• 29 de octubre de 2020, 2:38
Inicio | Política

Medioevo y oportunismo

Por Alejandro Mosquera

Argentina vive en un mismo territorio diversas batallas. Hemos seguido en estas páginas los conflictos sociales y políticos más importantes. Nuestro pueblo es plural, es coral, aunque esto no les guste a los fundamentalistas de los discursos únicos. La puja entre un modelo de desarrollo sustentado en el trabajo nacional, con fortalecimiento del mercado interno, expansión de derechos y soberanía educativa, científica y tecnológica, puja contra el modelo de libre mercado sustentado en la apertura indiscriminada de importaciones, la desregulación del capital financiero y la hegemonía de una producción basada en la exportación de granos para alimentar animales, viene de décadas y sigue vigente.

Las derechas en el mundo le abrieron las puertas a la posverdad, las empresas y consultoras a la utilización de las fake news como instrumento de guerra y demolición de los adversarios, ya no es la práctica tradicional de la mentira o la demagogia en política. Es la concepción de una guerra contra el adversario donde todo vale. En la visión inmediata el adversario son los dirigentes políticos, sociales, intelectuales que se oponen al poder, y en fondo es la transformación de la subjetividad de la sociedad. Valores, sentidos, memorias, están bajo ataque.

Con ese telón de fondo se abrió una caja de Pandora donde emergió una derecha irracional que se extiende en el mundo. Como sociedad y estado enfrentamos una propuesta en crecimiento que imagina el futuro desde el medioevo. Utilizan la tecnología, autos o camionetas ultramodernas, manejan tienen empresas de comunicación y trolls, pero su programa, convicciones y valores son propias del oscurantismo.

Escudados en los pliegos de la posmodernidad y sobre todo en la relatividad de todas las verdades y que no hay hechos y solo interpretaciones, este tipo de derecha utiliza el relativismo extremo para sembrar sus “verdades absolutas” y ganan lugar en el pensamiento masivo.  Enfrentan el pensamiento científico, banalizan el estudio riguroso, son adictos a creer en las conspiraciones más estúpidas. La degradación de los medios y de muchos periodistas les permiten tener ventanas públicas. 

La pandemia, el desconocimiento de cómo vencer al virus, la burocratización de la OMS, los errores de los gobiernos, el aislamiento, y sobre todo la incertidumbre fueron ingredientes que favorecieron el crecimiento de estas “mil tribus” y que políticos de la derecha en gobiernos o en la oposición utilizan sin saber o a conciencia que el monstruo se puede devorar a las sociedades democráticas.

La movilización del Pro del lunes 17 de agosto no debe ser minimizada. Y tampoco es un fenómeno solo nacional. Con solo ver las movilizaciones o argumentos de este tipo de grupos en todas partes y en países tan disimiles, muestran que es un error no ver el huevo de la serpiente.

Claro que se puede minimizar el papel de Patricia Bullrich o Fernando Iglesias, son personajes dañinos, pero de reparto en esta historia. La ex ministra de seguridad de Macri y presidenta del Pro sabe que necesita esta hiperactividad para dar batalla interna frente a los candidatos fuertes que tiene ese espacio. Apoyada en Macri que la necesita, ella se convierte en imprescindible para ser parte. No para encabezar,porque presentarse como representante del irracionalismo es su fuerza y su debilidad a la vez.

Volvamos al enfoque principal.  La confluencia en el país y en el mundo de cofradías diversas, incluso contradictorias, marcan un movimiento en crecimiento. En muchos países, médicos, científicos y expertos tratan de explicar con fundamentos, investigaciones, datos, diversos temas tratando de desmontar la ignorancia y las posiciones de quienes aprovechando las ventanas mediáticas abiertas y las redes afirman “verdades” sin fundamento o que en otra época eran patrimonio de publicaciones muy amarillas que solo trabajaban para una clientela reducida.

Veamos algunos ejemplos del país y nuestros días. En las marchas pudieron verse carteles separados por pocos metros donde uno señalaba que Covid 19 no existe y otro que sostenía que el Dióxido de cloro cura el Covid. Cuando escribo la nota hay 22,5 millones de personas contagiadas y estamos cerca de la barrera de los 800.000 muertos.  El Ministerio de Salud de la Nación, la sociedad argentina de Pediatría y el ANMAT se pronunciaron sobre el Dióxido de cloro, este último sostuvo: “En base al informe de este año de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), resulta necesario destacar que la ingesta de dióxido de cloro y el clorito de sodio reaccionan rápidamente en los tejidos humanos y si se ingieren, pueden causar irritación en el esófago y estómago, dolor abdominal, náuseas, vómitos, diarrea e intoxicaciones severas, entre otras complicaciones que pueden incluir graves trastornos hematológicos, cardiovasculares y renales.”

