadounidense, bajo la dirección de Kissinger. Posteriormente, EE.UU. se retiró del tratado en 2002, una medida que, hasta el presente, significó un largo deterioro en las relaciones bilaterales entre EE.UU. y Rusia.

A pesar de todos sus defectos los asesores, como Kissinger y Brzezinski, estaban motivados por políticas prácticas orientadas a objetivos y siempre dispuestos a comprometerse, con los adversarios, para encontrar un 'modus vivendi', actitud que falta, con demasiada frecuencia, en las recientes administraciones de Washington, que parecen guiarse por la ideología de dominio unipolar de los EE.UU. sobre el resto del mundo. El consenso actual de Washington es de 'irrealismo hiperrealista' y arrogancia, lo que lleva a una mentalidad de antagonismo total hacia China y Rusia.

A veces, el presidente Donald Trump parece suscribirse al pragmatismo realpolitik. En otras ocasiones, recurre a la mentalidad hiperideológica expresada por su Vicepresidente Mike Pence, así como por el Secretario de Estado Mike Pompeo y el Secretario de Defensa Mike Esper. Este último ha calificado a China como la "mayor amenaza a largo plazo" de los EE.UU.

El presidente Trump, esta semana, promulgó la "Ley de Derechos Humanos y Democracia", que impondrá sanciones a China por supuesta represión en su territorio de Hong Kong. Beijing ha reaccionado furiosamente a la legislación, condenándola como una violación de su soberanía. Esto es, exactamente, el tipo de movimiento desalentador contra el que Kissinger advierte para evitar un nuevo envenenamiento en las relaciones bilaterales -muy tensas durante los últimos 16 meses de guerra comercial- entre EE.UU. y China.

Uno discierne la diferencia entre Kissinger y los políticos estadounidenses más recientes: el primero tiene un conocimiento histórico abundante y apreciación de otras culturas. Su sagacidad astuta, tal vez incluso maquiavélica, es la que lleva a Kissinger a reconocer y respetar los 'otros poderes' en un mundo complejo. Eso contrasta con la banalidad e ignorancia puritanas manifestadas en la administración de Trump y en el Congreso.

El pasado viernes 22 de noviembre, durante una visita a Beijing, el presidente Xi Jinping saludó y le agradeció a Kissinger su contribución histórica en la normalización de las relaciones entre EE.UU. y China durante la década de 1970.

"En la actualidad, las relaciones chino-estadounidenses se encuentran en una coyuntura crítica que enfrenta algunas dificultades y desafíos", dijo Xi, pidiendo a los dos países que profundicen la comunicación sobre cuestiones estratégicas. Exactamente el eco de las opiniones reales que Kissinger había enunciado la semana anterior.
Mientras compartía un escenario público con Kissinger, el líder chino agregó: “Las dos partes deben proceder de acuerdo a los intereses fundamentales de los dos pueblos y las personas del mundo, respetarse mutuamente, buscar puntos en común mientras se reservan las diferencias, buscar resultados beneficiosos para todos, cooperando y promoviendo vínculos bilaterales para desarrollarse en la dirección correcta ".

Asimismo y repetidamente, China y Rusia, han pedido un orden mundial multipolar para la cooperación y la asociación en el desarrollo. Los recientes y actuales gobiernos de los EE.UU. se niegan a contemplar cualquier otro orden que no sea un supuesto dominio unipolar. De ahí la continua lucha comercial con China y la implacable demonización de Rusia por parte de Washington.

Este mantra ideológico "excepcional" de los EE.UU. está generando más tensiones y, en última instancia, es un camino hacia el abismo.

Henry Kissinger lo entiende. Es una pena que la actual cosecha de políticos y pensadores de los EE.UU. se encuentre tan empobrecida en su intelecto.

Imagen: El Mundo

Fuente: Strategic Culture Foundation

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