• 26 de mayo de 2018, 16:28
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Nuestro fútbol

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Por Juan Roberto Presta

En esta columna vamos a contar varias historias, la mayoría de principios del siglo veinte y es la historia de los clubes de fútbol en la Argentina. El fútbol fue traído como consecuencia del pacto Rocca – Runciman por los empresarios y obreros ingleses que vinieron a construir el ferrocarril, fue promulgado en las escuelas que ellos mismos fundaron para la educación de sus hijos, pero después fue adoptado por los jóvenes argentinos, que veían en ese “juego de los ingleses locos” una forma de entretenerse superior a todas las conocidas hasta ahora.

Por eso la mayoría de los clubes de Argentina fueron fundados por adolescentes que “querían jugar a la pelota” y no por grandes dirigentes que querían le felicidad de su pueblo. Vamos a hablar de los cadetes de la tienda “A la Ciudad de Londres” que se “independizaron” formando Independiente, de los “forzosos de Almagro” que pactaron con el cura Lorenzo Massa ir los domingos a catecismo a cambio que les ceda los terrenos linderos a la parroquia para jugar al fútbol o aquellos soñadores poéticos que quisieron ponerle a un club “Verde esperanza y no pierde”, juntando romanticismo con pragmatismo.
También a aquellos revolucionarios políticos que intentaron llamar a sus clubes “Mártires de Chicago” ó “Libertarios Unidos”, aunque después se tuvieron que conformar con ponerle Asociación Atlética Argentinos Juniors y Club Atlético Colegiales, ante la negativa de la Asociación de inscribirlo con esos nombres.

Hablaremos de los chacareros acostumbrados a jugar en patas, que formaron la Asociación Mutual Atlético de Rafaela para poder comprar los botines y competir o los que ganaron a “los burros” y con el dinero fundaron el Club Atlético Platense, poniéndole el nombre del stud y los colores de la chaquetilla del jockey.

Todas esas historias que algunas veces contamos en los programas de Liliana López Foresi tanto en Radio Concepto como en Radio Del Plata y que muestran como muchachos, muchas veces sin posibilidades económicas se las ingeniaron para dejarle a la comunidad y a la historia clubes que ayudaron a la felicidad de muchos.

Chicos que tenían ideales y un gran sentido de la solidaridad, es sentido que da el fútbol donde sin el compañero no podés jugar, pero tampoco podés jugar sin los rivales. Ese deporte que se volvió “pasión de multitudes” como decía José María Muñoz, un relator que terminó siendo servil a una dictadura y que tenía una audiencia del 70% porque sabía más de pasiones que de ideología.
En este momento en que nos volvieron a quitar la televisación gratuita del fútbol y ahora quieren quitarnos los clubes para dárselos a emires árabes, empresarios chinos o rusos como hicieron en Europa, es bueno recordar que los clubes tienen dueños y que esos dueños son sus socios y que no pueden quedar al arbitrio de un señor que diga parafraseando a Héctor Ricardo García cuando compró Canal 11: “El club es mío y si quiero juega mi nene” o que se canse del “negocio” y lo quiebre como quebraron miles de empresas en el siglo y pico que tienen los clubes de fútbol y que no quebró ninguno. Porque la pasión y la ilusión no se quiebran.

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