• 17 de diciembre de 2018, 0:23
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ISRAEL y el destino de Netanyahu

Por Martha Herring

El Primer Ministro israelí, Benjamin Netanyahu, enfrenta su desafío más difícil hasta el momento. La policía israelí recomendó que sea acusado de soborno en dos casos criminales separados. Su carrera política no ha terminado, pero está entrando en una gran batalla, quizás final, por la supervivencia política. Esta pieza apareció originalmente en 'The Atlantic'.

La política israelí generalmente sigue al Eclesiastés: Nada es terriblemente nuevo bajo el sol. Hace veintiún años, a principios de 1997, la policía israelí anunció su recomendación de que Benjamín Netanyahu, en ese entonces un primer ministro de 47 años de edad, fuera acusado penalmente por incumplimiento de la confianza pública. Ese caso involucró el nombramiento de un fiscal general que, sospechaba la policía, Netanyahu creía que sería indulgente en otro caso legal contra un jugador político clave, en su coalición, que más tarde sería condenado y encarcelado por soborno.

El asunto dañó a Netanyahu públicamente; se sumó a un creciente aire de incorrección y desprecio por las normas públicas que empañaron su primer mandato, pero Netanyahu no fue acusado en 1997. En el procedimiento israelí, es el Departamento de Justicia, y finalmente el Fiscal General, quien envía a los ciudadanos a los tribunales; la policía nacional sólo puede emitir recomendaciones al concluir una investigación.

El Fiscal General en 1997 -un respetado jurista fuera de toda sospecha- decidió que el caso era demasiado débil para el juicio. Tampoco la recomendación de la policía, por sí sola, hizo que los socios de la coalición de Netanyahu abandonaran el gobierno o fueran a nuevas elecciones. Y a pesar de la recomendación de la policía, en 1997, Netanyahu sobrevivió políticamente y continuó sirviendo hasta 1999, cuando fue derrotado en las urnas.

Ahora el cuatrenio del Primer Ministro, de 68 años se enfrenta a una amenaza criminal mucho más fuerte que en 1997. De hecho su desafío más difícil hasta el momento. La policía israelí recomendó que sea acusado de soborno en dos casos criminales separados. Su carrera política no ha terminado, pero está entrando en una gran batalla, quizás final, por la supervivencia política. Dos factores determinarán su destino: la reacción de los socios de la coalición de Netanyahu y la reacción del público en las próximas elecciones (no más tarde del otoño de 2019).

El primer caso actualmente investigado, conocido como el 'Caso 1000', involucra una práctica doméstica de larga data de Netanyahu de recibir obsequios regulares de un pequeño grupo de multimillonarios, algunos con intereses comerciales en Israel. Netanyahu no discute el hecho de que durante muchos años él y su esposa Sara recibieron cientos de miles de cigarros y champán rosado, en un flujo regular, a veces a pedido. «Recibir regalos de amigos no está prohibido» es la defensa pública de Netanyahu. Pero el champán y los cigarros, según los expertos legales israelíes, son legalmente equivalentes a dinero en efectivo, y un Primer Ministro israelí anterior, Ehud Olmert, ya ha sido enviado a la cárcel por delitos similares relacionados con dinero en efectivo, entre otros delitos.

El 'Caso 1000' no es lo que generalmente se consideraría una corrupción destructora en la mayoría de los países. Las sumas en este caso son relativamente pequeñas para un hombre tan poderoso, incluso si la práctica duró años. Normativamente apesta, legalmente la policía cree que está claramente prohibido, sin embargo, no es la causa de la indignación pública. El estilo de vida de Netanyahu, en sí mismo, no es noticia. Aún así, Israel tiene la suerte de tener un estándar severo para la ley cuando se trata de figuras públicas. Y más que nada, el caso refleja la percepción generalizada de que la familia Netanyahu disfruta de la buena vida, algo ya demasiado para los servidores públicos, a menudo ignora las normas y tal vez, e incluso, la ley en busca de beneficios. Netanyahu, en este sentido, marcó el comienzo de una era de líderes que no abrazaron la imagen modesta, e incluso austera, de los primeros líderes israelíes.

El segundo caso actual, conocido como 'Case 2000', involucra a los medios, y en muchos sentidos es algo más problemático. Netanyahu se ha centrado en los medios y en los medios de comunicación, más que cualquier otro líder israelí. Su estrella inicialmente se elevó en el escenario político nacional cuando, como viceministro, fue el principal portavoz de la delegación israelí en la Conferencia de Paz de Madrid en 1991. Hablaba un inglés perfecto, con voz de barítono y un estilo de vida estadounidense, repleto de bocados de sonido bien elaborados, trucos visuales y -una novedad en la década de 1990 en Israel- un interés en las minucias de las entrevistas: cómo aplicar el maquillaje y qué ángulo de cámara elegir para obtener el mejor efecto. Parecía ser parte de una ola de jóvenes y atractivos políticos de estilo estadounidense en todo el mundo democrático, como Bill Clinton, Tony Blair y Gerhard Schroder, aunque ideológicamente estaba mucho más cerca de Ronald Reagan, Margaret Thatcher y Helmut Kohl. A lo largo de las décadas, ha prestado una gran atención a la gestión de mensajes y, cada vez más, a la gestión de los medios en sí.

