• 25 de septiembre de 2018, 10:43
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«MACRI: Orígenes e instalación de una dictadura mafiosa» -

Por Libro de Jorge Beinstein - Capítulos 1, 2 y 3

 Prólogo del autor (Noviembre de 2017) 


1. Una introducción necesaria. Orígenes y auge del poder mafioso en Argentina (Septiembre de 2017) 5

2. En torno del concepto de dictadura mafiosa (Septiembre de 2017) 9

3. Argentina en contrarrevolución accidentada (Abril de 2017) 15

4. Las lumpenburguesías latinoamericanas. Élites económicas y decadencia sistémica (Mayo de 2016) 21

5. Después del golpe blando (Abril de 2016) 27

6. Ilusiones progresistas devoradas por la crisis (Marzo de 2016) 34

7. Tiempos oscuros (Diciembre de 2015) 40

8. Los avatares de un sujeto casi inexistente. Democracia ilusoria y reproducción del sistema (Septiembre de 2015) 45

9. Economía de penuria y revuelta popular (Agosto de 2001) 48

10. La instalación hegemónica del parasitismo argentino (1981)

 

Prólogo del autor (Noviembre de 2017)


Entre la redacción de este prólogo (fines de Noviembre de 2017) y la del primer capítulo

del libro (Septiembre de 2017) han sucedido hechos que aceleran la tragedia argentina.

La estrategia gubernamental de control mediático concluyó exitosamente su primera

etapa: la liquidación del grupo Indalo a través de una venta forzada (combinación de

presiones fiscales y judiciales siguiendo el estilo mafioso ya clásico del régimen) y de esa

manera el apoderamiento de canales de televisión como CN23 o C5N (el más importante

canal de televisión con perfil opositor), radios de gran alcance como Radio 10, diarios (por

ejemplo “Ambito Financiero”), portales de noticias, productoras, editoriales, etc. Los

grandes medios de comunicación ya han sido devorados. Luego del barrido grueso

seguramente comenzará dentro de no mucho tiempo el barrido fino de medios de

comunicación de menor envergadura (radios y canales de televisión locales, editoriales y

otras vías de información popular) para ello seguramente profundizarán y extenderán las

técnicas ya en curso (coacción física, arbitrariedades policiales y judiciales, etc.). El

objetivo es la conformación de un sistema comunicacional completamente regimentado no

al estilo de las viejas dictaduras militares sino siguiendo el nuevo esquema flexible y

embrutecedor de la era de la Guerra de Cuarta Generación (desintegración cultural de la

población combinada con manipulaciones puntuales de alta intensidad).

También apareció el cadáver de Santiago Maldonado confirmando así su asesinato

ejecutado por la Gendarmería Nacional actuando bajo ordenes de la Ministra de

Seguridad, Patricia Bullrrich (evidentemente por encargo del presidente) y de su Jefe de

Gabinete, Pablo Noceti quien en el pasado se había destacado como abogado defensor

de militares genocidas1. La cacería racista contra el pueblo mapuche continuó sin tomarse

siquiera un respiro luego del asesinato de Maldonado y hacia fines de Noviembre logra

nuevas víctimas. El asesinato de Rafael Nahuel, cometido por la Prefectura Naval,

nuevamente bajo ordenes directas del Ministerio de Seguridad, expresa mucho más que

el ensañamiento del gobierno contra el pueblo mapuche, lo que a comienzos de 2016 se

presentaba como un régimen de CEOs, ladrones de alto vuelo y guante blanco, comienza

a mostrar su esencia criminal, los hábitos sanguinarios de la mafia se van instalando en

medio de la podredumbre del país burgués, renace el terrorismo de estado.

La ola represiva no hace más que comenzar, el círculo superior del Poder sabe muy bien

que la intoxicación mediática tiene rendimientos decrecientes a medida que el desastre

económico y social se va profundizando, la perdida de eficacia de ese instrumento

requerirá cada vez más del empleo de la fuerza bruta. En estos días fue conocida la

información de que el Grupo Halcón de la Policía de la Provincia de Buenos Aires había

realizado un viaje de entrenamiento a los territorios palestinos ocupados por Israel, allí

recibieron capacitación israelí en técnicas represivas contra la población civil             

 

2.

 

1 Pablo Noceti “es abogado y hasta su designación en el Ministerio de Seguridad, era uno de los

abogados del estudio de Alfredo Battaglia y Luis Fernando Velasco, que se dedica a ejercer la defensa

de represores acusados por crímenes de lesa humanidad en distintas provincias, y también lo hizo en

Entre Ríos. Battaglia, por ejemplo, fue defensor del dictador Leopoldo Fortunato Galtieri…. Noceti fue

defensor de Naldo Miguel Dasso, ex jefe del Regimiento de Concordia entre 1975 y 1977, condenado a

prisión perpetua por el secuestro de cuatro personas y las desapariciones forzadas de Sixto Francisco

Zalasar y Julio Alberto Solaga, delitos cometidos en el marco del “segundo genocidio nacional”, como lo

calificó el Tribunal Oral Federal de Paraná en su sentencia”, Análisis Digital, 15/08/2017, “Noceti, el

defensor de genocidas que estuvo al frente de la represión en la que desapareció Santiago Maldonado”,

http://www.analisisdigital.com.ar/noticias.php?ed=1&di=0&no=259548

2 “El grupo especial de la Policía Bonaerense denominado grupo Halcón viajó a territorios palestinos

ocupados para recibir una capacitación… en prevención, disuasión, planificación y ejecución de

ataques. Asimismo se capacitaron en conocimiento de explosivos, preparación física y mental de policía

de elite” según la información oficial disponible. Resumen Latinoamericano /ANRed/ 21 noviembre 2017,1

 

Respaldados por el gobierno, servicios de inteligencia de Estados Unidos como la CIA y la

DEA o la Mossad de Israel han penetrado en profundidad no solo en las estructuras de

inteligencia, policías y sistemas de seguridad interior en general sino también en áreas

políticas como el Ministerio de Relaciones Exteriores. La DEA, por ejemplo, especializada

en el tráfico de drogas, tiene una actuación destacada en países como Paraguay,

Colombia, México… y Argentina. El control de ese tráfico (y no su eliminación) le permite

manipular a políticos, empresarios, policías y otros para utilizarlos en sus diversas

operaciones coloniales. En el caso argentino, la asociación entre servicios

estadounidenses, israelíes y europeos ha logrado en estos dos últimos años no solo la

consolidación o reconquista de espacios de influencia anteriores sino además avances

notables en áreas políticas y militares del estado de gran importancia estratégica3.

Por otra parte aprovechando su buen resultado electoral el gobierno avanzó rápidamente

en su ofensiva intimidatoria contra la oposición poniendo en prisión (show-linchamiento

mediático mediante) al ex Vicepresidente Amado Boudou y al ex Ministro de Planificación

Julio De Vido al mismo tiempo que lanzaba iniciativas de “reformas” laboral, previsional y

fiscal que iban mucho más lejos en la agresión a trabajadores y jubilados que lo que

habían logrado gobiernos civiles derechistas como los de Menem y De la Rua o la última

dictadura militar, transfiriendo suculentos beneficios a los grupos económicos más

concentrados.

