• 18 de diciembre de 2018, 17:16
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Brasil hoy

Por Isabel Marazina*

 

 Esa frase generalmente va acompañada por un tono ominoso  e  insultos variados, de acuerdo al particular estilo tanto del líder como de los seguidores. En los grupos que sigo en las redes sociales, es muy frecuente sobre todo las mujeres relatar casos de este tipo,en la calle,en el  colectivo,atravesados por una violencia inaudita.

Cierto es que algunos “ya vieron”, como atestiguan los más de 300 incidentes con homosexuales, negros y mujeres sospechadas de feministas o activistas…uno de los casos más comentados en estos días fue el de una joven  en tratamiento oncológico y escaso cabello que ,tomada por homosexual fue  objeto de una paliza por parte de una patota de electores del “mito”.

El acelerado desmonte de  la riqueza amazónica –en los últimos tres meses se desmató más que en un año, los ataques renovados a las comunidades indígenas  nos hablan de una atmósfera pesadillesca que muchos sectores sociales-la grande  mayoría que no votó en la opción  fascista- observan con la suerte de asombro extático reservado justamente a lo onírico siniestro….

No me detendré aquí en rigurosos análisis políticos que entiendo ya  se han escrito con claridad y profundidad. Me interesa pensar en algunos trazos de esta realidad que  aparecen como novedosos pero en realidad son muy antiguos, casi diría estructrales.

Uno de ellos es la violencia que caracteriza la formación social brasilera, violencia que si bien  entiendo es común a la formación de las sociedades en este continente, en Brasil  está profundamente imbricada con un  hilo conductor de la trama hasta hoy  profundamente vigente: el régimen esclavista y sus marcas.

El presidente electo  ha hecho de lo soez y brutal una de sus formas de llamar la atención hacia su pobrísima  persona.En una entrevista realizada en un programa de gran  audiencia de la TV Globo, hace ya varios años el conductor del programa  Jô Soares ,le pregunta si era cierto que el proponía el fusilamiento sumario  del ex presidente Fernando Henrique Cardoso en razón de procesos de privatización realizados en su gobierno,a lo cual Bolsonaro responde que si,que era verdad .Ante esto,el conductor le dice “pero eso es una barbaridad!”.Bolsonaro,muy sonriente ,suelta esta frase, bien significativa de su estrategia: “ Si,pero si no fuera por esa barbaridad,yo no estaría aquí”lo cual es probablemente muy verdadero.En 27 años de pertenecer a lo que se llama “el bajo clero”,o sea esa parte de la cámara de diputados  caracterizada por la mediocridad y la inoperancia,generalmente electa por componendas ,este señor presentó dos (si,dos) propuestas de poca monta y se ocupó de obstruir cualquier iniciativa progresista que caia en su mano.

Sin embargo,ese recorrido lo interiorizó profundamente en  los mecanismos utilizables en uso propio existentes en los corredores de la baja política .Tal es así que instaló dos de sus hijos en la diputación y planea iniciar el ultimo ,que a la sazón cuenta con 19 años.El modo de moverse de Bolsonaro es el de un “coronel”,sin que su raigambre lo indique como tal,porque los llamados coroneles eran los barones del azúcar y el café  que adoptaban esa nominación para marcar su poder. Sin embarog,él se ha movido con una impunidad aceptada y tolerada por aquellos que debían advertirlo-por decir lo mínimo-de sus frecuentes ataques  a las leyes vigentes.

Los hacedores de la política brasilera, en las últimas décadas, el Partido de los Trabajadores y el PSDB, jamas lo tomaron en serio. Era una “figura folclórica”-y aquí recuerdo la figura del malhadado canalla riojano- que lentamente fue concitando alrededor suyo un conjunto de fuerzas extremamente reaccionarias en una construcción  que resultó en su candidatura y posterior triunfo.

Ciertamente, ese estilo brutal supo interpretar el trazo latente y actuante en los vínculos  de una sociedad que asesina a la juventud pobre de la periferia, que practica hace siglos la política del gatillo fácil, que  ostenta el triste privilegio de ser primero en femicidios en el continente y donde es muy frecuente en una discusión callejera que  alguien –generalmente a los gritos- profiera el conocido ”usted sabe con quien está hablando? En mis muchos años de Brasil coleccioné innúmeros ejemplos de esa violencia, que, curiosamente también está naturalizada en el cotidiano por los mismos que la denuncian y la combaten… pero esto nos  abre otra puerta. Para después.


* Psicoanalista argentina residente en San Pablo.

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