• 14 de agosto de 2018, 22:32
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Sampaoli es el menor de los culpables

Por Juan Roberto Presta


El Mundial de Rusia pasó como una nueva decepción para el fútbol argentino que encontró como chivos expiatorios al director técnico Jorge Sampaoli y a Lionel Messi y su “club de amigos”, cuando en realidad el resultado era lógico por la actualidad de los jugadores de la selección argentina y por la desorganización que vivió este proceso, en el que hubo,  entre otras cosas tres directores técnicos en las eliminatorias y dos presidentes de AFA y un interventor.

Primero expliquemos que como está estructurado el fútbol en el Mundo es casi imposible que una selección que no sea europea gane los próximos Mundiales. El 90% de los jugadores de las principales selecciones sudamericanas están viviendo en Europa y es imposible para un técnico tenerlos más de 6 días por mes y con la condición que jueguen dos partidos amistosos internacionales en esas fechas, por lo que como dijo Alfio Basile en 2003: “Ya no somos más directores técnicos, sino seleccionadores, porque tenemos que elegir los jugadores y ponerlos en la misma posición que juegan en sus clubes, esperando que la química se dé sola y no fruto del trabajo que no podemos hacer”. Los jugadores llegan a la Argentina a jugar eliminatorias, tres días o a veces dos, después de un viaje en avión de 14 horas y en dos entrenamientos hay que saber si están bien para jugar. En cambio en Europa, la mayoría de los jugadores juegan en sus propias ligas o en otras que están a lo sumo a una hora de avión, por lo que los técnicos los ven seguido y saben en qué condiciones futbolísticas están.

Hecha esta salvedad hablemos del proceso argentino. Hasta su muerte en 2014, Julio Grondona fue amo y señor de la AFA durante 40 años, con un estilo personalista y hay que decirlo con una mente brillante, que no dejaba que ningún detalle se le escapara. Esto sumado a que era el vicepresidente de FIFA y el que manejaba la “guita” del negocio lícito más importante del Mundo. Grondona no dejó herederos, como buen caudillo, cada vez que un dirigente sobresalía, lo bajaba de un hondazo y contaba con la complicidad de su socio por muchos años Clarín para desprestigiar a cuanto enemigo se le ponía delante. Esto hasta que rompió con “el gran diario argentino” y pasó a ser un mafioso y un delincuente de la peor calaña. En AFA, Grondona se sentaba arriba de la caja y repartía los fondos en forma discrecional, favoreciendo a los amigos y callando a los enemigos. Todas sus decisiones, aún las más alocadas, como ese campeonato de 30 equipos en primera que dejó como herencia, salían por decisión unánime o con un solo voto en contra, porque el tipo sabía manejar el poder como ninguno, tanto que tres gobiernos lo quisieron voltear y terminaron siendo sus socios y amigos.

Por eso, después de la muerte de Grondona se produjo un cataclismo en AFA y su sucesor Luis Segura abrió la caja para todos. Hubo caja libre y una financiera que compraba los cheques llevándose pingües ganancias. Esto pasó por un 38 a 38 en una elección inédita, ya que había 75 votantes y 76 votos que le dio pie al Gobierno de Macri a meter la cuchara en la AFA (algo que con Grondona era imposible), lo hizo primero mediante la jueza María Servini de Cubría que con una denuncia imprecisa y falaz de Graciela Ocaña armó una causa por el destino del dinero de “Fútbol para Todos”, la idea era buscar “retornos” a los políticos, pero como no se encontraron empezaron a culpar a los dirigentes de no rendir cuentas con el dinero del estado, cuando en realidad el estado le había comprado a la AFA (que es un ente privado) los derechos de televisión del fútbol y lo que hicieran los dirigentes con ese dinero, no era de incumbencia del estado, ni de la justicia, a menos que los socios de los clubes (que son sus verdaderos dueños) denuncien a sus dirigentes por estafa o robo. Lo cierto que con eso asustaron a los que querían agarrar y prohibieron nuevas elecciones, por lo que la FIFA por intermedio de la Conmebol intervino la AFA. La Conmebol está presidida por el paraguayo Alejandro Domínguez, hijo del empresario Domínguez Dibb que fue socio de la familia Macri en varios negocios, por lo que la comisión normalizadora se armó desde la Casa Rosada, poniendo a Armando Pérez (que decía que Macri era su jefe) y al abogado de Boca, Javier Medín como vicepresidente. La Conmebol puso a la abogada Carolina Cristinziano, esposa del exfutbolista Gonzalo Belloso y asesora legal de empresarios vendedores de jugadores y se les coló el santiagueño Pablo Toviggino, que era el presidente del Consejo Federal y lo pusieron para tener representado al interior, sin pensar que terminó siendo un caballo de Troya. Pérez tenía como asesores (además de Santo Biasatti en prensa, donde puso a una señora de TN) a Fernando Marín (que era el presidente de Fútbol para Todos) y en las sombras a Fernando Niembro y ellos fueron los que ante la renuncia de Gerardo Martino (al que le debían 7 meses de sueldo y le negaban los jugadores para los juegos Olímpicos) poner a Edgardo Bauza de técnico, un entrenador sin nivel para la selección argentina, a pesar de haber sido campeón de la Libertadores con San Lorenzo.

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