Tampoco estuvo ausente el espacio ya bombardeado del poder judicial, prosiguió la

limpieza de magistrados fuera de control como la Procuradora General de la Nación Gils

Carbó o los jueces Freiler y Arias. La mafia necesita de manera urgente disciplinar

completamente a ese sector no solo para poder utilizarlo de manera cómoda en sus

acciones represivas sino también para amortiguar la ola ascendente de descubrimientos

de sus negocios ilegales, desde los Panamá Papers hasta el affaire Odebrecht4, pasando

por innumerables casos de corrupción que involucran a la casi totalidad del gobierno.

 

Avanzando a toda máquina

Luego de dos años de avance sistemático la sombra de la dictadura mafiosa se extiende

ahora sobre el conjunto de la sociedad argentina, una pequeña camarilla concentra los

tres poderes del estado así como los poderes económico y comunicacional, lo que resta

fuera de su alcance se presenta como un abanico de fuerzas impotentes ante la

aplanadora del régimen. El bloqueo completo del sistema institucional podría ser logrado

próximamente si Macri consigue imponer el voto electrónico, la farsa electoral coronaría el

show macrista. Como en los viejos tiempos de la dominación oligárquica la soberanía

popular, hoy bastardeada por la conjunción mediática-judicial, sería totalmente anulada

por el fraude.

“El grupo Halcón de la policía argentina se entrenó en territorios ocupados palestinos”,

http://www.resumenlatinoamericano.org/2017/11/21/el-grupo-halcon-de-la-policia-argentina-se-entrenoen-

territorios-ocupados-palestinos/

3 “Varias fuentes señalan que, concretado el triunfo (de Macri) en las elecciones presidenciales, estas dos

embajadas (las de Estados Unidos e Israel) dieron nombres para la conformación del Gabinete

Nacional. La norteamericana habría “sugerido” a Susana Malcorra para conducir la política exterior

argentina, y la israelí habría “pedido” que la titular del Ministerio de Seguridad sea Patricia Bullrich. Las

políticas llevadas adelante desde cada una de estas Carteras tienden a confirmar esas apreciaciones”.

Héctor Bernardo, “, "La seguridad argentina en manos de Israel y la Mossad", Contexto, Nov 19, 2016,

http://www.diariocontexto.com.ar/2016/11/19/la-seguridad-argentina-en-manos-de-israel-y-la-mossad/

4 “Revelan que Mauricio Macri es socio de Odebrecht”, Ámbito Financiero, domingo 6 de Agosto de

2017,http://www.ambito.com/892596-revelan-que-mauricio-macri-es-socio-de-odebrecht2

 

Sin embargo el ascenso de las acciones represivas que culminaron con la captura y

asesinato de Santiago Maldonado o la sucesión de atropellos a docentes, discapacitados

y jubilados no afectaron a su base electoral, el bombardeo de los medios de comunicación

alcanzó para preservarla.

Se trata de un fenómeno novedoso, dictatorial pero civil y adornado con títulos

constitucionales, esgrimiendo su origen “democrático” (evidentemente impuesto por una

gigantesca manipulación mediática). Heredero de la euforia gorila de 1955 que reunió a

clases medias y altas rodeando a los militares golpistas, aparentemente extinguida pero

reapareciendo luego de una prolongada latencia, escondida en lo más profundo del alma

de la derecha argentina y heredando también la obsesión antisubversiva de 1976, prima

hermana de lo anterior.

En suma una dictadura que ha podido instalarse sin sacar los tanques a la calle,

exhibiendo buenos modales que de todos modos no pueden ocultar su incultura

(subcultura primitiva de la lumpenburguesía). Respaldada por masas clasemedieras

excitadas no solo contra los pobres (como sus ancestros gorilas) sino también contra el progresismo y su espacio cultural considerado una cueva de ladrones y transgresores por sus hipnotizadores mediáticos a los que aún obedecen arrastrando en el delirio a fragmentos importantes de la clases bajas. Y como otras veces combinando cínicamente moralismo discursivo, cruzada retórica contra la corrupción, con robos descomunales y demás delitos flagrantes presentados como sinceramientos, ajustes necesarios o simplemente negocios normales.

Mezcla neofascista del siglo XXI cuyos conductores juegan al pocker al borde del abismo,

inflando sin cesar una burbuja financiera destinada a estallar.

Nunca antes los argentinos habían conocido algo parecido, la irrupción de un régimen civil

dictatorial ejercido directamente por el nivel superior del poder económico aparece como

un hecho sorprendente.

Lo que presenta la historia nacional es una larga sucesión de gobiernos populares

estratégicamente débiles, dictaduras militares más o menos sanguinarias y gobiernos

civiles conservadores inestables bajo el control de la élite empresaria y en ciertos casos muy presionados por el poder militar. La secuencia confirmaba la permanencia del círculo vicioso del subdesarrollo cuya dinámica logró finalmente producir un salto cualitativo monstruoso. Ya que mirando hacia atrás podemos comprobar que ese proceso degradaba

más y más a la estructura social en su conjunto, engendraba y expandía tendencias

destructivas no solo a nivel de las élites dominantes, que se iban transformando en

bandas depredadoras, sino también de amplios sectores de las clases medias

encandiladas por los de arriba y acumulando desprecio hacia los de abajo. Barbarie que

se fue extendiendo hacia las clases bajas fragmentadas por décadas de

desindustrialización, donde se acentuaban las diferencias entre los integrados y los

marginales, donde la mayor parte de los aparatos sindicales pasaron a ser las plazas

fuertes de burócratas sumergidos en el delito. La mansedumbre de los jefes la CGT ante

las arremetidas del gobierno contra los asalariados se explica no solo por la proximidad

ideológica entre ambos sino también, principalmente, por la vulnerabilidad judicial de los

burócratas.

La élite mafiosa fue imponiendo decisiones que perjudican a la inmensa mayoría de la

población, pero esa mayoría objetiva está escindida entre quienes reaccionan y se

defienden (sin atreverse, por ahora, a traspasar los límites que les fijan sus verdugos) y

los que festejan estúpidamente a los bandidos que les roban. Dentro de este último sector

podemos diferenciar a quienes la euforia fascista les hace privilegiar el odio social por

sobre el deterioro concreto de su situación material, de los que consiguen mantenerse a


 

flote, como frágil clase media, transfiriendo el daño recibido hacia otros más débiles que

ellos.

Neofascismo periférico del siglo XXI, novedoso y entonces difícil de describir empleando

esquemas conceptuales del pasado. Asistimos a una gigantesca crisis de percepción

donde lo evidente se hace invisible. El sector derechizado de la población celebra la

derrota del “populismo”, vota contra el “populismo” mientras la nave en la que está

embarcado se encamina hacia el desastre financiero y sus inevitables tragedias sociales.

Frente a ello el grueso de la oposición aparece dominada por una suerte de droga

pacificadora que le impide reconocer la realidad, se aferra a los mitos de una

institucionalidad podrida, quiere creer que la dictadura mafiosa es una democracia

“restringida” o “de baja intensidad” o “condicionada” o “burguesa” según la inclinación del

observador. Pero se niega a reconocer a la dictadura como dictadura ni a su naturaleza

mafiosa, decadente, como un aspecto decisivo, irreversible de la alta burguesía argentina

y en consecuencia de la cultura dominante penetrando en un amplio abanico de

jerarquías sociales inferiores.

