• 26 de mayo de 2018, 16:29
Inicio | Cultura

PEQUEÑECES

post.image

Por Hugo Paredero

Casi siameses
Una amistad entrañable la de Salcedo y Ochoa, heredada de la que mantenían sus padres campesinos y vivida en el pueblito de siempre, Fortín Olavarría. Empezaron la primaria juntos y juntos la incompletaron, había que trabajar para ayudar a parar la olla, como se decía. Si habrán sido amigos que se desvirgaron la misma tarde con la misma mujer y se casaron con dos hermanas de Curarú, el mismo día, la misma fiesta. Pero no se fueron a vivir los cuatro a la misma casa, ellos mismos construyeron cantando las dos contiguas en las que vivieron toda su vida. Allí nacieron sus hijos, que hace tiempo emigraron demasiado lejos, allí murieron las esposas de ambos hace un par de años, con pocos meses de diferencia. Hoy los amigos concuñados tienen 76, atardece y toman mate en el fondo indiviso. Llevan unos minutos de silencio incómodo porque Ochoa se animó a confesar que anda con ganas de suicidarse... ¿Y ya pensaste cómo? Sí, me viá colgar del olmo… Hmm no creo que nos aguante, piensa Salcedo...

Cultura