• 20 de julio de 2019, 19:23
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Apuntes de sociología militante Latinoamérica, Proyecto Nacional y desconexión

Por Jorge Elbaum

Latinoamérica, Proyecto Nacional y desconexión



Hace más de 500 años que la opresión sobre estas tierras tiene nombre y estandarte imperial

Sus colores variaron pero respondieron al mismo esquema de dominio para beneficiar intereses extranjeros, imponer voluntades foráneas e impedir la libertad soberana de nuestros pueblos.

Fue España, Portugal, Gran Bretaña, Holanda.

Hoy lógica neocolonial es corporativa y tiene una sede primigenia en Estados Unidos. Las trasnacionales necesitan para su sobrevivencia, apropiarse de mercados, recursos naturales y mantener encendida la llama del consumismo mercantil.

Eso implica controlar gobiernos e impedir que existan mecanismos soberanos de resolución de conflictos.

La actual lógica imperial solo sobrevive si controla cada vez más territorios. Y se debilita cuando los pierde, sobre todo por la emergencia del nuevo polo industrial del sudeste asiático.

Los errores y horrores de Washington nunca fueron castigados con invasiones: la utilización innecesaria de la bomba nuclear en Hiroshima y Nagasaki n o fue castigada con prácticas injerencistas sobre su territorio.

No son las fallas de las políticas internas de Venezuela las que están promoviendo la invasión.

Las corporaciones trasnacionales monopólicas (que articulan dispositivos financieros e industriales articulados) necesitan someter a gobiernos para imponer –al revés de los que se supone-- Estados fuertes. Dicha fortaleza es imprescindible para generar modelos de flexibilidad financiera (desregulaciones), endeudar, reducir jubilaciones y pensiones, precarizar el trabajo, disponer austeridades y sembrar amplios y costosos esquemas represivos.

América latina sufre una pandemia de introyección colonial: una parte de sus dirigentes sueña con ser estadounidense al tiempo que aborrece identificarse con nuestro subcontinente mestizo.

La capital de su cosmovisión es Miami. Y colaboran permanentemente con las delegaciones diplomáticas de EEUU para favorecer intereses ajenos a sus países.

Washington dispone de esos socios locales para inducir políticas económicas, imponer lógicas mediáticas, cooptar organismos e inteligencias, influir en sus fuerzas armadas e imponer sentidos comunes aptos para el despliegue de sus intereses estratégicos.

Mientras tengan lugar de reproducción y operatividad dentro de América Latina continuarán aprovechando la ventaja que les brinda contar con esos socios internos, carentes de espíritu patriótico y de amor a sus respectivos pueblos.

A esta altura, la solución estratégica –para América Latina—pareciera ser la que sugirió Samir Amin, quien la denominó como “la desconexión”.

Esa desconexión no significa el aislamiento sino por el contrario, la multiplicación de redes internacionales, reduciendo los lazos con las metrópolis imperiales.

Permanecer en contacto fluido con quien somete, modelo un vínculo de inferioridad del que es imposible escapar.

Cuánta más interacción menos autonomía:

Mientras se le de continuidad a nexos contaminantes los dispositivos de interconexión y dependencia se profundizarán.

A nivel doméstico la clave no sólo es construir un universo simbólico desconectado de esa lógica (del cual no puede ser ajeno la educación institucionalizada y los medios de comunicación) sino que hay que quebrar la línea de flotación de los sectores que alimentan, priorizan y defienden ese vínculo de subalternización con sus admiradas metrópolis trasnacionalizadas: eso supone reducir sus negocios y cercar institucionalmente sus mecanismos de sobrevivencia corporativo. Los dispositivos tributarios y las nacionalizaciones son dos de los recursos a ser evaluados.

La voces de Manuel Belgrano, de José de San Martin, de Manuel Dorrego, de Güemes, Artigas, Bolívar, Sandino, Farabundo y Martí prologaron esta lucha en los últimos dos siglos.

No es hora de arrugar. 


Foto: DW

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