• October 29, 2020 at 2:04 AM
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Bella ciao

Por Sergio Altamirano*

Me gusta ser directo, evita arriesgarme a que alguien crea que soy distinto a quien soy.
Los eufemismos siempre me han dado alergia, lo confieso y lo acepto, es parte de mi intemperancia aprendida
Los eufemismos (y sus cultores) me recuerdan las prosopopéyicas maneras de quienes siempre han pretendido suplantar la seriedad usando la solemnidad. 
Confusión tan grave, tan nociva y tan iatrogénica como la de reemplazar legitimidad por legalidad.
S.A.


«…parece ser que el temporal,
trajo también la calamidad
de cierto tipo de langosta,
que come en grande y a nuestra costa
y de punta a punta del país…
se ha deglutido todo el maíz…»   (V. Heredia)
Prensa internacional: Opositores en Argentina convocan a una insólita marcha para frenar el "comunismo" de Alberto Fernández

La historia reciente de Argentina, por la sobreabundancia de eventos y personajes representativos me exime de citar ejemplos puntuales, hay demasiados. Casi tantos como para pensar que en vez de un sesgo cultural («cenacular») estamos frente a un síndrome cultural.

Sí, un síndrome (1) cultural que a la manera de un virus, (casi como el Co-vid19) contagia por contacto y permanece en el ambiente transmitiéndose, indiscriminadamente, hasta ser mecánicamente removido, insisto, mecánicamente removido.

Pulitzer, para mencionar un nombre «culturalmente» aceptado por su foraneidad decía: «Con el tiempo una prensa mercenaria, demagógica, corrupta y cínica crea un público vil como ella misma». 

El sicariaje mediático ha intentado siempre desplazar la verdad. En realidad nunca le ha interesado más que hegemonizar su rol de «portero de la realidad», decir y decidir que es la verdad, desde luego,  independientemente de lo que ella sea.

La Verdad suele resultar incómoda para ciertos estratos (individuos agrupados…). Invariable e intrínsecamente, el valor de verdad de un hecho será siempre independiente del placer o displacer que produzca. Por eso, para los mercenarios periodísticos, la capacidad de discernir que es verdad y que no lo es, debe ser removida de las aptitudes populares.

¿Cómo se puede desvirtuar/sesgar tanto la visión? ¿Cómo se vende algo por lo que no es, cuando la realidad evidencia lo que es? 
¿Por qué es posible que alguien embauque a alguien para que crea lo que no es cierto?

Por eso hablo de un síndrome cultural. No se trata ya solamente de ignorancia, ingenuidad o distracción, no. Hay un accionar proactivo. Intencional. Y como contraparte, una toma de posición. Una elección.

La falacia «ad hominem» ha desplazado la lectura de la realidad. 

Sin intentar que el presente constituya un tratado psico-filosófico tengo, sin embargo, que puntualizar algunos enunciados fácticos y no puedo evitar ciertas definiciones algo técnicas pero no por ello menos entendibles: 

a) Los mecanismos de defensa son estrategias psicológicas inconscientes puestas en juego por diversas entidades para hacer frente a la realidad y mantener la autoimagen. Las personas sanas normalmente utilizan diferentes defensas a lo largo de la vida. Un mecanismo de defensa del yo deviene patológico sólo cuando su uso persistente conduce a un comportamiento inadaptado tal, que la salud física y/o mental del individuo, se ve afectada desfavorablemente. El propósito de los mecanismos de defensa del yo es proteger la mente/sí mismo/yo de la ansiedad o sanciones sociales y/o para proporcionar un refugio frente a una situación a la que uno no puede hacer frente por el momento (2)

b) La proyección es un mecanismo de defensa por el que el sujeto atribuye a otras personas las propias virtudes o defectos, incluso sus carencias. En el caso de la proyección negativa, esta opera en situaciones de conflicto emocional o amenaza de origen interno o externo, atribuyendo a otras personas u objetos los sentimientos, impulsos o pensamientos propios que resultan inaceptables para el sujeto. De esta forma, se «proyectan» los sentimientos, pensamientos o deseos que no terminan de aceptarse como propios porque generan angustia o ansiedad, dirigiéndolos hacia algo o alguien y atribuyéndolos totalmente a ese objeto externo. Por esta vía, la defensa psíquica logra poner estos contenidos amenazantes afuera. Por su parte, la proyección positiva se da cuando el sujeto atribuye a otra persona cualidades dignas de ser admiradas, envidiadas o amadas; además, es un componente habitual —incluso necesario— en el proceso del enamoramiento. El tipo de proyección que el sujeto realice dependerá de su estructura psíquica y de la introyección que haga de sí mismo y su autopercepción. (3)

El titular mencionado al inicio proviene de la prensa internacional: «Opositores en Argentina convocan a una insólita marcha para frenar el "comunismo" de Alberto Fernández».

De no ser por la bizarría que implica semejante descripción sería hasta cómico. Sin embargo, el punto correcto de apreciación es que el editor ha titulado de manera fidedigna la marcha convocada por «los bastoneros del caceroleo», (el encomillado es total y absolutamente mío).

La aludida «manifestación» contra el  «comunismo» es convocada de esa manera. La acción se desarrolla en un presente atravesado de múltiples variables. Variables y hechos que ponen en juego desde la supervivencia individual hasta el deber de guarda que el Estado tiene hacia el ciudadano.

