• October 17, 2021 at 7:03 AM
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Todos hablan del Titanic, pero el iceberg sigue ahí

Por Carlos Caramello

“¿Los pobres serían lo que son, si nosotros fuéramos lo que debiéramos ser?”

Concepción Arenal


Nada está resuelto -como si algo pudiera resolverse en política-. La baraja en el sabot. El crupier con formas educadas y manos ágiles, pagado para ganar tiempo. La crisis larvada en la derrota… Y todo el futuro para masticar la pos pandemia.

Pero las diferencias no han sido saldadas. Los rencores no resultaron depuestos. Las operaciones apenas si se han ralentizado. Basta leer las declaraciones del vocero defenestrado: “Orgulloso de ver a mi amigo Juan Ross asumir como Secretario de Comunicación, le sobra paño: gran profesional y excelente persona. Yo seguiré acompañando a mi presidente y amigo @alferdez como siempre lo hice sin distinguir donde estuviéramos (ambos). Nueva etapa y un gran gabinete“, publicó Juan Pablo Biondi en su cuenta de twitter, mientras de música de fondo sonaba el tango “Tarde”, justo en el verso que reza “heridas que no cierran y sangran todavía”.

El dispositivo intraministerial anticristinista está intacto. En los pasillos del primer piso de la Rosada todavía se comenta el esfuerzo de Gustavo Beliz, con ademán de monaguillo y estrategia cardenalicia, empujando al Gobierno al precipicio, en la misma tarde de la boutade de renuncia por parte de los ministros y funcionarios kirchneristas. Romper. Aprovechar que habían abierto la gatera y disparar hacia delante. Fundar el albertismo indómito (imagen un tanto forzada para el carácter que viene exhibiendo el Presidente).

Todavía se comenta el esfuerzo de Gustavo Beliz, empujando al Gobierno al precipicio, en la misma tarde de la boutade de renuncia por parte de los ministros y funcionarios kirchneristas.

Primó la cordura (sólo para dejar bien en claro que se trata de un lugar común). La sangre no llegó a inundar las calles, a pesar de Eduardo Duhalde y, el jueves por la noche, se declaró Día Nacional de la Exhalación, porque muchos pudieron expeler después de contener la respiración por más de 30 horas.

Claro que esta nueva tranquilidad trémula de confianza no queda demasiado clara: al fin y al cabo ¿qué shock de confianza representa el desplazamiento de Roberto Salvarezza o Luis Basterra? Dos ministros correctos, probos, laburadores, reconocidos en sus áreas y diametralmente ajenos al conflicto de la derrota en las PASO. Salvo que alguien piense que los cuatro millones de bonaerenses que no fueron a votar el domingo 12 -provenientes en su mayoría de las barriadas más humildes del Conurbano-, estaban recalientes por cuestiones de Ciencia y Técnica.

Pero… la hinchada pide cambios y las urnas emiten su mensaje que, probablemente por provenir de esos objetos paralelepípedos de cartón, no resultó del todo claro para el Gobierno.

Y, sin embargo, Palermo respira. Y las redes respiran. Y hasta el peronismo vocacional respira. Todos tienen su lectura de estas internas post PASO: algunos fundamentados en la observación y el análisis, otros en sus propios deseos y la mayoría porque tipo que no entiende un carajo.

El mano a mano, el puerta a puerta, representan opciones paliativas de una lucha que, pandemia mediante, no se ha podido dar en un año y medio. Militancia hasta que duela…

Lejos de dirimirse, el conflicto ha sido postergado como aquella elección en la AFA cuando, luego que votaron los 75 representantes, las urnas dieron 38 a 38. Una jugada de pillos donde no se debaten los temas ideológicos que conspicuos analistas quieren echar a rodar a través de sus elucubraciones panelísticas sino la naturaleza misma del poder: de un lado la fuerza de los votos y del otro, la de los negocios que sostienen a la mayoría de los gobiernos del mundo.

Seguramente algunos llegarán rápidamente a la conclusión de que las elecciones se ganan con votos pero la verdad es que, después de ganar hay que gobernar, sobre todo en esta hora de suelta de golpes blandos que han realizado organismos non sanctos en el patio trasero de sus condominios

De todas maneras vale reconocer que ha habido un cambio de clima. El diagnóstico de salarios versus precios parece acertado y circula en el discurso social instituyente. Perfuma un peronismo que no es de humidificador y la compañería sueña salir a copar las calles. A falta de grandes épicas, el mano a mano, el puerta a puerta, el casa por casa representan opciones paliativas de una lucha que, pandemia mediante, no se ha podido dar en un año y medio. Militancia hasta que duela… Les dejo este eslogan, por las dudas.

Mientras tanto, encerrado en su despacho, a oscuras para que nadie intuya su presencia, un funcionario de primerísima línea, enfundado en su uniforme cuasi colegial, acaricia la punta del iceberg y amorosamente le dice en voz baja: “tranquilo, ya va a pasar otro Titanic”.

Fuente: Contraeditorial

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