A pesar de ello y conociéndose la muerte de un niño por haber tomado esa sustancia, igual en la marcha esos carteles se exhibían en nombre de la libertad. Increíble. Me llamó mucho la atención que en el sitio web ( https://bit.ly/31bTEV8 )   de la OMS que apunta a derribar mitos hubiera un título que dice: DEMOSTRADO: Añadir pimiento picante a la sopa u otras comidas NO previene ni cura la COVID-19. La contracara de esta respuesta es que entonces en muchos lugares del mundo se estuvo sosteniendo esto para que sea desmentido. Y otro que dice: Las redes 5G de telefonía móvil NO propagan la COVID-19.

Podrá despertar sonrisas, pero existió una campaña que abarcó medios “serios”, portales de noticias y redes donde se afirmaba que con la vacuna para el covid-19 se busca implantar a la población un nanochip con cada dosis del medicamento. El objetivo, según esas voces, sería ‘controlar’ a la población con fines políticos y económicos. Detrás de este plan macabro estarían los magnates George Soros y Bill Gates; así, la vacuna para enfrentar al nuevo coronavirus tendría un ‘chip’ con nanotecnología de ADN que controlaría la actividad cerebral.

La marcha del 17 mostró nacionalistas violentos, junto a gente pacífica quienes creen que los Fernández sostienen a vagos, pero apoyan a un expresidente que habla desde Europa en otro capítulo de lo que el turco Asís denominó el domador de reposeras. Mientras médicas y médicos, las enfermeras y enfermeros, los trabajadores esenciales se juegan la vida y 800.000 familias en el mundo lloran a sus muertos. Ven un comunismo triunfante desde China que elaboró este macabro plan de dominación.

Son violentos, pero no solo por las agresiones físicas sino porque creen en la hoguera. Están convencidos que la denuncia es la prueba y siempre están solícitos a atacar a los que piensan por si mismos y cuestionan su credo irracional.

Políticos y dirigentes estatales oportunistas del mundo se apoyan en esta realidad para empujar conspiraciones irreales para tratar de ganar votos. El presidente Trump sostiene ahora, como nuestros medios hegemónicos y cofradía diversa sobre Argentina, que EE. UU. si gana Joe Biden se convertirá en Venezuela. Imposible. No solo por el desarrollo tan diferente de los dos países, por lo diferente de sus fuerzas políticas y sociales, por la experiencia histórica de los dos pueblos, uno prepotente e imperialista y el otro liberador, sino porque quien es el candidato demócrata. Pero hay “clientela” en Norteamérica en este movimiento para las barbaridades. Como la hubo y la hay en nuestro país.

Por supuesto que los medios inciden ¿pero se puede achacar todo el proceso social a ellos? Por supuesto que la manipulación existe y la colonización de la subjetividad colectiva también. Sin embargo, cada vez que se ignoraron estos procesos profundos en los pueblos,con el tiempo se produjeron catástrofes.  Le Pen, Donald Trump, Matteo Salvini, VOX, Bolsonaro, son responsables, pero también expresión de una realidad.

En nuestro espacio nacional hay muchos que creen que en estos tiempos para conservar el apoyo popular hay que asumir el discurso de la derecha. Que la pelea de verdad se da por el centro. Sostienen que otra línea de pensamiento puede ser justa, pero en la práctica reniega de la lucha por el poder. Algunos, desde posiciones testimoniales extremas y distanciadas del principio de realidad ayudan a esta visión de giro hacia el centro es decir a la derecha. Cada vez que el movimiento nacional compró el discurso y el programa de la derecha fue una catástrofe para los argentinos.

¿Cómo hacer entonces, ya no con la derecha tradicional sino con el medioevo? Necesita de una respuesta que se construye colectivamente. En la historia, cuando las fuerzas democráticas no vieron el huevo de la serpiente acontecieron tiempos oscuros.

Hay que ser intransigente con la violencia, tanto la física como la hoguera. Hay que ser intransigente frente a las propuestas anticientíficas, no para adherir al discurso cientificistas hegemónico, sino para dar batalla contra la ignorancia, contra la discriminación, contra nacionalismos de ultraderecha aliados a neoliberales admiradores de los genocidas. Contra los que dicen estar contra “la ideología de género” para seguir siendo misóginos y garantizar la desigualdad y el machismo.

Seguramente si nos acompañara hoy Enrique Santos Discépolo volvería a escribir aquel tangazo de 1934: Cambalache. Y nos ayudaría para conversar y debatir, más y mejor con nuestro pueblo. Y darle la potencia que da a nuestros argumentos dialogar entre pares.

Este es nuestro tiempo, no lo elegimos, pero sí depende de nosotros elegir si queremos dar las batallas por un país y un mundo mejor. Como dice Silvio: Me vienen a convidar a arrepentirme … Me vienen a convidar a tanta mierda…Yo quiero seguir jugando a lo perdido…Yo quiero ser a la zurda más que diestro…Yo quiero hacer un congreso del unido…Yo quiero rezar a fondo un «hijo nuestro»

Fuente: Revista La Barraca

Política