• 18 de noviembre de 2018, 3:37
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Todo volvió a su normalidad

Por Eduardo de la Serna

 

 

 

Antes de empezar, y para evitar malas interpretaciones, entiendo que algo es “normal” en cuanto se ajusta a una “norma”. No es el caso – aquí – evaluar si acuerdo o no con ella, aunque, espero, quedará claro. Normal no es, por lo tanto, necesariamente bueno, sino acorde a lo normado.

 

Es normal que volvamos al FMI. Desde el derrocamiento de Perón en 1955 la dictadura nos “integró al mundo” y desde entonces fuimos “asociados” a tan ejemplar institución de los pueblos libres. Es normal que tengamos un gobierno de derecha si desde 1955 apenas tuvimos ligeros “veranitos de San Juan” que no llegaron a primavera (para seguir con las metáforas climáticas a las que tan afecta es la derecha desde que había que “pasar el invierno” a las tormentas y heladas del macrismo). Es normal que las Fuerzas Armadas vuelvan a las calles porque hay enemigos internos que no debemos descuidar, ya que todos sabemos que – por ejemplo – hay infiltrados mapuches entrenados por los kurdos venezolanos con ideología camporista (si hasta recuerdo que en la pasada dictadura estaban prohibidos nombres mapuche para los hijos por ser considerados “extranjeros”). Es normal que nos pidan DNI por las calles, que bajen de los colectivos a jóvenes con cara de peligrosos terroristas. Es normal la alianza, que es para el progreso, con los EEUU y sus amigos que nos defenderán de cualquier amenaza externa o interna (salvo que se trate de los ingleses, pero esa es otra historia). Es normal tener deuda externa desproporcionada así nos sabemos acompañados y queridos por los hermanos mayores. Es normal que, salvo unos pocos, el episcopado esté callado ante los dolores de los pobres y las víctimas, o que tenga injerencia en las decisiones y leyes de todas, todos y todes. Es normal un poder judicial cercano y amigo de los poderosos y que cuando los “patroncitos” están un poco alicaídos raudamente citen a declarar a los adversarios para desviar la mirada o el “ángulo de la información”. Es normal que haya una sola voz en los Medios de Comunicación porque la pluralidad de voces alienta la subversión y la disolución nacional. Es normal todo eso. Porque esa es “la historia oficial”, todo lo demás es subversión, o grieta, o 678.

 

Por eso es normal que “vuelva” La Nación con su prédica y doctrina a decirnos qué es ser cristiano (es un diario occidental y cristiano, normalmente), quiénes son buenos cristianos y quienes no. La reciente editorial sobre Enrique Angelelli es una obra de arte de lo “normal”. Hay una Iglesia de ayer y de hoy que no es lo que debiera ser. No es como debiera ser. La Nación es el paradigma de lo que es el periodismo, lo que es la patria, lo que es la historia y lo que es la Iglesia. Extra Mitre nulla salus (fuera de Mitre no hay salvación). Es cierto que hay algunos anormales, enfermitos, que con tenerlos encerrados para que no contagien sus virus la sociedad quedará normalmente tranquila. Al fin y al cabo, durante 12 años nos fueron vacunando para crear anticuerpos antipopulistas y por fin saber que no era normal tener calefacción, no era normal tener un celular y no es normal pensar demasiado. Para eso están los que saben. Normalmente hacen las cosas bien. Por suerte la norma ha vuelto. ¡La Nación ha vuelto!

 

 

Foto de tapa: https://www.taringa.net/posts/offtopic/6116545/Tapas-de-diarios-y-revistas-en-la-dictadura.html

Fuente: Blog de Eduardo de la Serna

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