Porque hacerlo significa sacar los pies del plato, romper con el sistema, postular una

resistencia popular que apunte hacia la transformación (democratización) profunda de la

sociedad, regenerada sobre la base de la erradicación del poder elitista, de sus

estructuras mediáticas, institucionales, financieras, agrarias, industriales, de los lazos de

sometimiento colonial.

El de Argentina no es un caso aislado, en América Latina asistimos a fenómenos

parecidos, basta con observar las realidades de Paraguay gobernado por un

narcopresidente, de Brasil después del golpe de estado con un gobierno de bandidos

completamente impopular e inestable, de México, Colombia, República Dominicana...

Una mirada más extendida nos permitiría ver a un planeta capitalista todavía bajo

dominación (declinante) occidental controlado por lumpenburguesías basadas en los

negocios financieros y una amplia variedad de actividades gangsteriles donde se destaca

el Imperio estadounidense con una economía desquiciada y “gobernado” por un

presidente grotesco. Desde el punto de vista global Macri no es una excepción aunque

tiene sus rarezas, producto tal vez de la especificidad de la degeneración argentina. El

hecho de que un país se encuentre gobernado por el primogénito de un clan mafioso

sobre el que sobrevuela la sombra de la ‘Ndrangheta no es un caso habitual. Suena

extraño, parece un film fantasioso inspirado en “El Padrino”. Aunque la realidad es mucho

más compleja, Macri es una suerte de primus inter pares, número uno (no sabemos

durante cuanto tiempo) de una articulación mafiosa que reúne a los dueños reales del

país. Asociación inestable excitada por el saqueo, inmersa en un mundo burgués

financierizado acosado por la crisis económica y geopolítica.

La ideología de la élite argentina no se nutre de paradigmas imperiales relativamente

estables como ocurrió con la vieja oligarquía y su relación cipaya con el Imperio Inglés o

incluso con la clase alta del pasado más reciente alimentada por la ilusión de formar parte

del Imperio norteamericano considerado el imbatible centro del mundo. Esta es una

camarilla nihilista navegando a la deriva, solo interesada en el corto plazo. Ni siquiera

esgrime valores autoritarios viejos o nuevos sino solo la brutalidad del poder

autolegitimado a través del periodismo mercenario.

 

4

                    

                           1

Una introducción necesaria.

Orígenes y auge del poder mafioso en Argentina

Septiembre de 2017

 

Este libro reúne una serie de textos producto de la reflexión acerca de la prolongada

degradación de la sociedad argentina. Nos encontramos ante una situación que escapa a

los viejos paradigmas aunque las cabezas de muchos argentinos no perciben esa nueva

realidad, en especial las de su clase política.

No es la primera vez que eso sucede, la derecha pero también la izquierda (salvo unas

pocas excepciones) no supieron entender la naturaleza de los cambios que se habían

producido en los años 1940; la industrialización, la emergencia de las masas obreras y de

formas culturales nuevas descolocaron a quienes seguían pensando en términos de una

realidad superada. El ascenso peronista quebró prejuicios, hizo obsoletas interpretaciones

que formaban parte del llamado sentido común. El fenómeno se produjo en un contexto

internacional signado por la declinación de la superpotencia imperial dominante:

Inglaterra, que entre las dos guerras mundiales fue perdiendo fuerza acosada por

candidatos a la primacía que fracasaron como Japón o Alemania y de otros que desde

1945 pasaron a dominar el escenario global: los Estados Unidos y la Unión Soviética.

La mutación industrial con fuerte contenido nacionalista con sus sindicatos obreros, las

masas populares peronistas, los discursos encendidos de Evita, la llegada del voto

femenino... aparecían ante los ojos y oídos de los grupos sociales tradicionales como una

aberración destinada a evaporarse como un mal sueño o como una desviación

demagógica pasajera. No se daban cuenta que, más allá de la duración de la presidencia

de Perón, se habían producido cambios estructurales y culturales profundos enlazados a

nivel global con el ascenso del keynesianismo, de la intervención del estado en la

economía, la promoción del mercado interno, la integración de las clases bajas y la

ampliación del espacio de los “países socialistas” desplegado por Eurasia desde Alemania

oriental hasta China.

Como sabemos, la dictadura militar instaurada en 1955 no pudo retrotraer al país al

mundo anterior al aluvión peronista. La república oligárquica agroexportadora había

quedado enterrada en el pasado aunque muchos de sus mitos persistieron en extendidos

grupos de las clases medias y altas nutriendo al régimen dictatorial iniciado en 1976 y

reapareciendo triunfalistas en el golpe blando de 2015.

Nos encontramos ahora ante una transformación completamente opuesta a la de los años

1940. No se trata de una mutación industrial integradora sino por el contrario de una

degeneración parasitaria del sistema que ha llegado a un punto de inflexión caracterizado

por el rápido ascenso hacia el poder total de una élite mafiosa con aspiraciones

dictatoriales. No se trata de un fenómeno inesperado sino del resultado de un largo

proceso de envilecimiento social motorizado por las clases altas, expandiéndose hacia

abajo, zigzagueante, pudriendo estructuras estatales, sindicales, políticas y formas

culturales. El primer salto cualitativo se produjo en 1976 cuando la cúpula del capitalismo,

devenido lumpenburguesía, se adueñó del poder bajo la forma de dictadura militar. Tomé

nota del hecho en un texto publicado en el exilio hacia 1981 reproducido ahora en este

libro (ver Capítulo 10, “La instalación hegemónica del parasitismo argentino” ). Se trató de

 

5

una arremetida sangrienta cuyo nivel de criminalidad es solo comparable al exterminio de

los pueblos originarios y al aplastamiento de las resistencias criollas del interior del país,

ocurridos aproximadamente una siglo antes.

La democracia condicionada establecida en 1983 no erradicó el mal, por el contrario se

adaptó a las imposiciones de las élites que siguieron con sus depredaciones amparadas

en el sometimiento colonial hasta llegar al desastre de 2001. En esos años se iba

imponiendo (recesión mediante) la dinámica de una economía de penuria para las

mayorías populares funcionando a baja intensidad, destruyendo (devorando) segmentos

enteros del tejido productivo. Ello fue descripto en un artículo que publiqué en Agosto de

