• 29 de octubre de 2020, 1:02
Inicio | Economía

Neoliberalismo 4.0, el imperialismo humanitario

Por Alejandro Marcó del Pont *

Honoré de Balzac notificaba a los presentes la defunción de su tío,

el cual le había dejado en herencia todos sus bienes.

Ayer al anochecer —dijo—, mi tío y yo pasamos a mejor vida.


Es de suponerse que Larry Fink, Director Ejecutivo de BlackRock, quien se presenta como la vanguardia de una forma de capitalismo progresista en el que las ganancias no lo son todo (según él y el NYT), se encuentra resolviendo diligentemente los pormenores de la deuda con el Estado argentino, de manera que el ahorro de los trabajadores del mundo, que su compañía maneja, materialice los frutos de sus especulaciones y los coloque en una placentera, alegre y holgada vejez. Su misión es que esto se concrete, y de ser posible a costa de que los ingresos de los trabajadores y jubilados argentinos, antes que pasen a mejor vida, como el tío de Honoré de Balzac.

Los chinos, por su parte, flamantes saqueadores, se preparan para enfrentar una crisis financiera que se desarrolla entre los miembros africanos afectados por el coronavirus, a quienes los picaros asiáticos destinaron millones de dólares con el pretexto de fortalecer los lazos comerciales e incluirlos en la Ruta de la seda. Ahora, con un mundo paralizado y una deuda desmedida, no tienen otra opción, al parecer, que entregar las participaciones de control en los activos o aceptar concesiones excesivamente largas, lo que se conoce como “la diplomática trampa de la deuda”. Una despreciable y vil jugada occidental, para el lucro asiático.

Los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea, por su parte, alcanzaron en la reunión extraordinaria del Consejo de la UE, que tuvo lugar entre los días 17 y 20 de julio, un acuerdo político sobre el plan europeo de la recuperación, Next Generation UE, y el Marco Financiero Plurianual 2021-2027. Con muchos ruidos, algunas nueces y muchas sombras. De no haberse logrado, habría puesto formalmente la fecha a la desintegración de un bloque que carece de política exterior, estrategia de defensa y tácticas geoeconómica.

Y, por último, tenemos a los organismos internacionales de crédito de Occidente, los garantes de la concentración, la pobreza, y el atraso de gran parte de la humanidad. Estos se encuentran transitando una realidad paralela. En ella se imaginan aportando fondos a los países necesitados, presionando por impuestos a las grandes fortunas, que en Argentina lleva un trimestre de “enérgicas” amenazas. Hay que reconocer que es menos tiempo que el desafío mundial de aplicarles las mínimas señales de equidad fiscal a los ricos, pero casi el mismo período que han tardado en tratar de imputar cargas tributarias a las Big Tech y a los Big Data. La contrariedad se da cuando se vuelve a la realidad y nada de esto sucede.

Fondos de inversión, nuevos chantajistas, vetustos capituladores y organismos subyugados no parecen enterarse que un virus infectó a 20 millones de personas, que mató a casi 800 mil y destruyó la economía y el comercio mundiales. Todos ellos tienen algo en común, todos se manejan dentro de los parámetros de un nuevo neoliberalismo remixado, con la arcaica e idéntica lógica, defendiendo a los dueños del capital. Pero si creen que en realidad no se enteraron de las desigualdades, la concentración y el caos económico, y los problemas sanitarios, los que están equivocados son ustedes.

Comencemos a ver cómo opera cada integrante, de este nuevo imperialismo humanitario. Empecemos por el satánico señor Flink, que sostiene que la Reserva Federal “tiene una amplia experiencia en la compra de grandes cantidades de todo tipo de emisión de deuda y bonos corporativos en el mercado secundario”. Por eso fue contratado. Que después haga negocios con sus inversiones a expensas del dinero de los contribuyentes americanos, es otra cosa.

