• 26 de mayo de 2018, 16:38
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Paydita Evitista

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Por Hugo Paredero

Aquí me pongo a payar

al compás `el calendario:

pa´ estrañarla, no hay horario;

bajo su sol, nunca llueve…

¡Hoy cumple noventa y nueve,

Evita… la del sagrario!

 

Le tocó morirse joven,

y a la vez ser inmortal,

dejando abierto un caudal

`e amor y agradecimiento…

¡Diosa `e los Cuatro Vientos,

Alma Tridimensional!

 

Si dentro a lo personal,

y debo hablarles `e Evita,

ya la risa se marchita,

me viene gana ´e yorar,

tan sólo por ricordar

lo que Eya jue en mi vidita.

 

Primero, Dama del cuadro

colgao en la habitación:

Evita con Juan Perón,

`e áhi la casa gobernaban…

¡Cuánto más los contemplaba,

más me latía el corazón!

 

Dispués, la Santa nos daba

juguetes por todos laos,

éramos privilegiaos

los niños, por tanto amor…

¡Hasta que un día `e terror

nos quedamos enlutaos!

 

Yo tenía cuatro años

cuando Evita se murió,

mi mente ansí se enteró

que morirse es cosa `e todos…

¡Frente a eso no hay acomodo,

Mendieta, que lo parió!

 

Nosotros vivíamos lejos;

unas diez horas `e tren

`e mi pueblo hasta el andén

`el Once, por el Sarmiento…

¡Viaje `e entristecimiento,

lo rimemoro muy bien!

 

Mi padre y mi madre estaban

totalmente acongojaos;

yo, más bien sobreesitao,

por ver yorar tanta gente…

¡Parecían todos parientes

los pobres descamisaos!

 

Por ser yo privilegiao

hicimos cola cortita,

mate cocido y masitas

a los niños convidaban…

¡El cielo también yoraba,

por esa muerte maldita!

 

Hasta que la tuve a Evita

adelante `e mis ojos…

¡Pero no vi sus despojos,

sino una novia serena!

Angelito y Azucena,

-mis padres-, en infrarrojo…

 

Al lao `el cajón `e Evita,

que era todo de cristal,

estaba el gran General,

que me dio un beso en la frente…

¡Y me dentró una corriente

que evoco cual vendaval!

 

Cuando volvimos a Cuenca,

cargando esa nueva herida,

con La razón `e mi vida

papá me enseñó a leer…

¡Y Eva me enseñó a aprender,

todo lo que hoy en mí anida!

 

Áura los istoy dejando,

via seguir mi derrotero;

todos portando el caldero

que encendió la Capitana…

¡Se los firma, a salto `e rana,

Payador Perecedero!

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