2001 (ver el Capítulo 9, “Economía de penuria y revuelta popular”) donde señalaba que la

reproducción del capitalismo colonial-parasitario que venía de obtener victorias decisivas

en los años 1990 llevaba a la conformación de un sistema caracterizado por bajas, nulas

o negativas tasas de crecimiento económico, afectado por la rapiña incesante de las élites

dirigentes ampliando el espacio social de la pobreza y la indigencia. Esa trayectoria fue

cortada por la rebelión popular de 2001 y la llegada del kirchnerismo en 2003 que revirtió

el proceso de desindustrialización y concentración de ingresos, aunque no lo hizo

destruyendo al sistema heredado, sino integrando de manera provisoria e inestable a la

población saqueada. Lo logró combinando formas keynesianas mercado-internistas

suaves con el aprovechamiento de una coyuntura económica y política regional y global

favorable. Más adelante la profundización de la crisis mundial a partir de 2008-2009, que

se aceleró en 2014, sumada al agotamiento de la ampliación indolora del mercado interno

sentaron las bases para la derrota del entreacto progresista y la reinstalación de la

derecha. No se trató de la simple repetición de las viejas políticas neoliberales sino del

despliegue de una contrarrevolución cuya originalidad y magnitud ha sorprendido a sus

víctimas que no esperaban semejante avalancha de atropellos (ver el capítulo 3,

“Argentina en contrarrevolución accidentada”). Durante 2016 se produjeron enormes

transferencias de ingresos hacia las clases altas, especialmente hacia un reducido núcleo

de intereses convertido en una articulación de bandas saqueadoras que se apropiaron

velozmente de ingresos fiscales, masas salariales y beneficios comerciales e industriales

y que pusieron en marcha mecanismos de endeudamiento público y evasión de capitales

hacia el exterior. La depredación quedó bajo el triple paraguas protector de la corrupción

parlamentaria, la complicidad judicial y sobre todo de la manipulación mediática. En 2017

se prolonga el saqueo y la intoxicación mediática comienza a mostrar signos de

saturación, persiste y se amplía el descontento popular y en consecuencia va emergiendo

la marea represiva. La fuerza bruta y la intimidación física apuntan a bloquear las

protestas que ya no pueden amortiguar los medios de comunicación.

Convergen hechos que van conformando el último tramo del camino que conduce hacia

la dictadura mafiosa. La desaparición de Santiago Maldonado inmersa en una escalada

represiva coincide con la criminalización mediática de opositores reales mezclados con

enemigos imaginarios convertidos en enemigos absolutos, apestados a exterminar, masa

“subversiva” confusa señalada en las operaciones arbitrarias del Poder. A ello se suma el

fraude comunicacional (o probablemente algo peor) en las elecciones primarias de agosto

marcando un antes y un después en el proceso reaccionario en curso.

La ola contrarrevolucionaria de 1976 contó con la intermediación militar; la de los años

1990 empleando principalmente a la clase política, pero la de 2015 es protagonizada de

manera directa por la cúpula mafiosa prescindiendo de intermediarios significativos,

rodeada por una corte sumisa de comunicadores, jueces, sindicalistas, gendarmes y

policías. Esta hiperconcentración de poder es no solo peligrosa para las víctimas sino

también para la propia mafia dirigente, ahora visible para todos, sin chivos expiatorios

ante eventuales rebeliones de los de abajo.

 

6

 

La historia nos enseña acerca del rol de los eunucos en la decadencia del imperio

romano, perros fieles del emperador, incapaces de usurpar su poder y al mismo tiempo

ejecutores de sus decisiones por encima de aristócratas y plebeyos. De tanto en tanto

cuando el descontento de los súbditos amenazaba convertirse en huracán o cuando el

gran chambelán eunuco adquiría demasiada independencia respecto de su amo, este

último lo liquidaba o lo entregaba a la venganza de los descontentos. La ceocracia

macrista parece señalar la superación burguesa-mafiosa del eunuquismo tanto político

como militar, resultado de la acumulación de poder directo por parte de la élite y tal vez

también de la ineficacia operativa de esos sirvientes ante un sistema que para

reproducirse necesita de la mano política dura y despiadada, y de la inteligencia

saqueadora de la alta lumpenburguesía. El fenómeno también aparece como la resultante

de un complejo proceso de degradación de las mediaciones políticas y militares expresión

de la decadencia general del sistema. La que forma parte de la crisis global -marcada

entre otros aspectos por el enfriamiento económico y en consecuencia de las

oportunidades comerciales y financieras internacionales de la élite local y de los capitales

transnacionales instalados en la colonia argentina- acentuando la rapiña del mercado

interno comprimido más y más por los sucesivos saqueos.

La debilidad estratégica de los integrantes de la actual oposición, su incapacidad para

superar los límites de un sistema decadente, permitió antes de diciembre de 2015 que las

fuerzas reaccionarias ampliaran su capacidad operativa, agruparan clases medias,

penetraran ideológicamente en las clases bajas aprovechando su fragmentación y facilita

ahora la instalación dictatorial del poder mafioso. El realismo mediocre del progresismo y

de la pequeña izquierda herbívora aferrados a los resquicios formales del sistema, a sus

ficciones institucionales, ha formado y forma parte del proceso de degradación de la

sociedad argentina. Su negativa delirante a reconocer la magnitud del desastre, a llamar

al poder dictatorial en desarrollo por su nombre, ayuda a la legitimación de este último,

entorpece el necesario despliegue de la resistencia popular. Navega en fantasías

justificadoras de su impotencia acerca de un gobierno cuyo origen electoral

(evidentemente tramposo) le otorgaría credenciales democráticas. Algunos aspirantes a

eunucos han llegado a referirse a la existencia de una “derecha democrática” gobernante,

autoritaria pero constitucional, salvaje pero civilizada, depredadora pero en última

instancia responsable. El culto “progresista” al oxímoron convierte a su mamarracho

discursivo en una suerte de pensamiento confuso, ni siquiera ideológico, resultado de una

grave crisis de percepción de la realidad, tal vez desbordado por ella, tal vez como forma

de adaptación al infierno mafioso. Como la dictadura mafiosa no está todavía

completamente instalada sino en proceso de instalación afirman sabiamente que “esto no

es una dictadura”… ¿entonces estamos en democracia?, tampoco o si pero no del todo.

Así es como se pierden en un mar de conceptos rebuscados tratando de describir algo

que todavía no es completamente pero que está empezando a ser, que ya ha recorrido

una buena parte del camino siniestro. Se niegan a admitir la orientación del proceso, su

dinámica concreta. El presunto paciente está vivo o está muerto y si está vivo no hay

porque alarmarse. Razonando de esa manera enfermedades y agonías serían inventos

extremistas y la ciencia médica carecería de sentido.

Este libro no pretende oponer soluciones positivas, proyectos o medidas de gobierno

alternativas, solo trata de describir la realidad tal cual es, llamar a las cosas por su

nombre, poner al descubierto protagonistas y fenómenos decisivos, lo que constituye una

tarea muy osada apuntando a romper telarañas conservadoras, hipocresías oficialistas y

opositoras. Goethe señalaba que quien en tiempos oscuros distorsiona la realidad

contribuye a la confusión general pero que quien se atreve a mostrarla sin ocultamientos

abre las puertas de un mundo nuevo. Nietzsche agregaba que el valor de unser humano

 

7

 

se mide según la cantidad de verdad que es capaz de soportar. Estos son tiempos de

dura prueba para las mayorías populares, de demostración de su nivel de compresión de

la tragedia que está viviendo y por consiguiente de su capacidad de reacción.

Este libro se refiere a Macri pero no se limita a él sino que trata de insertarlo dentro de

una historia más amplia de la que emerge el personaje, señala indicios de la trama

mafiosa de su clan familiar pero no busca colocarlo en el centro de la escena. No busca

echarle toda la culpa a una familia mafiosa pero tampoco intenta diluir sus fechorías en el

océano inasible de la “burguesía” o del “capitalismo” en general. Ambos procedimientos

tienden a ocultar a la élite dominante concreta con sus estructuras visibles u ocultas,

donde pululan los magnetto, los rocca, los ratazzi, los benetton y también los macrì.

