• 18 de diciembre de 2018, 16:16
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La contradicción principal

Por Jorge Elbaum*

El deterioro de la situación social y  económica lleva a la derecha hacia una crisis política  imposible de apaciguar. La única alternativa que tienen es dividir el campo popular. Necesitan generar brechas, contradicciones ínfimas y/o desunión entre el 70 por ciento de la sociedad que caracteriza estos tres años de gobierno como un fracaso, una gran estafa o simplemente como la expoliación exitosa de quienes han venido a empobrecer a los sectores más desfavorecidos a costa de su enriquecimiento.  

En apenas cuatro meses se inicia al campaña electoral y el campo popular va a ser bombardeado con zancadillas mediáticas y operaciones de inteligencia dispuestas a implosionar el frente patriótico nacional imprescindible para frenar la ofensiva neoliberal que asola nuestro país y América Latina. Es verdad que existen muchxs compañerxs que durante estos años han sido débiles y en muchos ocasiones se han dejado melonear por los cantos de sirenas del pragmatismo biempensante. Cada uno se pondrá el sayo que le toca. Incluso habrá otros –según las diferentes perspectivas-- que han sido funcionales a las estrategias del macrismo diagnosticando que se trataba de una nueva derecha, republicana, respetuosa del estado de derecho. Seguramente, cada uno tendrá su lista de resquemores atrasados (o presentes), debidamente guardados, bajo siete llaves, en el bolsillo interno de alguna indumentaria imperecedera, cerca del corazón. Pero el dolor posible, el sufrimiento de los más vulnerables, en el caso hipotético que tenga continuidad este programa de destrucción del mercado interno, es tan desbastador, que debiéramos guardarnos ese inventario para posteriores momentos. No es lo mismo discutir desde el poder que desde los márgenes (o las prisiones) a lo que pretenden desplazar a quienes resisten este tiempo abyecto.

La Alianza Cambiemos sabe que la única forma de ganar las elecciones del 2019 es quebrar el voto del campo popular que –en términos socioeconómicos—supone dos terceras parte del electorado. Los medios acólitos al hegemonismo financiero, respaldado por impúdicos sobres millonarios (denominados pauta o dinero negro), contribuirán con esmero y desesperación, ya sea por convicción o por miedo: empiezan a ver que finalice el jolgorio farsesco de los globos y el hechizo hueco y ficticio. Inventarán enemistades, propenderán a las peleas entre los referentes del campo popular, inventaran y ampliaran inquinas, sembrarán de zancadillas a todos los que en forma sistemática van convergiendo hacia ese frente defensor de la integridad nacional.

Los actores políticos que juegan del lado del pueblo tendrán que estar atentos a estas operaciones. Y la militancia popular a no reproducirlos, priorizarlos ni extender su agenda como sustituta de los grandes temas que asolan a los desocupados, los discapacitados, los jubilados, los portadores de la Asignación Universal por Hijo y los jóvenes que empiezan a ser reprimidos en nombre de una doctrina de persecución interna impulsada por Patricia Bullrich.

Van a ponerle micrófonos para lograr que se enfrenten quienes cuestionan al macrismo. Van a redactar kilómetros de tinta radioactiva contando secretos de odios entre compañerxs. Van a modificar los dichos en las entrevistas para retransmitirlas como ejes centrales de posicionamientos políticos. Van, en síntesis, a buscar por todos los medios que lleguemos enojados, exhaustos, partidos: actores colectivos incapaces de trasmitir esperanza dadas las rivalidades internas del campo popular. Habrá que ser lúcidos para no hacerles el trabajo fácil. Habrá que estar concentrados para no regalarles “la paz interna” que pretenden instituir como parte del relato fetichizado de una dominación con siervos obedientes.

El armado yuxtapuesto de pedazos requiere de persistencia, objetivos claros y paciencia. El entramado debe priorizar al enemigo por sobre las rencillas estériles del narcicismo y el vedetismo: no es el momento para cuestionar abiertamente compañerxs porque no logran acompasar el tranco colectivo del gran frente nacional. Tampoco es el momento de mostrar cocardas de lealtad  bien merecidas para diferenciarse de los rezagados. Es la hora de señalar a quienes le están arruinando al vida a nuestrxs hermanxs. De no dejarse obnubilar por escaramuzas de cartel ni hacerle el juego a quienes pretenden construir una imagen de permanentes conflictos al interior de quienes nos queremos deshacer de este presente de oprobio.

Hay demasiadas familias destrozadas que nunca nos perdonarán que no seamos lúcidos y consecuentes. Hay tentáculos imperiales estudiando cada paso para evitar que cualquier cosa cercana a la soberanía o a la integración latinoamericana sea conjurado, destripado y/o imposibilitado. Las generaciones no nos perdonarán tanta imbecilidad. Y nuestros antepasados, que lucharon contra estos mismo sátrapas --de una y mil formas--, tampoco.


Pintura: La libertad guiando al pueblo (Eugène Delacroix)

*Sociólogo, doctor en Ciencias Económicas, analista senior del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la). 
 

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