• 20 de junio de 2018, 17:32
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Subte

Por Hugo Paredero


            Viajar en subte a la tarde en hora pico es insoportable para muchos, pero una oportunidad sagrada para sexópatas y pungas. Poner el cuerpo y usar las manos: dos métodos, dos objetivos, el mismo viaje. ¿Qué habrá más en este coche, pungas o sexópatas? Calor, olores, roces obligados. En cada estación sube más gente de la que baja. Inés quería tomar un taxi y se mufó con su marido, Osvaldo, por eso mira para otro lado. Él traspira, pero su procesión va por abajo, ocurre que está consiguiendo una erección como hacía años gracias a la mano intrépida de un hombre de anteojos que mira hacia otro lado, actuando que piensa algo lejano. ¡Uy, ahora se la aprieta! No, no, basta. Aturdido por la situación, Osvaldo consigue girar, apenas, de tal modo que ahora su miembro erecto da sobre la mano de su mujer, que reacciona como ante un milagro. Inés sonríe desenojada, le da un besito, empieza a festejar. En la próxima bajan...

Foto: Clarín

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