Macrì no es un aventurero solitario sino el engendro de la degradación estructural y

cultural de la sociedad argentina, fenómeno complejo que fue madurando durante muchas

décadas. Tampoco la marcha hacia el poder dictatorial es la irrupción sorpresiva de una

aberración a contramano de la democracia sino la etapa presente de la degeneración de

una seudo-democracia, de una “democracia” condicionada por la élite dominante con sus

jueces, sus medios de comunicación, sus aparatos de inteligencia, sus capos financieros

y las intrusiones imperiales de los Estados Unidos (ver el capítulo 8, “Los avatares de un

sujeto casi inexistente. Democracia ilusoria y reproducción del sistema”). Quienes

entendíamos eso no nos sorprendemos ahora, quienes no querían entender antes se

hacen ahora los sorprendidos. Quienes entendemos el carácter profundamente decadente

del capitalismo argentino no vemos otra posibilidad de regeneración social que la que

pasa por la erradicación de las estructuras básicas del sistema. Quienes siguen viviendo

de ilusiones, buscan y buscan resquicios, pequeñas reformas posibles que hagan

soportable la degradación general.

Conclusión: Argentina se encuentra al borde de la instalación de un régimen dictatorial

con rostro civil en cuya cúpula se encuentra una articulación de carácter mafioso donde

se combinan negocios empresarios de alto vuelo con otros claramente ilegales como la

trama del narcotráfico. En ese sentido es posible hablar de lumpenburguesía dominante y

transnacionalizada subordinada a los Estados Unidos. En la base de ese poder aparecen

espacios sociales de clase media impregnadas de un neofascismo muy agresivo

alimentado por una manipulación mediática abrumadora. Falta muy poco para que la

dictadura se despliegue de manera integral sobre la sociedad argentina. Su destino

depende de varios factores entre ellos el futuro de su amo imperial norteamericano

actualmente en retroceso geopolítico a nivel global, acosado por su crisis económica y

sometido a fuerzas entrópicas internas de gran envergadura. También depende de los

avatares de la vorágine saqueadora en la que esta sumergida la élite dominante donde se

destaca una burbuja financiera que crece en progresión geométrica y de la durabilidad del

fascismo rabioso de sus apoyos de clase media a los que la degradación económica

general terminará por afectar. Finalmente la gran incógnita es la futura masividad y

radicalización de una resistencia popular que viene demostrando su magnitud pero que

aún no ha dado el salto hacia la confrontación total desplegando todas las formas posibles

de lucha contra un régimen que debe ser destruido para que el país supere su

decadencia.

 

8

                                         2

En torno del concepto de dictadura mafiosa

Septiembre de 2017

 

La utilización del concepto de dictadura mafiosa busca diferenciarse de

conceptualizaciones más convencionales y el hecho de que se refiere hoy en Argentina a

un fenómeno en formación, inestable, que aún no ha llegado a su realización completa y

con un futuro incierto, hace difícil su instalación incluso en los ambientes más politizados.

Empiezo por señalar que no es la dictadura mafiosa.

No se trata de una tentativa de control totalitario de la sociedad al estilo de los regímenes

fascistas clásicos, tampoco se trata de una dictadura militar como las que han atravesado

la historia latinoamericana y de otras regiones de la periferia, ni de una dictadura

oligárquica con imagen civil donde una pequeña élite basada en un área central de la

economía real controlaba el aparato del Estado adaptándolo a sus necesidades como fue

el régimen oligárquico argentino fundado en la propiedad terrateniente (aunque con

intereses diversificados hacia otras áreas como el comercio y las finanzas).

Todos esos sistemas formaron parte del mundo económico e ideológico del siglo XX y en

algunos casos emergieron desde las últimas décadas del siglo XIX, fueron algunas veces

las componentes subdesarrolladas de la modernidad capitalista en expansión global y en

otras, tentativas de recomposición, de superación dictatorial de sus crisis. Ahora

transitamos las primeras décadas del siglo XXI en plena decadencia general de la

civilización burguesa donde la financierización y otras formas parasitarias han establecido su hegemonía.

Es precisamente el carácter parasitario-depredador lo que la distingue de otras

experiencias dictatoriales y es su intento por concentrar en una pequeña camarilla la

totalidad del poder lo que establece el punto de encuentro entre todas ellas.

Cuando profundizamos el caso argentino constatamos que la tentativa macrista incluye

herencias, restos más o menos explicitados del pasado, junto a novedades (dominantes)

que marcan su originalidad. Hereda nostalgias oligárquicas presentes en todos los golpes

militares referidas al viejo orden conservador centrado en la economía agroexportadora

apoyada en una jerarquía social elitista, “abierta al mundo” como satélite colonial. En ese

sentido comparte las ilusiones de las aventuras militares, desde 1930 a 1976,

empecinadas en someter de manera definitiva a las mayorías populares, antes con el

poder de las armas y ahora con los poderes mediático y judicial, complementado con

dosis crecientes de violencia física. También alberga componentes fascistas

descongeladas o renovadas que a veces saltan la barrera de la discreción a través de

alguna declaración “desafortunada” o “mal interpretada” de un funcionario desprolijo o de

un comunicador demasiado suelto de lengua. Las antiguas latencias gorilas se combinan

con intentos tortuosos de suavización de la imagen criminal de la última dictadura militar y

de redemonización de sus víctimas, especialmente de quienes la enfrentaron. En este

último caso la cosa va más allá de la reconstrucción cultural reaccionaria, de la

legitimación de un pasado tenebroso y aparece formando parte del intento de

recomposición de lo que fue la pata civil de la dictadura de 1976, instalando condiciones

psicológicas y cambios en los dispositivos represivos que permitirían poner nuevamente

en escena a la pata militar ante las previsibles resistencias de los de abajo.

La contrarrevolución macrista nutre su comportamiento desde todas esas fuentes del

pasado, subsuelo ideológico de su base social, pero introduce novedades a tono con el

contexto global que sobredeterminan su funcionamiento y que expresan de manera clara

 

9

el nivel al que ha llegado la clase dominante argentina resultado de un prolongado

proceso degenerativo.

La reproducción del capitalismo argentino fue incorporando de manera creciente

elementos parasitarios desplazando desarrollos productivos, desde la especulación

financiera y comercial hasta llegar a un amplio espectro de actividades ilegales donde se

mezclan el contrabando, estafas de todo tipo, narconegocios, etc. En la cumbre del

sistema la reproducción productiva quedó subordinada a la reproducción parasitaria.

 

Los Macri

 

El apellido Macri, su localización en Argentina, su origen y extensiones en Italia ilustran

bien, tanto la mutación globalista de las redes mafiosas tradicionales, como la

transformación mafiosa de la alta burguesía argentina coincidente con fenómenos

similares a escala global. Ese apellido hunde sus raíces en Calabria, algunos biógrafos

señalan que se trata de una familia que en el siglo XIX se destacaba como propietaria

terrateniente de la región con lo que tal vez intentan adornarla con un cierto pasado

aristocrático. En realidad como es bien sabido las estructuras mafiosas no solo de

Calabria, sino también de Sicilia y otras zonas de Italia se originaron precisamente en

grupos terratenientes tradicionales que buscaban preservar su poder ante la irrupción del

estado moderno. El abuelo Giorgio Macrì hizo buenos negocios en Italia vinculados al

poder fascista en el sector de la construcción pero después de 1945 con la derrota de sus

protectores debió emigrar, se instaló en Argentina y su primogénito Franco desplegó una

fulgurante (y sospechosa) carrera empresaria fundada también en negocios en el sector

de la construcción rápidamente diversificados y casi siempre enredados en la corrupción

estatal. Durante la última dictadura militar dio el gran salto que lo ubicó en el más alto

nivel del poder económico argentino: el grupo Macri poseía formalmente 7 empresas en

1976 y 47 en 19835. En esa época aparecen relaciones tanto de él como de su hermano

Antonio con la logia mafiosa italiana P2 que había asociado a varias estructuras

criminales de Italia (provenientes de la Cosa Nostra siciliana, la ‘Ndrangheta calabresa,

etc.) en estrecha relación con el aparato de inteligencia de los Estados Unidos (eran los

tiempos de la Guerra Fría)6.