BlackRock tiene experiencia en estos menesteres, los de generar autoganancias con dinero de Reserva. Lo hizo en el 2008, también colaboró en silencio para numerosas instituciones públicas, incluidas el Tesoro del Reino Unido y el Banco Central Europeo. ¿Hay conflicto de intereses? Bueno, al primero de junio BlackRock había invertido el 48% de los fondos de la Reserva Federal en la compra de sus propios activos. ¿Puede hacer esto? Ambas partes insisten en que sí, tanto la Reserva Federal como BlackRock enfatizan que sus unidades de consultoría y administrador de activos están separadas por una estricta muralla china. Se entiende, ambas son manejadas por el satánico señor Flink, pero él no se comunica consigo mismo.

El avance del cuco rojo ha puesto a Occidente en estado de alerta. China se puede convertir en 2022 en la mayor economía del mundo. Está actuando como abusador neoclásico, pero con más altura, lo que complica el relato a Estados Unidos. La idea es la siguiente: el imperialismo humanitario tiene como propósito central robarte, pero siempre con la idea de la cooperación. Estilo el Partido Demócrata americano, no te invade sin antes consultar a las Naciones Unidas, lo que no evita la invasión.

El caso más notorio es el africano, donde China es vista como el mayor acreedor individual. La Universidad Johns Hopkins identificó unos $152 mil millones en financiamiento de préstamos chinos que avanzaron a 49 países africanos entre 2000 y 2018. En 2018 se complicó la capacidad para pagar los préstamos de una deuda estimada de $64 mil millones, y ahora podrían verse seriamente socavados por la caída de los precios de los productos básicos y la recesión

En los últimos años, China canceló o renegoció proyectos por problemas de deuda, pero con las dificultades financieras relacionados con la pandemia el gigante asiático firmó un compromiso del G-20 en abril para suspender el servicio de la deuda hasta fin de año, igual que FMI, pero el año que viene todos a pagar, intereses más capital. Mientras tanto, ha liberando potencialmente a 76 de los países más pobres, 40 de ellos en África subsahariana, para gastar fondos escasos en el manejo de la economía.

Los críticos occidentales estarán atentos a que Beijing posiblemente explote la debilidad financiera de sus socios africanos para buscar mayores intereses, lo mismo que ha hecho históricamente Occidente. Ellos ponen como ejemplo a Sri Lanka, que otorgó a los chinos una participación del 70% un arrendamiento operativo de 99 años para el puerto de Hambantota. La generosidad de China al reprogramar el servicio de la deuda puede ser limitada. Sin embargo, Beijing está consciente que sus detractores aprovecharán cualquier evidencia de que explota su influencia en las negociaciones. Para que La ruta de la seda funcione, China necesita que el mundo en desarrollo lo vea como un socio económico.

Alemania asumió el 1º de julio la presidencia rotatoria de la UE, con desafíos importantes como la neutralidad climática, la fase final del Brexit, la migración y las relaciones con China y Estados Unidos, y de no portarse a la altura de la pandemia, el final de la Unión Europea con la concebida desvalorización de las cadenas de valor y de lo que Francia considera el eje central: Alemania-Francia. Una de los puntos importantes que se modificó es el paradigma de la política presupuestaria actual, que se basa en el hecho de que los Estados miembros financian el presupuesto de la UE en gran medida mediante contribuciones nacionales basadas en el PIB nacional. Esta forma de financiación reforzaba el conflicto entre contribuyentes y beneficiarios netos según la lógica del juste retour.

Lo que Francia solicitaba era 500 MM de euros tomados por la emisión de bonos de la Unión Europea y 250 MM de euros en préstamos normales. La idea es que la carga caiga sobre quienes más tienen, al menos en las subvenciones, que darán un respiro a los países más golpeados y permitirán que tanto Alemania como Francia sigan manteniendo sus ganancias exportadoras dentro de la Unión.

No salió todo como se quería, porque el neoliberalismo 4.0 sigue teniendo gran poder. El acuerdo no cayó bien en los Países Bajos, Dinamarca o Austria, Estados miembros que, de manera autónoma, impulsan posturas más duras y ortodoxas que las ya de por si ortodoxas de Berlín y París. Pero tuvieron que ceder ante la probabilidad cierta del comienzo de la desintegración europea. De los 750.000 millones de euros, 390.000 millones se distribuirán en subvenciones a fondo perdido y 360.000 millones como préstamos.

