• 18 de diciembre de 2018, 17:02
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Embellecer la vida

Por Alfredo Grande

El calendario nada sabe de la realidad. El calendario en su imperio de fechas, determina que hoy comienza la primavera. Yo pienso que han logrado detener la primavera, además de haber cortado demasiadas flores. La primavera es apenas un dato de calendario. No hay un florecer cuando la carencia de lo necesario, en forma sostenida y permanente, hace que el reverdecer sea solamente un dato de color. Verde muerte. El verde tampoco es color esperanza, sino apenas un superficial coloreado de la resignación, la bronca y la tristeza.

La vida, supongo que queda claro, no es bella. El desafío, siempre colectivo, nunca individual, será embellecerla. No se trata de buscar la felicidad, pero sí de intentar encontrar la alegría. Quizá siguiendo al aforismo implicado: “la diferencia entre poco y nada es mucho”. Pero tampoco el poco es tan poco.

Las diferentes formas de militancia popular, de colectivos autogestionarios, de lucha en las calles, en las universidades, en los sindicatos, en muchos organismos del Estado, se alejan cada vez más de la nada indiferente, contemplativa, suicida. La vida no es bella, pero si sólo saben los que luchan, también sólo saben de belleza los que no dejan de luchar.

Hablamos de belleza, que no es lo lindo, incluso es lo opuesto. Lo bello nos conmueve porque nos permite resonancias donde lo mejor que tenemos puede aflorar sin vergüenzas ni timidez alguna. Los ricos, lindos, famosos, notorios, mediáticos, con frecuencia carecen de toda forma de belleza. Para decirlo en términos coloquiales: son como las flores de plástico. Pueden ser lindas, pero jamás serán bellas. Porque lo bello sólo germina cuando la vida se abre paso para que otras vidas puedan sostenerse. Y prolongarse. Por eso todos los recién nacidos son bellos. Es la belleza de la vida que se asoma.

Cada vez que garantizamos vida, que garantizamos placer en la vida, alegría en la vida, en cada una de esas veces, estamos construyendo belleza. Para muestra basta un botón, si el botón lo pensamos como un analizador.

En el bachillerato popular de Bariloche se ha inaugurado una biblioteca de derechos humanos. Los derechos humanos que no se tienen, que ningún Estado protege. Los derechos humanos se ejercen o no se ejercen. Y el ejercicio tiene su propia materialidad, su propio modo histórico de producción, su lógica de enfrentamiento con la planificación sistemática del arrasamiento de la humanidad y todos sus derechos. Una biblioteca de derechos humanos en un bachillerato popular. Belleza pura. Una isla primaveral en el desierto glacial de la cultura liberal. El fascismo quema libros. Fábrica de horror. La resistencia popular cuida los libros, y para eso construye una biblioteca. Hogar de libros.

Entonces, hoy, en ese lugar de Bariloche, florece la primavera. No serán flores, pero sí libros. Tampoco cualquier libro. Sólo aquellos que hunden sus raíces en la fertilidad de las luchas libertarias.

Sólo hay belleza en la lucha para que los libros se sigan escribiendo, los libros se sigan leyendo, y se prolonguen en todas las formas de combatir a la cultura represora.

Y ese combate es la única forma de embellecer la vida.


Fuente: Agencia de noticias Pelota de Trapo

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