El nombre “Antonio” recorre buena parte de la historia familiar -que en ciertos casos está

misteriosamente atravesada por espacios en blanco-, recordemos entre otros a Antonio,

hermano de Franco, a Antonia hija de Mauricio o a Antonio hijo de su primo Jorge, etc.

Curiosamente el nombre Antonio se reitera sistemáticamente a lo largo del árbol

genealógico familiar. Aunque si buscamos a “Antonio Macri” en Wikipedia en inglés7

encontraremos la historia de aquel nacido en Siderno, Calabria en 1902 a solo 24

kilómetros de la ciudad de Polistena donde nació el abuelo Giorgio (en 1898). Antonio se

hizo más adelante célebre como Zzi'ntoni, el capobastone o jefe mafioso más importante de Calabria. En su biografía figura como el gran modernizador de las prácticas mafiosas

calabresas al introducir al tráfico de drogas como actividad central lo que le permitió a esa

red, más conocida como ‘Ndrangheta, convertirse rápidamente en la principal estructura

mafiosa italiana8. Se trata del tráfico de cocaína y de la conexión Calabria-Colombia de la

 

5 Eduardo Aspiazu y Miguel Khavisse, “Deuda externa y poder económico en Argentina”, Siglo XXI, 2004.

6 "La relación entre la mafia masónica P2 y la familia Macri, posible próximo presidente de la Argentina" (reportaje a Gabriela Cerruti): http://praiadexangrila.com.br/la-relacion-entre-la-mafia-masonica-p2-y-lafamilia-macri-posible-proximo-presidente-de-la-argentina/ José Steinsleger, “Trump y Macri: entre la Cosa Nostra y la logia P2”, La Haine,

http://www.lahaine.org/mm_ss_mundo.php/trump-y-macri-entre-la

7 Wikipedia, Antonio Macri, https://en.wikipedia.org/wiki/Antonio_Macr%C3%AC

8 https://en.wikipedia.org/wiki/Antonio_Macr%C3%AC 10

 

que Antonio (Zzi’ntoni) Macri fue un arquitecto decisivo. Lo que nos lleva inevitablemente al apellido Mancuso, entre otros a Salvador o Salvatore Mancuso (italo-colombiano) líder de los

paramilitares colombianos cuya relación con la DEA en especial y más en general con las

fuerzas de intervención estadounidenses en Colombia está fuera de duda. Era

considerado en la década pasada como “el más importante aliado de la mafia calabresa9.

Pero el apellido Mancuso figura también en Argentina10 en el centro de las actividades de

la ‘Ndrangheta local.

Queda abierta la investigación acerca de las relaciones de parentesco entre Antonio

(Zzi'ntoni) y Giorgio Macrì así como de las posibles redes comunes de negocios en los

que ambos y sus descendientes estarían o no involucrados. Como sabemos, en estos

casos se trata de posibles lazos difíciles de detectar, de trayectorias que llevan a cualquier

lugar desviadas por pistas falsas o embrolladas en espacios clandestinos.

Las relaciones entre las mafias y el aparato de inteligencia norteamericano y sus

prolongaciones latinoamericanas están plagadas de accidentes, cooperaciones estrechas,

traiciones, golpes bajos, protecciones y desprotecciones. A comienzos de Junio de 2017

Vicenzo Macri, con pedido de detención de Interpol, era capturado en Brasil, según la

información periodística “Macri pertenece a la familia mafiosa de la 'Ndrangheta que

opera en Siderno, Calabria, es descendiente del antiguo jefe de la familia Antonio Macri,

conocido como el "Boss de los dos mundos" señalado por los fiscales italianos como la

"prueba viviente de la omnipotencia del crimen organizado”...”11.

Retornando a la Argentina este entrecruzamiento transnacionalizado entre narconegocios

y otros negocios ilegales, legales y semilegales ha ido conformando una esfera

“empresaria” depredadora que otorga una identidad definida al lumpencapitalismo local.

Hacia 2007 un experto en el tema entrevistado por Clarín pronosticaba que "en una o dos

décadas como máximo, las actividades centrales de la mafia calabresa en la Argentina no

tendrán más centro en el tráfico de cocaína. Serán los negocios legales, fruto de la

extraordinaria acumulación de capitales de origen criminal, los que les brindarán

beneficios enormes"12. Corresponde agregar que, como lo está demostrando la realidad

argentina, esos “negocios legales” están casi siempre impregnados de componentes

gangsteriles donde pululan políticos, comunicadores, jueces y otros funcionarios públicos.

 

Mafia del Siglo XXI, capitalismo del Siglo XXI

 

El caso Macri constituye un buen ejemplo local de un fenómeno global que marca al

capitalismo del siglo XXI cuyos orígenes se remontan a las últimas décadas del siglo XX

cuando la pérdida de dinamismo de la esfera productiva engendró un proceso de

financierización (en el centro de un ascenso parasitario mucho más amplio) que devino

hegemónico.

Podríamos describir un recorrido histórico en la cumbre del sistema mundial que parte de

la desviación de fondos originados en la esfera productiva (con rentabilidad decreciente)

 

9 Clarín Noticias, “La Santa, la nueva estructura de la mafia calabresa. Un viejo grupo criminal que se expandió a los cinco continentes”, Clarín Noticias, 22/10/2007, http://www.clarin.com/edicionesanteriores/ viejo-grupo-criminal-expandio continentes_0_BJ9fVykAKx.html

10 Redacción de "Dia-a-Dia", "Buscan al hijo del jefe de la mafia calabresa. Pantaleone Mancuso era buscado por Interpol desde hace un año y medio", 14-09-2014,

http://diaadia.viapais.com.ar/policiales/buscan-al-hijo-del-jefe-de-la-mafia-calabresa

11 "PF anuncia prisão de mafioso no aeroporto de Guarulhos". Do UOL, em São Paulo 09/06/2017. https://noticias.uol.com.br/internacional/ultimas-noticias/2017/06/09/pf-anuncia-prisao-de-mafioso-noaeroporto-de-guarulhos.htm

12 Clarín Noticias, artículo citado.

 

11

hacia las operaciones financieras “clásicas” (compra de títulos públicos, de acciones, etc.)

y de allí (a medida que estas últimas eran saturadas), hacia formas de especulación cada

vez más veloces y enmarañadas (productos financiaros derivados, etc.) para finalmente

desembocar en los negocios ilegales, los saqueos, etc. (desde el desmantelamiento de

empresas públicas periféricas hasta el narcotráfico, las empresas de seguridad y las

contrataciones masivas de mercenarios)13. De Trump a Macri pasando por Berlusconi y

Porochenko señalan la culminación del proceso que arranca en el capitalismo clásico y

sus muletas keynesianas para llegar al capitalismo mafioso global.