Desde su primera campaña por el primer puesto, en 1996, Netanyahu sintió que «los medios le eran hostiles y lo odiaban». Repetidamente arremetió contra una camarilla liberal que él y muchos otros sintieron como la prensa hostil: la versión israelí de los «medios liberales convencionales». Los combatió, los engatusó, coqueteó con ellos, los criticó y, en general, los obsesionó. En 2007, sin embargo, algo dramático cambió. Los principales periódicos en Israel de repente se vieron superados en su propio juego: una nueva publicación, «Israel Hayom» ('Israel Hoy') apareció en las calles de Israel. En lugar de un tono hostil hacia Netanyahu, 'Israel Hayom' (también conocido como el Bibi-papel) propagó un tono de adoración hacia Netanyahu y su familia, y uno hostil hacia Olmert, el centro y la izquierda. El precio de cobertura de 'Israel Hayom' fue inmejorable: 0.00 shekels.

'Israel Hayom' no es un periódico regular: no se financia principalmente a través de anuncios (aunque se venden) o suscripciones (el periódico es gratuito) sino mediante el financiamiento del propietario, el magnate estadounidense de casinos Sheldon Adelson, un donante importante para causas conservadoras, incluida la campaña presidencial de Trump. La riqueza ganada por el casino de Adelson es tal que ninguna pérdida operativa, en el mercado del papel israelí, podría causar un mínimo raspón; esto es, según los críticos, simplemente una forma de contribución política bajo el disfraz de la prensa. Por supuesto 'Israel Hayom' lo disputa acaloradamente; las contribuciones políticas están reguladas en Israel, y si se considerara una contribución, 'Israel Hayom' sería ilegal en su forma actual.

Nadie sufrió más, con la entrada de 'Israel Hayom', que los viejos periódicos, el principal de ellos 'Yediot Ahronot'. El público israelí tomó la publicación gratuita; cuando Netanyahu se convirtió en Primer Ministro, 'Israel Hayom' también adoptó un tono positivo y optimista sobre la dirección del país, y todo esto sin costo financiero para el lector. Se convirtió en la publicación más leída, destronando a 'Yediot Ahronot' después de muchos años, y causando estragos a todo el conjunto de la prensa.
El 'Caso 2000' contiene una revelación impactante: una grabación grabada en una investigación separada de aparentes negociaciones entre Netanyahu y el editor de 'Yediot Ahronot'. El supuesto trato era una distensión entre las dos facciones enfrentadas: el editor, Noni Mozes, proporcionaría una cobertura más favorable para Netanyahu en su periódico, y Netanyahu limitaría la circulación del competidor 'Israel Hayom' sólo a cinco días de la semana, dejando las lucrativas ediciones de fin de semana a 'Yediot Ahronot'.

Netanyahu afirma que sólo estaba fanfarroneando; no había un verdadero 'quid-pro-quo', simplemente una prueba de lo que Netanyahu había estado diciendo todos estos años: los magnates de los medios intentaban atraparlo, en la medida en que podían negociar el tono político de sus publicaciones, supuestamente profesionales. Además, todos están de acuerdo, el trato nunca llegó a buen término. 'Israel Hayom' ahora aparece los fines de semana.

Sin embargo, Netanyahu no estaba fanfarroneando según la policía; convocó a los parlamentarios para ver qué legislación se podía promover para limitar, a los fines de semana, su propia publicación aliada y buscó implementar el acuerdo. La policía afirma que conspiró, utilizando su posición oficial en beneficio de una entidad comercial a cambio de un favor político. En una interpretación correcta de los hechos, eso es soborno.

El sórdido negocio de la propiedad de los medios ha plagado la política israelí. En 2015, por ejemplo, Netanyahu sorprendió al sistema político y convocó a nuevas elecciones, apenas dos años después de su tercer mandato. Culpó a las elecciones anticipadas de la incapacidad de trabajar con sus socios de la coalición, Yair Lapid y Tzipi Livni. El verdadero motivo de las elecciones, según muchos, fue el intento de Netanyahu de proteger a 'Israel Hayom' y detener lo que se conocía como «el proyecto de ley de Israel Hayom» que prohibiría la distribución gratuita de periódicos argumentando que es similar al dumping (vía rápida del descarte de basura) y/o competencia desleal. Huelga decir que 'Yediot Ahronot' y su editor Mozes estaban bastante entusiasmados con el proyecto de ley; no ocurría lo mismo con Netanyahu y Sheldon Adelson.
Después de ganar las elecciones en 2015, Netanyahu se nombró, a sí mismo, ministro de comunicaciones. Se aseguró el poder de mantener, dentro de su órbita, 'el problema con los medios'. Y, de hecho, Netanyahu ahora ha reconocido, públicamente, que el «proyecto de ley de Israel Hayom» (no Irán, ni los palestinos, o los asuntos económicos) fue la razón para convocar elecciones y es la prueba, dice, del absurdo de las acusaciones en su contra.