Uno podría descansar en la serena reflexión de pensar que nadie en su «sano juicio» habrá de prestarle atención a semejante disparate ya que: «es tan correcto que el Estado trate de protegerme de un contagio para el que aún no hay medio de defensa -en ningún lugar del mundo- como que el Estado imponga el uso del cinturón de seguridad, los límites de velocidad, las prohibiciones de conducir borracha/o, o intoxicado por drogas»…
  
Sin embargo, la realidad (siempre incólume, ella) nos señala que hay una ingente recua de impensantes para quienes el aislamiento preventivo para evitar el contagio del Co-Vid 19 no es sino una estrategia del gran cuco comunista para adueñarse de la vida del medio pelo autóctono (también conocidos como los afectados por el síndrome Ingalls). (4)

Inevitablemente desfilan por mi mente asertos populares que describen esta situación, pero hay uno que especialmente describe lo que se busca, y es aquel famoso: «armémonos y vayan».
 
Ya a esta altura, es obvio que hay un sesgo profesional en mi descripción. Me someto a la honestidad intelectual como herramienta indispensable.
Como psicólogo no puedo «creer» ni discurrir en interpretaciones acomodaticias; tengo el deber de leer la realidad y mantener la objetividad; de lo contrario, no podría trabajar honradamente.

Y entonces, me parece que el «Polaco» me sopla al oído:
«Amargo desencuentro, porque ves
Que es al revés.
Creíste en la honradez
Y en la moral...
¡qué estupidez!»
(frag.: C. Castillo)
Así entonces, reniego de ambos. Del nihilismo y del tiro del final. Ninguna de las opciones me es aceptable. Muchísimo menos deseable; no hay pacto de evasión posible con la vida. El costo es inmenso y se paga eternamente
Charly García enseñaba a «mamar la Libertad», y es cierto, Ella siempre está.

También, como enseñaba Klimovsky, «La honradez es como el embarazo», no tiene puntos medios. Se está embarazada, o no se está. 
Se es honrado, o no se es honrado. Esa es la única gran dicotomía. La honestidad intelectual o su denegación maníaca.
Exigente? Sí. Exigente y demandante opción de vida. Pero uno tiene el alma limpia y sin deudas…

Es la simple consecuencia de la cultura. No de la impuesta mediáticamente con impronta Goebbeliana, sino de la cultura popularmente erigida. Nosotros hacemos la cultura, nosotros la defendemos y la nutrimos a todo corazón o… O ellos la bastardean por un departamento en Miami o un riñón comprado.
No es simple, ni fácil, porque es la lucha por la verdadera liberación entre tanto macaneo organizado.

-«Guardate!» 
-«No te expongas»
-«No te la jugués, qué ganás?»

Guardarse.., ¿para qué?, ¿para cuándo?. La vida es una sola, es como la Verdad… 

Y entre los males y los desmanes
hay cierta gente que – ya se sabe -,
saca provecho de la ocasión;
comprando a uno lo que vale dos
y haciendo abuso de autoridad
se llevan hasta la integridad.
(frag.: V. Heredia)

Por las dudas repitamos la consigna, no sea que alguien se confunda.
“Quien quiera oír, que oiga... 
 Quien quiera seguir que siga...
 Mi empresa es alta y clara mi divisa.
 Mi causa es la causa del pueblo. 
 Mi guía, la bandera de la patria...

Descuidar la vida, denegar la Verdad, por disimular, por parecer «atildado» o peor aún:  por la cobardía de no cosechar diatribas de los mercenarios periodísticos o de los grupíes políticos (incluso de los llamados «del palo» que se «olvidaron» por haberse vuelto «quesistas») implica pagar un precio imposible. Es inmolarse en un silencio cómplice para que algún mercader venial arree su tropilla de auto-imbecilizados denegadores al corral del patrón mediático que mejor le pague.

Atestiguar sin hacer nada es abandonar la libertad en el altar de la idiocia militante. Es decidir seguir una mentira, si no el «creyente» debe afrontar el riesgo de verse tal cual es. Pequeño, mezquino. Alienado que se cree superior. Obsecuente. Ignorantemente ilustrado. Esas personas no viven, sólo perduran.


Suscribo nombre y apellido
y ruego a usted tome partido
para intentar una solución,
que bien podría ser la unión
de los que aún estamos vivos
para torcer nuestro destino...
Saluda a Ud. un servidor.
(frag.: V. Heredia)


1-(R.A.E. m.Conjunto de signos o fenómenos reveladores de una situación generalmente negativa.)
2-(«defense mechanisms. Britannica Online Encyclopedia». www.britannica.com.)
3-(Roudinesco, Elisabeth; Plon, Michel (2008) [Primera publicación (Dictionnaire de la Psychanalyse), 1997]. «Artículo: Proyección». Diccionario de Psicoanálisis. Traducción: Jorge Piatigorsky y Gabriela Villalba. Buenos Aires: Paidós. p. 859. ISBN 978-950-12-7399-1.)
4-(https://actualidad.rt.com/ Portal de noticias,  Rusia Today)
5-(Aquéllos que desde el 2003, se ven a sí mismos como rubios luxemburgueses encerrados en una carreta y rodeados por pieles oscuras)

* Psicólogo argentino radicado en Noruega
Foto: Fotografía antigua de una manifestación antifascista en Italia. Archivo
 


Fuente: Liliana López Foresi

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