Ingresando a esa corriente se hace visible el camino que va desde la mafia tradicional al

capitalismo parasitario global, así como el gran capital y sus apéndices estatales devienen

mafiosos, la viejas mafias con mayor ímpetu empresario encontraron en el capitalismo

decadente el caldo de cultivo para su expansión global. Finalmente unos y otros,

capitalistas criminales y criminales mafiosos transitando por el nivel más alto de los

negocios globales terminan confundiéndose en las redes burguesas dominantes.

 

La reproducción dictatorial del poder mafioso

No se trata aquí de desarrollar la hipótesis de que la ‘Ndrangheta made in Calabria haya

tomado el poder en Argentina sino de que una articulación mafiosa de la alta burguesía

local globalizada se ha hecho cargo del gobierno y que la lógica de su permanencia

dominante la impulsa hacia el establecimiento de un régimen dictatorial. Esto incluye a

las componentes mafiosas tradicionales-modernizadas instaladas en Argentina pero va

mucho más allá de las mismas y abarca a un complejo proceso de decadencia sistémica

que desde el quiebre golpista de 1955 fue convirtiendo gradualmente a la rapiña en el

centro de las ganancias del alto capitalismo local. Dicho proceso, matizado con algunos

relámpagos de desarrollo productivo que no cambiaron la tendencia dominante, debilitó

sensiblemente el crecimiento económico general lo que incentivó los apetitos

depredadores de la élite dirigente lo que a su vez desordenó y pudrió cada vez más, no

solo al tejido económico sino también a la estructura estatal. Todo ello acompañado por

cambios decisivos en la cultura de las clases superiores, en sus comportamientos. La

subcultura (barbarie) del depredador, del especulador improductivo se fue apropiando del

cerebro del burgués de alto rango con propagaciones caóticas hacia abajo. La alta

burguesía rural, industrial, comercial o financiera (en numerosos casos todas esas

componentes se combinan en un solo grupo o persona) se fue convirtiendo en

lumpenburguesía, en un avispero de bandidos sin ley, sumergidos en una loca fuga hacia

adelante. Durante un largo recorrido temporal (desde el fin de la dictadura en 1983) esa

élite coexistió con las formas “democráticas” vigentes mientras avanzaba en su

transformación-degradación, se demostró muy eficaz para presionar gobiernos o cuando

fue necesario bloquear decisiones adversas de los mismos.

A esta altura de la reflexión se hace necesario vincular la aceleración de la mutación

lumpenbuguersa de la cúpula del capitalismo argentino durante los tres primeros lustros

del siglo XXI con la internacionalización de sus negocios que pasaron a formar parte de

la acelerada degeneración del capitalismo occidental. Asociando también a la euforia

neofascista de capas medias y altas argentinas con fenómenos similares en América

Latina pero también en Europa y Estados Unidos.

En casos latinoamericanos como los de Brasil y Argentina, entre otros, es imprescindible

contraponer durante los períodos progresistas, a la histeria reaccionaria clasemediera con

la mejora de su situación material que acentuó su tentativa de diferenciación respecto de

 

13 Jorge Beinstein, “La gran mutación del capitalismo”, Le Mode Diplomatique, edición Cono Sur, Número

10, Abril 2000, https://www.insumisos.com/diplo/NODE/2019.HTM

 

12

 

las clases bajas destilando odio contra ellas y sus protectores gubernamentales. La

prosperidad progresista-burguesa en una sociedad que no superaba de manera radical la

fragmentación heredada de la etapa anterior (neoliberal) no volcó a las clases medias

hacia el progresismo sino hacia la derecha. Alentadas por los medios de comunicación

engendraron delirios racistas, reclamos de re-marginalización de los pobres, de represión

al desorden creativo de los jóvenes, asimilando redistribución de ingresos hacia abajo y

corrupción, conformando una suerte de masoquismo histórico caracterizado por su

adhesión a las banderas políticas de las élites depredadoras que tarde o temprano las

iban a esquilmar.

Así fue como la acumulación de poder por parte de la alta lumpenburguesía le permitió

asumir “legalmente” el gobierno en diciembre de 2015 aprovechando la convergencia

entre las debilidades del kirchnerismo acorralado por el agotamiento de su keynesianismo

light y la fascistización de los sectores sociales ya mencionados. Ya en el gobierno sus

saqueos iniciales causaron recesión, la torta económica se achicó lo que la impulsa a

realizar nuevas depredaciones, la inevitable interacción entre depredación y recesión (o

estancamiento o crecimientos anémicos) debería entrar tarde o temprano en contradicción

con las normas constitucionales existentes abriéndose el horizonte probable de un

régimen dictatorial novedoso que combinaría inestabilidad y autoritarismo.

Una primera característica importante del proceso en curso (su posible culminación

dictatorial) es que a diferencia de las dictaduras anteriores cargadas de ideologías

(liberalismo oligárquico, conservadorismo fascista, etc.) el poder mafioso desborda

pragmatismo, asume perfiles preideológicos, culturalmente confusos, primitivos. La

explicación “estructural” de esa barbarie se encuentra en la dinámica inmediatista de sus

negocios (financieros y turbios en general) donde el largo o mediano plazo no existe, el

futuro aparece como una fina capa pegada a un presente vertiginoso. El burgués mafioso

argentino del siglo XXI se distingue del viejo mafioso clásico europeo que parasitaba

sobre actividades más o menos estables (extorsión a comerciantes e industriales,

prostitución, etc.) y del burgués tradicional (agrario, industrial, etc.), su cerebro funciona

aprisionado por la vorágine de los negocios rápidos, sin localización durable, burlando

permanentemente las normas. No tiene un alma conservadora, amante del orden (el

“orden” pasa a ser un instrumento pasajero) sino un espíritu hundido en el nihilismo, se

presenta con ideologías reaccionarias tradicionales en un segundo plano (nostalgias

residuales) superadas por un voluntarismo saqueador solo interesado en devorar lo

existente. La reproducción ampliada negativa de fuerzas productivas que provoca su

dominación lo incita a saquear y saquear, no se trata entonces de neoliberalismo sino de

draculismo.

Una segunda característica del poder mafioso es que, más allá de sus discursos acerca

de la necesidad de un “cambio cultural” de signo reaccionario, no tiene ilusiones

totalitarias, no aspira a reformatear el pensamiento de todos los argentinos, desde el

humilde obrero o marginal hasta el más encumbrado burgués, tomando como paradigma

al conservador rutinario o al conquistador despiadado miembro de una “raza superior”,

etc. Eso le da una apariencia liberal pero por debajo de esa máscara se esconde el

depredador solo interesado en anular, bloquear o desviar las resistencias de sus victimas.

Su control de los medios de comunicación no le sirve para adoctrinar al pueblo sino para

caotizarlo, para convertirlo en una masa de seres disociados, entretenidos en

estupideces, hundidos en una pesadilla donde rige la ley de la selva.