Ahora, al igual que en 1997, Netanyahu aún puede evadir la acusación, aunque hoy sería más difícil de justificar. Como en 1997, el daño en términos de imagen pública podría ser severo. En el corto plazo, el balón está ahora en la cancha de sus socios de la coalición. Deberían ellos -el ministro de Finanzas Moshe Kahlon, el ministro de Educación Naftali Bennett, el ministro de Defensa Avigdor Lieberman (todos los diferentes partidos dentro de su coalición)- dimitir, y enfrentarse a nuevas elecciones. (Esto es lo que le sucedió a su predecesor Olmert, quien perdió el apoyo de sus socios de la coalición de izquierda luego de una investigación por corrupción.) Es poco probable que renuncien en este momento. Para todos -antes que renunciar- el camino más seguro es esperar la decisión de la justicia, sobre la acusación, algo que podría tomar meses,

Si la acusación contra Netanyahu progresa, la presión para renunciar crecerá. Algunos miembros de su propio partido esperan que dimita sin una elección, lo que significa que uno de ellos lo reemplazará temporalmente. Pero Netanyahu, incluso, no necesita renunciar incluso. Puede señalar la letra de la ley israelí, que no requiere la renuncia del Primer Ministro hasta su condena (a pesar de los precedentes en contrario), y puede tratar de encabezar su propio 'Partido Likud' en una nueva campaña electoral. Los líderes de la oposición, como el ex ministro de Finanzas Yair Lapid, o el líder del Partido Laborista, Avi Gabbay, esperarían entonces las elecciones y -durante la campaña electoral- machacar sobre el tema de la corrupción prometiendo que ellos «limpiarían los establos y drenarían el pantano».

Los israelíes, al igual que las personas en todo el mundo, a menudo tienen una visión nostálgica y poco realista de los líderes del pasado. Aunque en los «buenos y viejos tiempos», aquellos cercanos al poder a menudo se salían con la suya como lo hacen hoy, o peor, y aquellos que no pertenecían a los círculos apropiados tenían pocas posibilidades de ganar o ingresar a los grupos y partidos políticos. En los últimos años, el sistema criminal ha sido mucho más agresivo en la lucha contra la corrupción en los niveles más altos de la política que, en sí mismo, es un signo de salud, no de enfermedad, aunque la corrupción ciertamente está ahí.

Sin embargo los israelíes tienen razón en que la cadena de casos de corrupción en las últimas dos décadas ha traído un nuevo nivel de desvergüenza a la vida política israelí. En 1977, el primer ministro israelí Yitzhak Rabin renunció a lo que parecería una absoluta trivialidad, incluso, comparada con el champán rosado. Rabin había servido previamente como embajador israelí en Washington y Leah, su esposa, había mantenido abierta una cuenta bancaria en dólares relativamente pequeña. La cuenta era legal mientras servían en DC, pero una vez que regresaron a Israel, la ley israelí (como lo era entonces) prohibía a los ciudadanos tener cuentas en el extranjero. Rabin renunció a su cargo, afirmando que no se escondería detrás de la pollera de su esposa y fue así que el partido Likud (que dirige ahora Netanyahu) llegó al poder por primera vez. En cambio -sin importar los cargos o la evidencia- Netanyahu no se irá tan fácilmente. Si su mandato termina el próximo año será porque se ve obligado a hacerlo: lo más probable es que sus socios, eventualmente, lo obliguen a renunciar, o que el público votante opte por alguien que tenga un buen cepillo y un enorme cesto de basura para barrer el soborno, el fraude y el incumplimiento de los deberes de funcionario público israelí... es decir los serios cargos que enfrenta el cuatro veces Primer Ministro de Israel que ha dominado, por más de dos décadas, la política del país. La decisión final -contra Netanyahu- recae en el Fiscal General de Israel, y ese proceso podría llevar meses.

https://www.theatlantic.com/international/archive/2018/02/benjamin-netanyahu-mozes-adelson-israel-media-bribery/553844/

https://www.brookings.edu/blog/order-from-chaos/2018/02/15/the-two-things-that-will-determine-netanyahus-fate/

Martha Herring

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