• 21 de abril de 2018, 17:53
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Waldo Wolff: La espuria utilización del antisemitismo

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Por Jorge Elbaum

(Decálogo para entender cómo se intenta utilizar la persecución y el genocidio al servicio de intereses políticos-personales)


1.      El diputado Waldo Wolff presentó una denuncia en la que acusó a Leopoldo Moreau de antisemita.


2.      El motivo de la presentación judicial –que recayó en le juzgado federal de Sergio Torres— fue una referencia que hizo el legislador alfonsinista, perteneciente a la bancada de Unidad Ciudadana, sobre los vínculos de Wolff con el Mosad, organismo de inteligencia del Estado de Israel. El juzgado de Torres –probablemente por desconocimiento-- asoció el Mosad a “lo judío”.  El razonamiento utilizado por el juez Torres implicaría aceptar denuncias por discriminación antisemita contra el Estado argentino por expedirse condenatoriamente (cosa que ha hecho en reiteradas oportunidades) sobre la ocupación de Cisjordania por parte de Israel.


3.      Moreau en ningún momento hizo referencia a ningún aspecto de al judeidad de Wolff. Vincular automáticamente una cosa (Mosad) y otra (judío) supone la utilización del antisemitismo al servicio de intereses (en este caso) políticos, ajenos al sufrimiento de millones de seres humanos en la historia que han/hemos tenido que sufrir los prejuicios y las estigmatizaciones. Quienes poseemos una identidad cultural judía y una nacionalidad argentina solemos indignarnos y/o repudiar la malversación del antisemitismo, de la misma manera que las feministas repudian las acusaciones por problemáticas de género (extrañas a la lógica que supone las imposiciones patriarcales) con el objeto de darle visibilidad y legitimidad a luchas personales. Las portaciones simbólicas del sufrimiento no se pueden utilizar en contiendas de ego debido a que se ensucian luchas que incluyen millones de muertos y expoliados.  

  

4.      La judeofobia o el antisemitismo es solo asociables a la condición judía. No a una portación nacional 8en este caso asociable a lo israelí) De hecho existe un millón de ciudadanos israelíes no judíos, de confesión musulmana y de lengua árabe. Este conjunto de ciudadanos israelíes vive en territorio israelí. No en territorio ocupado de Cisjordania, administrado por la Autoridad Nacional Palestina.    


5.      El judaísmo es una identidad que no necesariamente corresponde a la nacionalidad israelí. Existen judíos chinos, japoneses, hindúes, estadounidenses, sudafricanos y argentinos.


6.      La primera y llamativa decisión del juzgado es asociar la potencial relación con el Mosad con algo asociado a la discriminación o a la judeofobia. El Mosad es un sucedáneo de la AFI (agencia Federal de Inteligencia). Equiparar el vínculo de una dependencia a una identidad confesional o cultural es –como mínimo— un error lógico de transitividad. De hecho, el Mosad –como cualquier otro servicio de inteligencia en el mundo—, no consulta a sus colaboradores o sus informantes acerca de sus percepciones sobre la identidad judía. Sobre todo, porque su trabajo tiene que ver con la seguridad de un Estado.


7.      Más allá del aspecto central, que remite a la equivocada relación entre los “judío” y el “Mosad” es importante señalar que las tareas ejecutadas por el Mosad no exigen una credencial de judío y –ni siguiera— evidencias de ser ajeno a la judeofobia. Quienes conocen, han investigado y leído sobre la tarea del Mosad (en todo el mundo) saben que algunas de sus acciones han contado con la colaboración de sectores profundamente antisemitas, que han sido contratados para garantizar la seguridad de Israel y no por su posición en relación con los prejuicios antisemitas.  


8.      Descartado (y aclarado) el capítulo asociado al antisemitismo/judeofobia, es necesario hacer visible que, en toda la literatura sobre el Mosad puede leerse que existen los “sayanim” (Sayan es el singular). Este término es con el cual se designa al ciudadano extranjero –no israelí-- que voluntariamente proporciona asistencia, colaboración y/o interactúa con el Mosad.


9.      El actual diputado Waldo Wolff fue vicepresidente de la DAIA. Ese cargo supone la responsabilidad/coordinación con la embajada de Israel sobre aspectos de seguridad (únicamente) de aquellas organizaciones argentino-judías que específicamente mantienen contacto con la embajada de Israel. No todas las instituciones judías cuentan con ese vínculo colaborativo: sólo aquellas que respaldan las iniciativas generadas por Israel, más allá del tipo de gestión ideológico-gubernamental. Existe una gran cantidad de entidades argentino-judías que NO forman parte de este conglomerado, entre otras causas, porque no aceptan el vínculo acrítico con las políticas llevadas a cabo por los gobiernos de Israel.  


10.  Su tarea como vicepresidente de la DAIA –función de todos los vicepresidentes de dicha institución, no sólo de Waldo Wolff—  incluye/incluía el contacto funcional y permanente con los agregados militares y de seguridad de la embajada de Israel en la Argentina. Su tarea básica era/es compartir información vinculada con la seguridad de dichas instituciones afiliadas a la DAIA. El encargado y máximo responsable de interactuar con el área de seguridad –durante el periodo que fue vicepresidente-- era Waldo Wolff.

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