• 14 de agosto de 2018, 22:32
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Terra nullius, los territorios sin dueño

Por Astrid Portero

El concepto de terra nullius ha tenido varios significados a lo largo de su Historia. Si bien ahora se usa para hablar de esos poquísimos lugares del planeta que siguen sin dueño, en su momento también se usó para reclamar territorios a los nativos de otros lugares en nombre de reinos y metrópolis muy lejanas.Terra nullius significa, literalmente, en latín ‘tierra de nadie’. Esta expresión se usa para referirse a trozos de tierra que no pertenecen a ninguna persona, Gobierno o institución. No están bajo la soberanía de nadie. Como concepto jurídico, no debe confundirse con no man’s land, traducido al español también como ‘tierra de nadie’, pero referido en un conflicto bélico al terreno situado entre dos fuerzas combatientes no ocupado de forma permanente por ninguna de las dos.

Declarar un territorio terra nullius conlleva una idea de fondo importante: si no es de nadie, puede ser reclamada por un Estado soberano o en su nombre. Esta fue la idea que se usó desde Europa para muchos procesos de colonización: declarar los territorios de los indígenas o las colonias como lugares no ocupados al no existir derechos de propiedad sobre ellos; consecuentemente, el Estado o reino que los descubría podía ocuparlos legalmente. La trampa de este concepto reside, sin embargo, en que, si los colonos consideraban que esas tierras no estaban ocupadas, no era porque no lo estuvieran realmente. Las consideraban no ocupadas porque no reconocían al otro interlocutor en la disputa; se cumplía así una y otra vez la primera norma del colonialismo: que uno dicta las normas y al otro no le queda más remedio que acatar.

El concepto jurídico de terra nullius tuvo —y sigue teniendo— especial importancia en la Historia de Australia, especialmente la de los aborígenes. Fue este el principio por el cual Reino Unido reclamó el territorio, con la interpretación torticera de que no solamente se podía considerar un “territorio vacío”, sino también “desprovisto de cualquier sociedad civilizada”, una idea bastante subjetiva y ambigua. La visión de los aborígenes como bárbaros o incivilizados daba a Reino Unido, a ojos del imperio, cualquier derecho de reclamar la tierra como suya.

Hasta 1970 esta fue la idea fija, pero comenzó a surgir el pensamiento de que ciertas tierras australianas no habían sido reclamadas por estar vacías: habían sido arrebatadas a los nativos del territorio. Abierta esta vía, quedó abierta la posibilidad de que los aborígenes reclamaran la devolución de esas tierras, originariamente suyas. La más famosa de estas reclamaciones fue el caso Mabo, decisión en la que el Tribunal Supremo de Australia declaraba inválido el concepto de terra nullius, y confirmaba que los derechos originales nativos sobre la tierra prevalecían. Gracias a este fallo de la justicia, en un proceso que duró alrededor de diez años, el pueblo meriam recuperó sus derechos sobre la isla Murray y otras islas y arrecifes de alrededor, en el estrecho de Torres.

Bir Tawil, un reino para una princesa

La idea subyacente del concepto sigue siendo la misma en la actualidad: las tierras de nadie son territorios que no pertenecen a la soberanía de ningún país y que, por lo tanto, son susceptibles de que cualquier Estado los reclame como suyos en algún momento. Sin embargo, por diversos motivos —entre ellos, que son territorios aparentemente sin interés estratégico o, en otros casos, que desatarían un conflicto internacional indeseado—, estos territorios continúan, en la actualidad, libre de dueños.

Es el caso de Bir Tawil, una porción de tierra que se sitúa en la frontera entre Egipto y Sudán y que ninguno de los dos reconoce como suyo ni reclama. El estatus de este pedazo de desierto es, cuando menos, curioso: ninguno de los dos países lo reconoce como suyo, pero sí lo reconoce como parte del vecino. Así, el trozo de tierra está inmerso en un vacío legal que impide que entre ningún otro país u organización. El hecho de que este trozo de tierra sea motivo de disputa —porque ninguno de los dos países lo quiere— tiene fines económicos detrás.

Desde la independencia de Sudán en 1956, lo que se conoce como el Triángulo de Halayeb, al este de Bir Tawil, ha sido causa casi constante de conflicto por su control. En 2000 Sudán retiró sus tropas de la zona —ocupada en 1958 por las tropas egipcias de Náser— y cedió el control, aunque no la soberanía, a Egipto. Sin embargo, en 2004 se descubrió la existencia de petróleo en Halayeb, lo que ocasionó que Sudán reclamara de manera inmediata la soberanía del lugar. Y en este juego de soberanías se encuentra Bir Tawil: reconocer la soberanía sobre el trozo de desierto implicaría, automáticamente, que el Triángulo es para el vecino. Y hay petróleo en juego.

Para ampliar“Escalada de tensiones al oeste del mar Rojo”, Juan Bautista Cartes en El Orden Mundial, 2018

Ampliación de la frontera entre Egipto y Sudán. La línea discontinua muestra parte de la frontera administrativa que Egipto dio a Sudán antes de su independencia. Fuente: Business Insider

Este territorio olvidado tuvo su momento de fama en 2014 cuando el estadounidense Jeremiah Heaton plantó una bandera, reclamó el territorio como suyo —bajo el nombre de Reino de Sudán del Norte— y se declaró “rey del desierto”, lo que convertía a su hija en princesa; de esta manera, quedaba cumplida una promesa que Heaton había hecho a su hija tiempo atrás. Más allá de lo anecdótico de la situación, Bir Tawil sigue sin pertenecer a nadie y ningún país ha reconocido la soberanía de Heaton sobre el lugar.