La Comisión Europea se convierte en emisora de bonos por el acuerdo y porque la UE está calificada por las agencias de calificación positivamente: Aaa por Moody’s, AAA por Fitch y AA por Standard & Poor’s. Tendrá financiamiento a través de una tasa de plásticos no reciclables y un mecanismo fiscal sobre la emisión de carbono. Como se ve, el pago de la energía a Rusia en euros en vez de dólares, impuestos sobre las GAFA o el impuesto Google y la creación de agencias de calificación europeas no están en el menú. Un respiro para el sur europeo, y una lógica delicadamente mejorada para que todo siga igual, mostrando la apariencia de una transformación.

De los organismos internacionales de crédito el FMI es, por mucho, el más patético o leal animador de la concentración. A diferencia de las etapas anteriores, su rol actual es ambivalente, confuso y temeroso, no por desconocer quiénes son sus propietarios o a quién rendirle reverencia, sino porque sin fondos y en pandemia, sus tétricas guías de política económicas ortodoxa perdieron asidero. A falta de males, la economía desaparece y emerge la política, su mayor deudor, Argentina, recibió fondos del Organismo por presión del gobierno americano al organismo, según rebeló un asesor de Trump.

En su informe Finanzas y desarrollo de junio del 2020, el FMI deja al descubierto su mirada del mundo. Reconoce la falta de financiamiento los problemas del mundo en cuanto a la gestión de la deuda. El título del informe es “Atrapado por una creciente ola de deuda”. La gestión de la deuda es fundamental para garantizar que la de hoy pueda pagarse mañana y que los costos de los préstamos se mantengan bajo control, la sostenibilidad de la deuda (deben reconocer la frase). Si los bancos centrales contribuyen al financiamiento fiscal, que garanticen un retorno a la política monetaria previa a la pandemia puede fomentar la confianza de los inversores.

El FMI sólo pregona volver a las políticas económicas anteriores, sino que además solo reconoce la Línea de crédito flexible (LCF), que fue creada para atender la demanda de préstamos de prevención y mitigación de crisis proveniente de países con marcos de política e historiales económicos muy sólidos. Hasta la fecha solo cinco países han utilizado y pasado el tamiz de estos créditos: Chile, Colombia, México, Perú y Polonia por unos U$S 100 millones, pero, como se ve, los préstamos no son para cualquiera, sino con quien puedan mantener condiciones idénticas a las anteriores a la pandemia.

El problema de obtener acceso a los préstamos de liquidez de emergencia es que no existe para los países en desarrollo, de los cuales salió la mayor cantidad de capital al desatarse el virus. Los mecanismos del financiamiento entre países ricos y pobres son un reflejo del mundo en que vivimos, y el FMI los respalda. No solo las políticas sanitarias y de ayuda son diferentes dependiendo los países. Los países ricos tienen acceso al crédito, los pobres no.

El Stanford Institute for Economic Policy Research, alejado del partido comunista, cree que es hora de pensar en grande. El FMI debería crear una Facilidad de liquidez sistémica (SLF) que permitiría a un número más amplio de países tomar prestado y aumentar la cantidad que dicho organismo pone a disposición. Estas son grandes ideas, el inconveniente es que el FMI es el garante de esta desigualdad, de la desprotección y negocios para los países centrales y de afianzar “la diplomática trampa de la deuda”. En su grupo de técnicos no hay espacio para el financiamiento, no hay contenido para perdonar la deuda, (Argentina será un ejemplo), y será tan evidente, que, quizás hasta se atrevan a hablar de indicadores técnicos económicos. ¡Como con Macri!

El mundo sigue a paso firme superando los niveles de desprecio por la raza humana, no solo no actuó como especie con la pandemia, tampoco intenta hacer de este mundo un lugar mejor. Profundiza las políticas de disparidad, no sólo despide personas a carretadas en todas partes, sino que en América Latina ya ganó la calle la discusión de la flexibilización laboral. Algo completamente inmoral. Son nuestros líderes que lo permiten. Si respetan y adulan tanto al satánico señor Flink, porque la economía no es solo negocios, ¿por qué no conversar sobre el empleo?

* Lic. en Economía y Magíster en Relaciones Internacionales (Universidad Nacional de La Plata). Analista de economía. 

Foto: Claro y Directo

Fuente: La Razón

Economía