• 25 de septiembre de 2018, 10:15
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Intuición Cívica

Por Hugo Paredero

   Buenos Aires, domingo de octubre al mediodía, cielo límpido, sol rotundo, vientito amigo. Reina una sospechosa calma. Mucha gente en la calle y autos y colectivos pero las bocinas, hoy, emigraron. No se ven fastidiosos ni fastidiados; algo debe pasar que todos parecen buenos, solidarios, honestos, como si un rayo de luz aparte, no la del sol, iluminara cada rostro hasta borrarle todo rastro de verdad interior. ¿Y las grietas? Anestesiadas. Parecen santos pero son ciudadanos y ciudadanas comunes, de distintos valores y clases sociales. ¿De qué hablan? De que van a votar o vienen de hacerlo, de que todavía no fueron o ya lo hicieron temprano, de que había cola y de que no había. Jornada de elecciones nacionales obligatorias. En muchos es visible cierto orgullo por cumplir con la Constitución, por colaborar con su ladrillo sin prontuario y a mucha honra en la construcción  de un futuro venturoso para todos… ¡Nooo, para todos no! ¿Por qué, para quiénes no? ¡Para los que no lo merecen! ¿Y quiénes no lo merecen? ¡Los que ya tienen el futuro y el post-futuro reasegurados gracias a lo que robaron en el pasado, y por supuesto los cipayos de cualquier clase social! Ah entonces yo, según vos, ¿no merecería un futuro venturoso? ¡Sí, por qué no, si vos nunca afanaste, o sos chorro acaso? ¡No, chorro no! ¿Entonces? ¡Pero cipayo sí, bastante, y a mucha honra! ¿Ehhh?... ¡Yo admiro y amo a Estados Unidos, mi sueño como ciudadano argentino es que un día este país llegue a ser la cuarta parte de lo que son ellos, y no por eso soy menos argen… ¿Vos me estás cargando, no?... Dentro de media hora comenzarán a bostezar las primeras bocas de urna… Mañana será lunes... 

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