Gornja Siga, terra nullius con embajada

Más curioso resulta el caso del trozo de tierra sin dueño aparente en la frontera entre Croacia y Serbia, que en algunos mapas aparece con el nombre de Gornja Siga y que desde 2015 algunos llaman Liberland. Este lugar, de aproximadamente siete kilómetros cuadrados, se trata de un vacío fronterizo entre Serbia y Croacia desde las guerras yugoslavas. Si bien algunos terrenos sí fueron motivo de disputa entre ambos países —como la isla de Vukovar—, otros, como Gornja Siga, han permanecido a la sombra en los mapas y en las Administraciones de los dos Estados.

La proclamación de Liberland no fue tomada en serio por ninguno de los dos países fronterizos, mucho menos por el resto de la comunidad internacional. Sin embargo, Liberland inauguró su primera embajada en enero de 2018 en Tenerife (España) y el presidente de esta micronación, Vít Jedlička, se ha reunido con varios economistas en busca de pagos dentro de su territorio a través de las criptomonedas. A pesar de esto, Liberland solamente ha sido reconocida por Somalilandia, otra suerte de país que no ha obtenido ningún tipo de reconocimiento internacional.

El origen de toda esta historia se encuentra en las variaciones que realiza en su curso el río Danubio, que, como ocurre en muchos otros países, actúa de frontera natural como un límite que se ha convertido en político. Estas variaciones fluviales producen trozos de tierra que reclaman Serbia y Croacia; sin embargo, el lugar donde se asienta Liberland no ha sido reclamado por ninguna de las dos, aunque lo administra Croacia en la actualidad. Gornja Sinja sigue siendo en la actualidad, a pesar de la declaración de Liberland, otra tierra de nadie.

Territorios disputados —en verde— y sin reclamar —en amarillo— en la frontera entre Serbia y Croacia. Fuente: Politico

Marie Byrd, el mayor territorio sin dueño

El Tratado Antártico de 1959 —en vigor desde 1961— congeló de forma indefinida cualquier posibilidad futura sobre la soberanía de la Antártida. Entre otras cosas, el tratado, al que se han acogido la mayor parte de los países de la comunidad internacional, deja claro que el territorio de la Antártida es de interés para toda la humanidad y que, por tanto, solamente puede ser utilizado con fines pacíficos o científicos; nunca podrá ser, pues, escenario de un conflicto bélico o disputa territorial. A través del diálogo y la cooperación, la importancia del uso de este territorio para fines pacíficos ha hecho de la Antártida un caso único en el mundo de compromiso entre países con intereses distintos, pero con un enfoque común. El requisito, además, de que sea necesaria la unanimidad para cualquier tipo de modificación del tratado hace que sea realmente difícil que se fuerce un cambio de sus bases.

Para ampliar“¿De quién es la Antártida?”, Adrián Albiac en El Orden Mundial, 2013

Este acuerdo ha generado que, durante muchos años, muchos se refieran a la Antártida en su conjunto como terra nullius. Al existir una base firmada que prohíbe cualquier tipo de disputa territorial y establece su uso exclusivo para fines pacíficos, podría decirse que la Antártida es de todos y de nadie al mismo tiempo. Sin embargo, el acuerdo que se firmó distingue entre varios grupos de países; uno de ellos lo componen aquellos Estados que ya habían reclamado la soberanía de algunas partes de la Antártida antes de la firma del tratado, como Noruega, Argentina o Australia. En sí, el acuerdo no resta derechos a estos países: la soberanía reclamada les sigue perteneciendo. Pero en la práctica no pueden hacer uso de ella siempre y cuando suponga la existencia de algún conflicto bélico, disputa territorial o maniobras militares.

Reclamaciones en la Antártida conforme al Tratado Antártico.

No obstante, existe un lugar en la Antártida que, según la definición estricta del concepto, sí es un claro ejemplo de terra nullius: la Tierra de Marie Byrd. Esta porción de hielo, que se encuentra entre la barrera de hielo de Ross y el mar homónimo, es la superficie del planeta más extensa sin reclamar por ningún país: 1,61 millones de kilómetros cuadrados de hielo y desolación. Debido a la lejanía del lugar —incluso para lo lejos que se encuentra ya de por sí la Antártida— y a lo inhóspito del territorio, la Tierra de Marie Byrd se encuentra libre, oficialmente, de cualquier tipo de reclamación territorial sobre ella. Se encuentra dentro del Tratado Antártico, pero ningún país ha pretendido incluirla dentro de sus fronteras ni antes ni después de la firma.

La conquista de las tierras de nadie

En la actualidad se ha puesto de moda la publicación de atlas singulares que recogen lugares de todo tipo: lugares malditos, países que no existen, islas remotas, lugares soñados, ciudades perdidas, etc. Sin embargo, la publicación de un atlas que recogiese todos los lugares que, en la actualidad, no pertenecen a nadie resultaría una publicación bastante pobre: existen pocos trozos de tierra en el mundo que no hayan sido reclamados para beneficio de algún país.

La idea romántica e idealista de que el planeta es de todos y para todos resulta una utopía en manos de las fuerzas políticas; ni las fronteras son naturales ni la tierra pertenece a la humanidad en su conjunto. Las porciones del planeta siempre casi siempre pertenecen a alguien. Y es esa idea, la de la posesión y conquista, la que subyace a la Historia del ser humano. Terra nullius es un concepto jurídico que apela a la idea de que, si el territorio está vacío, se puede reclamar, pero también recoge la idea de que la Historia la escriben los ganadores.


 Imagen por satélite del planeta Tierra. Fuente: NASA.

Fuente: El Orden Mundial

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