• May 24, 2020 at 9:35 PM
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Nos tapamos la boca pero tenemos palabras

Por Ana Pérez del Cerro*

Cuando dos humanes (1) se encuentran y hablan pueden ocurrir varias cosas diferentes:

-      . Uno habla, otro oye y viceversa

-       Uno escucha y el otro oye

-       Uno escucha y el otro también.

-       Ambos hacen como que escuchan

-       Ambos oyen

Estas variantes dan lugar a situaciones de contacto o de comunicación según el caso, aunque por lo general, la ‘gente’ supone que está comunicada   cuando la mayoría de las veces sólo está conectada a través de las redes.

Quienes oyen no se dan cuenta de que no escuchan. Lo usual es que terminen entendiendo medianamente algo de lo cotidiano sin alcanzar un cabal comprender.

La base de la comprensión de un texto está en conocer el contexto. Pero quien sólo  oye no pregunta porque en realidad da todo por supuesto o por obvio.

Esta circunstancia que parece esencial para las escuelas y universidades, resulta fundamental en todas las relaciones humanas.

Otro asunto a tener en cuenta es la significación de las palabras y sus connotaciones.  La significación es el significado básico a partir del que podemos entendernos con personas de distintos países por medio de una mínima traducción aunque también tiene sus complicaciones.: ‘pez’ y ‘pescado’ no significan lo mismo en castellano.; en cambio ‘fish’ alude a ambos estados: pez vivo o muerto.

Sin embargo, ahí no se agota la comprensión, ya que las connotaciones devienen de la esfera cultural , social, histórica . Hay quienes creen que referirse a nuestra lengua como ‘español’ es lo mismo que decir ‘castellano’. En absoluto.

En 1492 se unieron las coronas de Castilla y Aragón y el reino de España adquirió  un gran poder. En ese mismo año y en consonancia con la aparición en escena de la imprenta de Guttemberg, Antonio de Nebrija publicó la primera gramática de la lengua castellana para fijar las reglas de la lengua triunfante.

La RAE se denomina ‘española’ porque hace una ostentación del poder  monárquico y considera que todos los pueblos y las culturas que en su momento conquistaron son hispano parlantes.

De ahí que en el 2019 se celebrara en la Universidad de Córdoba el Congreso de la lengua española con la asistencia del rey de España. En la misma universidad aconteció un congreso alternativo en el que se plantearon cuestiones de biopolítica y de las lenguas originarias.  

La riqueza que el castellano ha  atesorado en nuestros países al sur del Río Bravo, la ha convertido en una lengua llena de matices y modismos que el cine, el teatro y la literatura han registrado.   

“Cuando yo uso una palabra –insistió Humpty Dumpty con un tono de voz más bien desdeñoso– quiere decir lo que yo quiero que diga…, ni más ni menos.
–La cuestión –insistió Alicia– es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.
–La cuestión –zanjó Humpty Dumpty– es saber quién es el que manda…, eso es todo.

Con esto volvemos a la importancia de las connotaciones que incluyen, además, gestos, tonos, pausas y poder.

Si alguien  dice, por ejemplo: “En esa fábrica van a hacer una revisión de los empleados” quien habla cree estar diciendo  que van a rever la  situación de cada trabajador para decidir cómo se reorganiza la planta, incluyendo suspensiones o despidos. Si el receptor escucha y se atiene al término utilizado , quizá piense que van a hacer una revisación médica. (revisión y revisación no significan lo mismo). La prensa hegemónica aprovecha estos deslizamientos lingüísticos en sus titulares.

“El gran peligro de la globalización es que nos empuja a una megalengua común.”  Umberto Eco

La cuarentena ha puesto negro sobre blanco las cuestiones de la comunicación entre los miembros de la pareja , entre los padres con los hijos, entre hermanos, entre abuelos y padres y entre todes.

Muchos han descubierto que no había comunicación sino conexión esporádica según horarios escolares y laborales. Otros descubrieron que en realidad nunca escuchaban a sus hijos. Alguna abuela o abuelo observa que se inmiscuye demasiado en la crianza de los nietos, por ejemplo..

Personas entre 40 y 50 años se muestran asombradas porque les gusta estar en la casa y dicen con humor irónico hacia la ‘tercera edad’ que deben estar poniéndose viejos : no distinguen , quizá,   ‘casa’ de ‘hogar’.

Alguna vez denominé ‘síndrome Minguito’ (“sé igual” decía el personaje)  a la costumbre de decir “vos me entendés” para zanjar cualquier discusión semántica.

“No te entiendo, te adivino” manifesté en algunas ocasiones.

Y es así como en lo cotidiano, las palabras se van oxidando  aunque, al mismo tiempo, surgen permanentemente metáforas o dichos  ingeniosos en el lenguaje popular.

Es cierto que a veces nos quedamos sin palabras y hasta sin voz.

«Si he perdido la vida, el tiempo, todo / lo que tiré, como un anillo, al agua, / si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra»Blas de Otero

Quienes siguen luchando por un mundo justo, por el buen vivir, muestran que la palabra sigue siendo un arma cargada de futuro , ahora que ni vislumbramos el futuro,  ahora que nos cambiaron todas las preguntas y todas las respuestas… Ahora que estamos en una voraz encrucijada.

Y siempre  nos queda la poesía que, al contrario del lenguaje que usamos para ‘comunicarnos’, no pide ser comprendida sino sentida, imaginada, potente en su surtidor de imágenes. 

Yo dije "bésale las piernas a la poesía".
Y también "bésale las palabras".
Yo dije "hurga su lengua".
Y dije "hasta que abra los brazos".

Yo dije "bésale las piernas, las palabras".
Y dije "hasta que no de más".
Y "hasta que pida más".
Y dije "hasta que cante".

A qué alegar ahora si ella en verdad cantó.
¿Fue un sueño?
¡Qué más da si era mímica y disco, si era patraña y ruido!
Sé que la oí cantar,
¿qué cambia que hubiera sido de otro modo?
  (Jorge Boccanera)  

(1) Usé el masculino por comodidad , pero léase ‘a’, ‘o’, ‘e’ en las palabras que tienen un género predeterminado

* Semióloga

Fuente: Liliana López Foresi

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