• 19 de octubre de 2018, 2:31
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No se han detenido ni ante los sepulcros

Por Araceli Bellotta

Hace poco más de 60 años y con la idea de borrar a Juan D. Perón de la escena política, el gobierno de facto instalado en 1955 inició una campaña de desprestigio y persecución judicial en contra el depuesto presidente constitucional. Y en torno a cada denuncia armaban escenas muy parecidas a las que hoy “adornan” la investigación en contra de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Perón lo relata en su libro La fuerza es el derecho de las bestias. En esta parte se refiere a las joyas de Eva Perón, ropa y autos que exhibieron en la Residencia Presidencial.

“Luego, esa misma pobre prensa, amordazada por la tiranía, lanzó una nueva bomba: ´Perón acaparaba oro´, y se puso también en exposición las numerosas medallas y plaquetas de oro que el pueblo regaló al ´dictador´ por intermedio de sus organizaciones, sin duda porque era un tirano y se le aborrecía. ´¡Cincuenta kilos de oro!´, dijeron –sin aclarar, es claro, que se trataba de medallas. La cosa es calumniar, que siempre algo queda.

(…) De toda la propaganda de escándalo provocada por estos ´investigadores´ desaprensivos sobresale con características propias cuanto se refiere a las alhajas que pertenecieron a la extinta señora de Perón. En su afán de denigrarlo todo, no se han detenido ni ante los sepulcros.

De acuerdo con lo dispuesto en su testamento, las joyas de la señora de Perón tenían su claro destino. Unas provenían de obsequios que le hicieron durante su viaje por Europa; otras eran regalos de los gremios, de los amigos, etc. Ni ella ni Perón compraron jamás una joya, y eso se averigua pronto en las joyerías de Buenos Aires, que no son muchas y conocidas por todos.

Esas joyas estaban guardadas y a disposición de la Comisión del Monumento a Eva Perón, designada y costeada por suscripción popular, para servir de garantía a préstamos para la vivienda obrera, según lo dispusiera Eva Perón en su testamento, que fue leído en la Plaza de Mayo ante un millón de personas el 17 de octubre de 1952. A esos fines, las alhajas fueron inventariadas y valuadas por técnicos designados por la joyería Ricciardi, de Buenos Aires. De ese inventario y valuación, un ejemplar estaba con las joyas, y otro obra en poder de la Comisión del Monumento (ambos han sido ocultados por los ´investigadores´ con fines inconfesables). Según la valuación aludida, esas joyas podrían representar un valor máximo de trece millones de pesos. Ahora ellos han hecho una exhibición de alhajas, atribuidas a Eva Perón, de un valor de cuarenta a cien millones, según se ha publicado. El truco es simple: se agregaron joyas por un valor de 27 a 87 millones. Hemos visto algunas fotografías de la exposición, y no reconozco en ellas las joyas pertenecientes a Eva Perón, que conocía perfectamente. ¡Quién sabe qué joyerías habrán cooperado en esa superchería!

Luego, expusieron los trajes, los botines, las camisas y los calzoncillos del ex Presidente Constitucional. Esto también era fabuloso. Medio millar de botines (ni que el ex Presidente fuera un ciempiés); otro medio millar de trajes; dos o tres millares de camisas (según el diario que daba la noticia); otros millares de camisetas y calzoncillos. Todo Gath& Chaves, Harrods y Albion-House asociados.

Luego les llegó el turno a los automóviles del ex Presidente; nos dicen que eran siete, otros que eran diecisiete. Según datos de estos expertos ´tenientes investigadores´, se había informado, según declaraciones de un guardia aduanero, ya fallecido, que los autos que encontraron por la aduana serían veintisiete (parece que lo único constante es el siete).

Los autos que mostraron en la Residencia Presidencial fueron retirados de la Unión de Estudiantes Secundarios, Confederación de Estudiantes de Instituto Especializados y Yacimientos Petrolíferos Fiscales, en cuyos locales de exposición se encontraban, destinados a diversas pruebas deportivas y de aplicación estudiantil para los mejores estudiantes del año 1955, como se hacía todos los años. Las motocicletas y motonetas estaban en los depósitos para ser repartidas en las organizaciones estudiantiles del interior del país. Los automóviles habían sido regalados, a tal fin, por las casas Mercedes Benz, Ford Armando, Alfa Romeo, Lancia, Kaiser, Ferrari, Fiat, Tricerri, etc. Las motonetas eran obsequio de las casas Lambretta, NSU, Vespa, Paperino, etc.

Lo notable es que los investigadores los expusieron en mi casa, y se ´olvidaron´ de decir que los retiraron de los locales sociales antes mencionados. También faltan en esa cuenta más de diez automóviles que en los años anteriores entregué como premio de pruebas deportivas y a los mejores estudiantes, los que habían sido obsequiados por las casas importadoras.

Ellos no comprenden esto, porque si hubieran caído en sus manos los habrían vendido en vez de regalarlos, como vendieron, con enormes ganancias, lo que recibieron a precio de costo”. Continuará.

Mirá las imágenes de la exposición que el gobierno de facto armó en la todavía en pie Residencia Presidencial y que difundió en los noticieros de los cines con el título “El fabuloso Rey Creso”.

Fuentes:

  • Perón, Juan D. La fuerza es el derecho de las bestias. Instituto Nacional Juan D. Perón. Bs. As. 2008.
  • Video El fabuloso Rey Creso: https://youtu.be/7OIWyJpuy2
Fuente: Presente de la Historia

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