• November 20, 2019 at 9:30 PM
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Las drogas sintéticas cambiarán el tráfico global de drogas para siempre

Por Max Daly. Traducción Daniela Silva

Los narcotraficantes prosperan gracias a su capacidad de penetrar en las fronteras nacionales, pero una nueva era de drogas tóxicas hechas por el hombre podría desvanecer esas fronteras y transformar el comercio global de las drogas.

Debajo de una mesa de billar de una casa en Agua Prieta, ciudad mexicana en la frontera con Estados Unidos, hubo alguna vez una puerta secreta que se abría con una palanca que aparentaba ser un grifo de agua. La puerta conducía a un túnel que pasaba bajo la cerca fronteriza y desembocaba —60 metros después— en una casa en Arizona.

El túnel, construido a finales de los 80 por orden del ahora encarcelado jefe del cartel de Sinaloa, Joaquín "El Chapo" Guzmán, quien en ese entonces era conocido como "El Rápido" porque podía llevar drogas a Estados Unidos en un santiamén, fue el primero de muchos túneles construidos por los cárteles para contrabandear exitosamente toneladas de cocaína, heroína y cannabis por la frontera americana e introducirlas al mercado de drogas más grande del mundo.

Los túneles son solo una parte del arsenal de artimañas que se han utilizado para llevar drogas de un punto A a un punto B; se ha recurrido desde a submarinos y palomas mensajeras hasta a cajas de chiles y juegos de té moldeados con cocaína. Estas innovaciones han sido alentadas por una ley no escrita de la actual economía mundial de drogas: mientras mejor sea un país para reforzar sus fronteras y limitar el tráfico de drogas, más interesados estarán los narcotraficantes más exitosos. ¿Por qué? Porque tener un mejor control fronterizo significa mayor riesgo y también mayores ganancias.

"La paradoja de la guerra contra las drogas es que mientras más se esfuerzan los gobiernos por combatir el narcotráfico, más suben los precios de las drogas para compensar los riesgos que se corren al traficarlas", escribieron el economista ganador del Premio Nobel Gary Becker y su colega Kevin Murphy en una crítica sobre la guerra contra las drogas publicada en 2013. "Eso genera mayores ganancias para los traficantes que evitan ser castigados. Los precios altos permiten que algunos traficantes ganen mucho dinero si logran que no los atrapen, si operan a una escala lo suficientemente grande y si pueden reducir la competencia con otros traficantes".

La idea de mantener las drogas "fuera" de un país está construida sobre la manera en que las drogas se han producido y vendido tradicionalmente. Gran parte de la economía mundial de las drogas es realmente global: las plantas —ya sean coca, cannabis, peyote, amapola o cualquier otra— se cultivan y refinan en países de origen específicos, generalmente en los territorios nativos de las plantas. Luego se trafican a través de rutas conocidas y fronteras para llegar a consumidores de otras naciones, a menudo más ricas. Hoy la mayoría de las drogas incautadas por las autoridades nacionales son interceptadas en la frontera, no por la policía en las calles.

La batalla entre las autoridades y los narcotraficantes ahora es más una carrera armamentista que un juego de gato y ratón. La guerra global contra las drogas ha enriquecido el crimen organizado en todo el mundo; los esfuerzos para frenar el negocio de las drogas, a un costo financiero enorme, simplemente han terminado con la creación de más rutas para traficar, más drogas y más muertes. No es de extrañar que el narcotráfico sea el elemento vital del crimen organizado, y que el mercado del narcotráfico ahora tenga un valor global anual estimado de entre 426 y 652 mil millones de dólares.

Todo el concepto que sustenta el comercio mundial de las drogas —las autoridades controlan la frontera y los traficantes encuentran nuevas formas de evitarlas— está siendo desafiado por una nueva forma de hacer las cosas. A pesar de los niveles récord de producción de drogas de origen vegetal, y el progreso hacia la legalización o despenalización del cannabis en algunos países, una nueva versión del tráfico de drogas que gira en torno a un conjunto de sustancias cada vez más problemático está en ascenso.

Tanto expertos en políticas de drogas como las autoridades han registrado un auge de las drogas sintéticas, que a menudo imitan los efectos de las drogas a base de plantas, pero son producidas masivamente en fábricas químicas, comercializadas a través de internet y traficadas con frecuencia a través del sistema de correo global. Estas drogas elaboradas por el hombre incluyen sustancias conocidas, como las metanfetaminas, el MDMA, el LSD y la ketamina; una amplia gama de nuevas sustancias psicoactivas, que incluyen catinonas y cannabinoides sintéticos; medicamentos del mercado negro, como fentanilo y tranquilizantes, y análogos y sustitutos de los anteriores, que son impuros y a veces peligrosos.

