• 18 de julio de 2018, 9:16
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Un club de veras

Por Juan Roberto Presta

La lluvia fue una excusa y quizás la ocasión propicia para que se juntaran en el túnel de la estación Vélez Sarsfield (hoy Floresta) tres chicos Nicolás Marín Moreno, Julio Guglielmone y Martín Portillo, los tres con muchas ganas de jugar al fútbol y armar “un club de veras”, con sello de goma y papelería y jugar en canchas marcadas con líneas de cal y arcos con redes (un sueño para esos pibes, que hasta allí usaban piedras para hacer los arcos y la cancha era todo el potrero). Hasta allí los desafíos se hacían escribiendo en las paredes, en un barrio que según Marín Moreno era todo un gran potrero, con algunas casas desparramadas, así que lugar para jugar al fútbol no faltaba. Por eso esa tarde de lluvia que los dejó sin jugar fue fundamental porque marcó las bases y los tres se lo tomaron tan en serio que el 1 de enero de 1910 hicieron el acta de fundación del club Argentino de Vélez Sarsfield, que con el tiempo se convertiría en uno de los clubes más importantes de la Argentina y que le diera al fútbol el considerado mejor dirigente de la historia: Don José Amalfitani o Don Pepe, el tano como lo conocían todos.

El primer año de vida fue tumultuoso, por el deseo de jugar y por la falta de dinero para poder hacerlo, hasta que en 1911 se consiguió una solución al lograr el sponsoreo de la “Librería del Colegio”, donde trabajaba Antonio Marín, uno de los hermanos de Nicolás y de Plácido (el mayor) quien padeció todo ese año siendo tesorero de la miseria. La Librería les daba una subvención mensual de 30 pesos a cambio que en el equipo jugarán algunos de sus empleados. En una asamblea se decidió cambiar el nombre de Argentino de Vélez Sarsfield por Librería del Colegio Atletic Club, pero como la liga no les permitió inscribirse con una marca comercial volvieron al antigüo.

En 1912 dejan la liga, luego que no les permitan jugar una final de tercera división y se afilian a la Asociación Argentina de Football (la predecesora de la AFA), ese año juegan 6 meses en tercera división y ascienden a segunda y ya en 1913 a Intermedia, ya no era “Argentinos de Vélez Sarsfield” sino simplemente Club Atlético Vélez Sarsfield denominación que sigue hasta la actualidad. Asciende a primera en 1919 y en 1927 sigue en esa división cuando se fusionan las dos asociaciones amateurs. Es uno de los 16 equipos que funda la Liga Profesional en 1931 y sufrió su único descenso en 1940, pero estuvo 3 años en segunda división.

En su peor momento en 1941 fundido y en segunda división aparece en escena Don José Amalfitani, quien ya había sido presidente entre 1923 y 1925, “El tano” aunque había nacido en Buenos Aires en 1894, era de una familia que tenía un corralón de materiales, por lo que se lanzó a la reconstrucción del club. Lo primero que hizo fue avalar con su patrimonio personal un préstamo de 40 mil pesos para que el club no vaya a remate y después hizo la mudanza del “Fortín de Villa Luro” a unas tierras en Liniers, linderas a la Avenida General Paz que se estaba construyendo y que según dicen Don Pepe aprovechó para “desviar camiones de tierra” que iban a formar el terraplén de la Avenida para rellenar los terrenos que en su mayoría eran bañados.

En 1943, con un hijo dilecto de la casa como técnico, Victorio Spinetto consigue la vuelta a primera, ya en Liniers donde ladrillo a ladrillo fue construyendo uno de los clubes más importantes de la Argentina, un club con deportes y educación, ya que hasta tiene su propia Universidad. “Una fábrica donde trabajan mil obreros”, me la definió alguna vez otro buen presidente que tuvo Vélez que fue el arquitecto Antonio Pérez.

 

Con el crecimiento del club llegan los éxitos deportivos viene un subcampeonato en 1953, un tercer puesto en 1965 y el campeonato Nacional en 1968, que Amalfitani alcanza a ver en vida, ya que fallece en 1969.

Luego de más de 20 años con campañas irregulares y con campeonatos que se les van de las manos en 1993 logra su segundo título al ganar el torneo Clausura de la mano de Carlos Bianchi (había dado sus primeros pasos como jugador en el campeón de 1968) como entrenador y Ricardo Petracca en la presidencia. Es hombre clave de la dirigencia Raúl Gámez, que después sería presidente varias veces porque lo fue a buscar a Bianchi a Francia, donde estaba radicado. Gana Apertura 1995, Clausura 1996 y Clausura 1998 en su período más brillante donde logra la Copa Libertadores de América 1994 y la Intercontinental el mismo año, sumando dos años después la Supercopa, la Interamericana y la Recopa Sudamericana. En el siglo XXI obtiene cinco títulos más a nivel local (Clausura 2005; Clausura 2009; Clausura 2011; Inicial 2012/13 y la Superfinal de esa temporada en 2013). En los últimos años transita por un período de mitad de tabla hacia abajo, pero se mantiene en primera.

Los primeras camisetas fueron blancas, porque estaban al alcance de todos y cada uno aportaba la suya, en 1912 se cambian por camisetas azul marino, pero en 1913 ingresan diez nuevos socios de familias italianas (entre ellos José Amalfitani) y se decide que los colores sean la bandera de Italia en rayas verticales rojo, blanco y verde. En 1929 un comerciante les ofrece un juego de camisetas blancas con la “V” azulada en el pecho, que un equipo de Rugby nunca retiró y las compran, adoptándolas como sus nuevos colores.

En una galería de ídolos habría que empezar por Victorio Spinetto (primer defensor goleador y luego el técnico que lo llevó a primera) y seguir con Juan José Ferraro, Miguel Rugilo (el león de Wembley); Daniel Willington, Juan Carlos “Pichino” Carone, Carlos Bianchi (como goleador histórico del club con 206 goles y luego técnico multicampeón); Pedro Larraquy, José Luis Chilavert, Omar Asad, José “Turu” Flores y actualmente Fabián Cubero, quien tiene el récord de partidos jugados, superando largamente los 500.

Pensar que los muchachos que se encontraron en el túnel de la estación querían hacer un “club de veras” y vaya si lo lograron.

 

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