• 22 de noviembre de 2019, 22:41
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Desafíos epocales

Por Jorge Elbaum*

                                                            Apunte de Sociología Militante


La debacle macrista abre las compuertas a dos desafíos colosales. Por un lado juntar los escombros del proyecto neoliberal, sobre todo privilegiando a los más vulnerables, y por el otros iniciar un proceso de riguroso seguimiento político de quienes (al otro día de la asunción presidencial) va a empezar a taladrar los cimientos de toda la reconstrucción democrática.

Lo que se suele silenciar en los análisis políticos se refiere a la piedra de toque de la distribución de la propiedad y la riqueza. De la propiedad porque uno de los grandes secretos del modelo neoliberal es la apropiación de factores claros de la economía al servicio de su intereses particulares. Si los resortes del desarrollo económico y productivo –como por ejemplo el sistema nacional de energía— es del propiedad del Estado, sus decisiones no estarían, como lo están hoy, orientadas al lucro. Si el sistema financiero tuviese una disposición al crédito social y productivo sus beneficios no serían robados al resto de la sociedad en formato fuga de capitales. De la riqueza, el eje central pasa por el poder adquisitivo del salario y la capacidad del movimiento obrero para debatir su valor en las negociaciones con los empresarios y con el Estado. Cuando se abren las importaciones y al mismo tiempo se privilegia la tasa de interés (con el objetivo supuesto o real de bajar al inflación) se aumenta la desocupación y se deteriora la capacidad de los sindicatos para discutir aumentos salariales. Cuando, en forma paralela, la inflación supera los incrementos salariales, nos ubicamos en el escenario buscado por el neoliberalismo: reducir lo que ellos llaman el “costo laboral” y garantizarse una porción mas significativa de la riqueza social acumulada, generada por el valor agregado del trabajo.

Si esta estructuración se combina con el control de los sectores que tienen acceso a las divisas externas (es decir que exportan y que logran obtener una porción mayor de la riqueza con cada devaluación), nos encontramos con grupos que establecen una estrategia de pinzas similar a un expoliación genérica: despojan hacia el interior del mercado interno porque logran pagarles menos a sus trabajadores (que temen perder el empleo y por ende negocian sus salarios a la baja), y –en forma paralela— acrecientan sus recursos mediante devaluaciones sistemáticas.

El futuro gobierno popular tendrá el doble desafío de combatir estos dos desfalcos, amparados por el modelo neoliberal. Y eso significa que deberá enfrentar a facciones muy poderosas. Sectores que durante todo el kirchnerismo socavaron la gobierno popular de todas las formas posibles. Y que hoy, 4 años después, cuentan con más riqueza relativa que antes debido al ajuste estructural que los benefició (“por arriba”, en relación al blindaje de la devaluación y “por abajo” ajustando el salario). A eso hay que agregarle el posicionamiento brutal de quienes los han amparado en los dos últimos siglos: las lógicas imperiales. Eso implica que una vez que Alberto y Cristina asuman empezará la repetida tarea de minar al gobierno popular mediante la conocida estrategia de tijera, fundada en socavar la imagen internacional del gobierno acusándolo de populista y –de ser posible—ubicándolo en el lugar de lo antidemocrático, salvaje o autoritario. Sus socios locales, los grupos monopólicos (sobre todo los del complejo agroexportador, las mientras, el sector financiero y las energéticas) se encargaran de combatir cualquier forma de distribución de la riqueza o control de la política cambiaria.

Frente a esta realidad,  será necesario abroquelar la Unidad conseguida, evitar peleas fratricidas al interior del campo popular y priorizar el enfrentamiento a esas dos posiciones (externa e interna) que el macrismo consolidó e incluso amplió. Como estrategia de interacción con esas posiciones habrá que intentar que no logren –sobre todo a través de dispositivos mediáticos— dividir al Frente de Todxs.

La ingenuidad ha sido una las características que más han debilitado al movimiento nacional. Desde el 1º de diciembre la antipatria va a trabajar para destrozar la Unidad y resquebrajar su potencial transformador. Hacer un seguimiento continuado y sistemático sobre su comportamiento, sus estrategias, sus procedimientos y sus mecanismos de cooptación de actores políticos, será una de las tareas más relevantes de quienes creemos que no es posible perder más oportunidades de construir una Patria para Todxs. Esa disposición no garantiza --de por sí--,   nada. Pero no puede obviarse. Es demasiado lo que está en juego.

*Sociólogo, doctor en Ciencias Económicas, escritor, periodista, analista senior del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la).

 

Fuente: Liliana López Foresi

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