• 14 de diciembre de 2019, 9:59
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Cabeza de turco

Por Carlos Caramello*


“Sí, he oído hablar de la negación,

pero no creo que exista”. 

Dan Brown

Inferno

“No te subas los zoquetes que la foto es de carnet”, lo aconsejaría un amigo mío del barrio. Pero Macri insiste: “Nunca imaginé que iba a ser el Jefe de la oposición”. Se lo dice a sus ministros, a sus amigos, a los periodistas allegados, a sus custodias, a sus seguidores en las redes… incluso, días atrás, se lo dijo a un mozo de la Casa Rosada que, como es compañero (y tiene bien claro que el tipo está de salida), le contestó: -¿Y a mi por qué me lo cuenta?-. Parece que Macri le respondió: -Se lo estoy diciendo a todo el mundo-

Jocosidades al margen (no faltará quien diga que la cosa no da para risas), el presidente en retirada parece pensar que “el nombre es arquetipo de la cosa” (aunque probablemente en su vida haya leído a Borges… bah, haya leído). Acostumbrado a que el Genio de la Lámpara (léase el Poder Fáctico) le ha concedido siempre sus deseos, es dable pensar que otra vez crea que va a pasar lo mismo. 

Sin embargo, el contexto, que es brutal cuando se ensaña, parecería indicar que ese sueño húmedo de Macri está muy lejos de volverse realidad. Para empezar porque, de 1826 a la fecha, difícilmente pueda encontrarse un presidente que haya cometido más errores políticos y haya recibido más desplantes que Mauricio Macri. Tanto que De la Rúa, por comparación, se ha vuelto un estadista. 

Revisemos, a vuelo de pájaro, algunos de esos desaires y pifies: forzar una entrevista con el Papa para obtener una foto con aquella cara memorable de Francisco y ofrecer, luego, una conferencia de prensa en la que se dedicó a contar el diálogo entre Su Santidad y… Antonia; metidas de pata con diferentes líderes mundiales (como Vladimir Putin y la canciller alemana Ángela Merkel) por sus chicanas futboleras; la declaración respecto de un “acuerdo” por las Islas Malvinas con la entonces primera ministra británica Teresa May que fue rápidamente desmentida por la cancillería del Reino Unido; el pronunciamiento a favor de Hilary Clinton apenas unos días antes de que Trump ganara las elecciones de Estados Unidos; la intención de cubrir dos cargos en la Corte por decreto; la decisión de “cambiar” el feriado del 24 de marzo; la fallida organización del G-20 en Buenos Aires que dejó imágenes como la de Donald dejándolo sólo y de seña en el escenario o la de Michetti llegando tarde para recibir a Macron y balbuceando un francés impresentable; los reyes de España esperando una hora en pista hasta que le llevaron una escalerilla adecuada para poder descender de su avión en la última visita… y así podría continuar la lista ad infinitum si sumara cada vez que tuvo que dar “marcha atrás” con sus decisiones políticas y pedir disculpas o cada una de las mentiras flagrantes que ha dicho cada vez que prometía una medida o una política de Estado. 

Esto sin contar su protagonismo en el affaire Panamá Papers (por el que han renunciado diferentes personalidades políticas de otros países), el decreto modificatorio del espíritu de la Ley de Reparación Histórica por el que permitió el blanqueo de cientos miles de millones a su hermano y otros familiares o su reciente negación a reconocer que el derrocamiento de Evo Morales a manos de las fuerzas armadas es un golpe de Estado.

Todas estas cuestiones -y tantas otras- han convertido a Macri en uno de los peores mandatarios a nivel mundial, imprimiéndole una pátina de corrupción, brutalidad y perversión que, misturada con su imagen cuasi bufonesca, le quitan todo respeto en el concierto político mundial.

Pero, además, no hay que irse tan lejos para ver el grado de deterioro de su imagen y de su poder político. Gobiernos, organizaciones, instituciones de Sudamérica han dialogado e intercambiado ideas con el presidente electo Alberto Fernández ante la crisis que están atravesando varios países de la Región mientras a Macri no le han preguntado ni la hora. Ya nadie lo considera. Ya nadie lo reverencia. Ya nadie lo tolera. Si hasta algunos dirigentes locales -que le deben su vida política- le dieron la espalda en las últimas elecciones mandando a “cortar boleta” en su propia cara.

Bien mirado, cualquier perejil del espacio Cambiemos se anima hoy a contradecirlo, a desmentirlo. A criticar sus políticas. A burlar sus posturas. Y eso que todavía no comenzó su derrotero por Comodoro Py… A partir de ese momento, lo van a negar más veces que Pedro a Jesús antes de que cante el gallo. Aunque no es lo peor, porque también lo negará su electorado y entonces se volverá ese chivo expiatorio perfecto que precisa el Neoliberalismo para que sus políticas no sean las responsables de la nueva debacle argentina.

Lejos de convertirse en el Jefe de la Oposición (extraño titulo para alguien que todavía gobierna), lo más probable es que Macri devenga en “cabeza de turco” de todo este desastre. Eso si, habrá que reconocerle su aporte al refranero popular: ahora SI hay un ciego peor que el que no quiere ver y es aquel que sólo ve lo que quiere.

Actor, escritor, comunicador


Fuente: Liliana López Foresi

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