• 21 de febrero de 2019, 14:50
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El ojo propio y el ojo ajeno

Por Alfredo Grande

“La cultura represora sabe que una imagen vale por mis palabras. Por eso satura con imágenes para abolir las palabras” (aforismo implicado. AG)

“¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo”, tú que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Lucas 6, 41-42)

La cultura represora sigue apostando y aportando a que “ojos que no ven, corazón que no siente”. Ignora en la soberbia delirante de su razón absoluta, que es al revés. Cuanto menos vemos, mas sentimos. Julio Verne nos cuenta en su novela Miguel Strogoff como luego de ser cegado por la espada al rojo candente, el correo secreto del zar pudo estimular todos sus sentidos para poder entregar la documentación necesaria. Lecturas juveniles que retornan para afirmar que los sentidos lejos de anestesiarse, adquieren mayor intensidad cuando los resplandores y deslumbramientos (los espejitos y globitos de colores) dejan de ser percibidos. Muchas veces, para pensar, meditar, cavilar, vagabundear ideas, cerramos los ojos. La cultura de la imagen (el homo videns) lleva hasta el extremo del alucinatorio político y social esa afirmación de que una imagen vale por mil palabras. En el año 1995, leí un trabajo titulado “La imagen y la mirada en la cultura actual”. Parece que el tema me ha preocupado siempre. “Toda esta cultura actual de los video games, los video clip, los video sex, los video persons, los video presidents, etc., son la hegemonía siniestra de las imagoides”. Hace25 años acuñé ese concepto: imagoide para diferenciarlo de imagen. “Imagoides que nos transforman en voyeristas oligofrénicos de los bloopers de nuestro ser nacional y popular, en donde nos reímos porque ya nadie se acuerda de llorar”. (https://alfredogrande.com/libros/psicoanalisis1/24.pdf)  En la actualidad de la cultura represora la cuestión es más compleja. Insisto: no es complicada. La complicación es una estrategia de poder. No deja de inquietarme la frecuencia con que escucho al referirse a la situación económico político actual decir: está complicado. Una condensación ferozmente encubridora. Porque de complicado no tiene nada: es un saqueo planificado por organizaciones criminales en función de gobierno. Es simple. Y es bastante claro. O sea: que mantenemos, no todes, pero muches, la capacidad de ver la paja y los off shore en el ojo ajeno. Un psicoanalista diría, yo por ejemplo, que la capacidad proyectiva de la clase/casta política está intacta. Siempre hubo pesadas herencias entre nosotres. Desde que el virrey Sobremonte robó, huyó y no lo pescaron. Debe ser el primer off shore de nuestra joven historia. El gravísimo problema que tenemos es poder ver la viga, las vigas, en el propio ojo. En una reformulación del evangelio de San Lucas, la capacidad de ver la viga en el propio ojo es el análisis colectivo de la implicación. O sea: la necesaria estrategia para expulsar al ejército de ocupación de funcionarios, ceos y testaferros actuales, no debería impedir sostener la pregunta: ¿Qué hicimos nosotres para llegar a esto? La fácil: la culpa es de los que votaron. La difícil: ¿por qué los que lo votaron lo votaron? El peor heredero del amor a Cristina Kirchner era Daniel “el tibio” Scioli. Autor entre otros cuestiones, de una ley para bajar la edad de imputabilidad. Scioli fue a Cristina lo que Duhalde fue a Menem: un falso heredero. Ganó De la Rúa, ganó Macri. Además de la pesada herencia, taparrabo del saqueo actual, es importante pensar en la “falsa herencia”. La misma falsa herencia que Maria Estela recibió del General. De la soberanía económica y la justicia social a la triple A. Creo que estamos a tiempo de mirar las vigas en el ojo propio. Pero esa mirada, a menos que la hagamos frente a un espejo que nos devuelva la mirada que deseamos mirar, solo puede llegar al fundante si es colectiva, si es combativa, si es revolucionaria. Si un compañere no quiere, no puede o no sabe ayudar a que miren sus vigas, entonces, mal o bien que me pese, ya no es mi compañero. Porque tiene no el pan de la sabiduría, sino otro de los panes de la locura, como Carlos Gorostiza escribiera en su dramaturgia. Y en la locura organizada por alucinaciones y delirios, la derecha liberal y la derecha fascista, siempre ganan. Algunos llaman a esto “medios hegemónicos”. Las organizaciones sociales, políticas, los cientos de miles de combatientes orgánicos o inorgánicos, las mujeres en lucha contra todas las formas del patriarcado, incluso las que ellas sostienen, merecen, exigen, que podamos mirarnos en los ojos de quienes con ternura, con amor, con solidario respeto, nos miran. Dicen que Nietzsche dijo que la salud mental es la capacidad de tolerar la verdad. Y la verdad es la mirada nueva. Otra forma de evangelio. Miguel Strogoff recuperó la vista porque su llanto lo había protegido. Mucho hemos llorado. Ahora es el momento de recuperar la vista, el pensamiento, el olfato, el tacto, el oído y entregar la verdadera herencia a las nuevas generaciones. Y esa verdadera herencia es que la tierra y todo lo que ella alberga, es solamente de quien la trabaja.   Sigamos trabajando. 


Foto: Kheng Ho Tho

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