• 26 de mayo de 2018, 16:35
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Reencuentro

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Por Liliana López Foresi

Los que hayan seguido esta larga trayectoria, aunque sea por tramos, no necesitan que abunde. Aún en mis silencios –impuestos y/o elegidos- hay una postura, una manera de pararse ante el mundo y de “hacerse voz”. Los que no la conozcan, pues, mucho gusto por el encuentro.

Este sitio es una manera -una más- de comunicar en uno de los tiempos más oscuros del oficio profesado y, por tanto, convertido en mi profesión desde hace décadas. ¿Es necesario mencionar el más que obvio blindaje mediático?

Pues bien, tendrás actualidad pero no será ese el caracú de este hueso. Nunca me importó la primicia, quién lo descubrió, sino qué se hace con esa información y –sobre todo- cómo se la sostiene en el tiempo. El tiempo, ese modo de disciplinar con relojes desde el S. XIV y que hoy se percibe, se siente acelerado.
Independientemente de las razones físicas para que el día no tenga 24 horas más que en el reloj, pero lo vivenciemos como de 16, siempre hay quien se beneficie de nuestra perdida percepción del tiempo como variable que no se incluye en las teorías políticas, ni mucho menos en las económicas. Poco del bien más escaso y exceso de estímulos informativos, imágenes veloces, slogans, frases incompletas y machacosas, pérdida de sentido. Resultado: la dificultad creciente para elaborar, pensar y ni qué hablar de comprender. Estamos desinformados. Es tóxica la anestesia de la nada abundante. Sufrimos de exceso de vacío.

Sí, hay un cambio de paradigma epocal. Pero como ninguno de nosotros sabe con certeza con qué nos encontraremos al salir de este canal de parto, las especulaciones pueden servir para cenáculos y deliciosos momentos diletantes. Momentos de lujo postergable ante una realidad en emergencia de vida.

Haremos camino al andar. En el “haremos”, además de los amigos admirados y que muevan tus neuronas y corazón, te incluyo: qué querés leer; qué temas te interesan; lo sabés? Tu contacto y participación serán imprescindibles.

Vuelvo a vos de esta manera, en este muelle de esperas, reencuentros y adioses repetidos. Espero que seamos pródigos.

Foto tomada de desmotivaciones.es.

Editorial