El año pasado, varios hombres de Florida fueron condenados por tráfico de drogas, producción y lavado de dinero después de vender miles de píldoras de oxicodona falsificadas. Estaban haciendo tanto dinero, que les resultó difícil ocultar las ganancias, (uno de ellos compró varios autos de lujo, incluyendo un BMW, un Audi R8, un Aston Martin, un Bentley y un Maserati). Las píldoras falsas las habían fabricado con prensas de pastillas y fentanilo que ordenaban a China, lo cual los volvió millonarios, pues no tuvieron que incurrir en los costos y la infraestructura de las operaciones de drogas más tradicionales.

Este es el futuro del tráfico de drogas. El año pasado, en un blog en el sitio web de la Brookings Institution, Jonathan Caulkins y sus colegas explicaron cómo un cambio hacia productos sintéticos como el fentanilo podría "dejar de lado" a los contrabandistas tradicionales.

"No hay necesidad de tener empresas criminales sofisticadas con los medios para transportar material en grandes volúmenes a través de las fronteras internacionales, algo que normalmente implica violencia o corrupción", escribieron. "Aunque se debe capacitar a los químicos y los agentes precursores son importantes, el conocimiento y la tecnología son apenas prohibitivos y — aún más importante— generalmente no mejoran al portar o usar armas de alto calibre. [El comercio sintético solo requiere] una pequeña fuerza laboral y un control territorial mínimo”.

Las drogas sintéticas —que pueden ser fabricadas en cualquier lugar, desde laboratorios en casa hasta grandes fábricas químicas— son más baratas y más fáciles de producir que la cocaína y la heroína porque no se depende del cultivo de las plantas. Las fábricas pueden pasar de elaborar una droga a otra en días —incluidos los químicos precursores legales utilizados en sustancias prohibidas—, adaptándose rápidamente a la demanda del mercado. Debido a la forma en que se producen y trafican, se pueden preparar, enviar y consumir relativamente rápido y son más asequibles tanto para proveedores como para clientes.

Thomas Pietschmann, analista de tendencias de drogas en la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, dice que "el aumento más marcado de incautación de drogas en las últimas dos décadas ha sido claramente de drogas sintéticas". Agregó que si bien la popularidad global del cannabis significa que las drogas a base de plantas siguen siendo mucho más prevalentes que las sintéticas, las incautaciones de sustancias creadas en laboratorios se han disparado en comparación con las de drogas derivadas de las plantas.

Peter Andreas, profesor de Estudios Internacionales en la Universidad Brown y autor de Border Games: Policing the U.S.-Mexico Divide, lo expresa de manera más simple: "El futuro es sintético". Andreas dice que esto tendrá todo tipo de repercusiones para los controles fronterizos. "Ya es extraordinariamente difícil bloquear un producto portátil, duradero y rentable como la heroína o la cocaína. Pero las drogas sintéticas más concentradas y potentes hacen que la confianza en la prohibición fronteriza como piedra angular del control de drogas sea aún más irracional. Centrarse más en la demanda que en la oferta se está volviendo más urgente que nunca”.

Una creciente mezcla de drogas baratas con efectos secundarios impredecibles está llegando al narco. En Grecia está por ejemplo la sisa, similar a la metanfetamina, y en Serbia está el pajdo, similar a la heroína. Las catinonas, conocidas comúnmente como sales de baño, al principio fueron populares entre los jóvenes del Reino Unido porque eran como la cocaína pero baratas y de compra legal en Internet, y ahora son más utilizadas por los pobres de Europa. También tienen muchos seguidores en Rusia, Georgia, Hungría, India y entre la comunidad romaní en Rumania (donde se les llama legale).

Los pobres son quienes también han empezado a fumar cannabinoides sintéticos, mejor conocidos como spice. Es una clase de droga que también se ha vuelto cada vez más tóxica debido a ajustes químicos para evitar la ley, y que ahora se usa como una alternativa barata a la heroína. Al igual que todas las drogas sintéticas, el spice es súper rentable, incluso para quienes están en mitad de la cadena. Un análisis de los vendedores de spice en línea en Europa realizado por el Centro Europeo de Monitoreo de Drogas y Adicciones encontró que los vendedores que gastan entre 6.700 y 8.900 dólares en ensamblar y vender sus productos podrían ganar hasta 176.000 dólares.

En Estados Unidos los ciudadanos más pobres y más vulnerables son quienes reciben involuntariamente una dosis mortal de fentanilo. La población rural pobre del país es la que tiene más probabilidades de consumir metanfetamina, que aumentó en popularidad porque puede fabricarse y venderse localmente, sin depender de los dealers de cocaína caros de la ciudad.

Foto: Psicología y Mente

Fuente: Vice

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