La tercera característica es que esta vez no parece ser necesaria la asunción formal de la

suma del poder público, todo indica que el régimen mafioso podría afirmarse

dictatorialmente de manera informal sin necesidad de disolver el parlamento ni de

intervenir al poder judicial ni de de establecer de manera explícita la censura

 

13

gubernamental de prensa. La camarilla mafiosa ya dispone de un Poder Judicial

mayoritariamente controlado, las redes de corrupción han ido pudriendo esa estructura y

solo harían falta algunas defenestraciones (que podrían ser obtenidas mediante

mecanismos legales más o menos distorsionados), tampoco aparece como necesaria la

censura de prensa, el sistema mediático se encuentra actualmente en su casi totalidad en

manos de la mafia, solo restan algunas disidencias que podrían en el futuro ser ahogadas

“legalmente”; tampoco parece por el momento necesario disolver el parlamento, Macri

pudo imponer sus leyes extorsionando parlamentarios a partir de sus pasados turbios o

bien a través del soborno. Además la dictadura podría, a partir de algunos retoques como

la imposición del voto electrónico y/u otros mecanismos, liberarse del fantasma de la

soberanía popular. Como lo demuestra una densa experiencia internacional la fachada

democrática puede ser preservada, el sistema de elecciones “libres” (fraude mediante)

puede seguir existiendo sin que la mafia corra el menor riesgo.

La frutilla del postre sería el despliegue de mecanismos propios de la Guerra de Cuarta

Generación, de violencia prolijamente desprolija con judicializaciones de la protesta social

y asesinatos selectivos mezclados con narcocrímenes y delitos comunes de todo tipo en

parte como una suerte de mexicanización aunque seguramente con innovaciones

autóctonas.

Finalmente una cuarta característica es que su fuerza radica en la disgregación social, no

pretende ordenar jerárquicamente a la sociedad en torno de una estructura productiva

esclavizante sino establecer una dualidad caótica: por un lado la élite y sus

prolongaciones hacia las capas medias y obreras en contracción manteniéndose a flote

en medio de las turbulencias cotidianas y por otro lado la masa sumergida

desestructurada, sin identidad, imaginada como residuo social.

El poder mafioso ha sido engendrado por la decadencia del capitalismo argentino

(estructural, cultural), emerge como un parásito no como un impulsor y beneficiario del

desarrollo de las fuerzas productivas; su dominación se expande al ritmo de la decadencia

general, en ese sentido queda planteado el antagonismo histórico entre el crecimiento de

esa fuerza tanática y las resistencias y ofensivas sociales desde los sumergidos y los que

se están hundiendo, tendientes a regenerar (preservar y construir) identidades colectivas

solidarias. Antagonismo que se resuelve teóricamente mediante el enfrentamiento entre

dos tendencias destructivas: la del parásito mafioso devorando todo lo que encuentra a su

paso (destrucción pura), marchando hacia el sometimiento colonial completo y la de las

masas populares que al ir destruyendo al parásito estarían construyendo cultura

superadora.

La victoria del parásito no es otra cosa que la muerte de Argentina como sociedad

civilizada, la muerte del parásito abre la posibilidad del renacimiento nacional. La revolución

(popular, nacional, democrática, social) y la contrarrevolución (mafiosa, elitista, colonial) se

presentan como polos de atracción del devenir, como alternativas posibles extremas, como

tendencias pesadas contrapuestas no confesadas y en ciertos casos ni siquiera imaginadas por

sus potenciales protagonistas. Ninguno de ambos atractores está inexorablemente destinado a

imponerse de manera definitiva, el proceso histórico puede oscilar entre ellos durante mucho

tiempo describiendo un empate hegemónico siniestro donde las víctimas no consiguen eliminar al

verdugo y este último no logra aplastar de manera durable a los de abajo. En el primer caso nos

encontraríamos ante un bloqueo cultural que no puede ser superado y que sujeta al pueblo dentro

de los límites del sistema, en el segundo caso el proceso destructivo desatado por el poder

engendra turbulencias (sociales, económicas, políticas) que le impiden consolidarse, todo ello

inmerso en un proceso de reproducción ampliada de la podredumbre elitista.

 

14

 

                                    3

Argentina en contrarrevolución accidentada

 

Este texto fue difundido en la web desde abril de 2017 con el título “Argentina en

contrarrevolución (accidentada). La tentativa de construcción de una dictadura mafiosa”,

http://beinstein.lahaine.org/b2-img/Beinstein_Argentinaencotrarrevolucion_ab.pdf

La hipótesis de que Argentina se encuentra actualmente sumergida en un proceso de tipo

contrarrevolucionario puede parecer exagerada, no tendría sentido hablar de

contrarrevolución cuando no había en 2015 ninguna amenaza revolucionaria sino una

experiencia que desde el punto de vista económico podría ser caracterizada como

keynesianismo light extremadamente sensible a las presiones del establishment y

asociada a un paquete político-cultural igualmente moderado, que, aunque entre otros

temas reivindicaba a la militancia revolucionaria de los años 1960 y 1970, lo hacía

borrando su programa y sus formas de lucha, reduciéndola a la imagen herbívora de una

generación “idealista” que “quería cambiar el mundo”. Eso y un poco más (sobre todo una

gradual transferencia de ingresos hacia las clases bajas) bastaron a las élites dominantes

para alzar la bandera del combate contra el “populismo” y arrastrar a grandes sectores de

la capas medias.

No todas la contrarrevoluciones han sido generadas por situaciones o peligros

revolucionarios, en ciertos casos se trataba de procesos que buscaban liquidar reformas o bloqueos que impedían la ofensiva elitista. Si nos atenemos a la experiencia histórica esa moderación del adversario constituye una condición importante para la irrupción de

avalanchas reaccionarias. Ignazio Silone se refirió al ascenso del fascismo italiano como “la victoria de una contrarrevolución enfrentada a una revolución inexistente”14, ausencia que incentivó la agresividad fascista segura de su impunidad.

 

De 1955 a 1976

Podríamos ubicar en 1955 a la primera tentativa contrarrevolucionaria15; el objetivo de sus

protagonistas locales era el retorno a la vieja sociedad oligárquica de comienzos del siglo

XX. El intento fracasó pese a las represiones y proscripciones desbordado por el nuevo

país con sus sindicatos obreros, sus industrias y sus nuevas clases medias. Aunque no

fracasó del todo ya que inició un complejo proceso de sometimiento a los Estados Unidos,

de extranjerización industrial y financiera, de concentración de ingresos, de reconversión

policial de las Fuerzas Armadas. El mismo despertó resistencias populares que se fueron

extendiendo y radicalizando hasta llegar a disputar el poder hacia comienzos de los años

1970. Su cuerpo político era el peronismo que como lo señalara Cooke se había

convertido en “el hecho maldito del país burgués” bloqueando su estabilización. Los

círculos dirigentes no podían consolidar su predominio mientras que las fuerzas populares

no conseguían derrocarlos, es lo que Portantiero definió como empate hegemónico. No se

trató de un tira y afloje con resultado cero, ese pantano cubierto por una densa capa de

podredumbre política engendró gérmenes, primeros desarrollos y articulaciones de un 

 

14 Ignazio Silone, “L’école des dictateurs”, Gallimard, Paris, 1981.

15 Queda abierta la reflexión acerca del significado del golpe de estado de 1930.

 

15

abanico social parasitario que se fue adueñando de los circuitos económicos e

institucionales del país interrelacionado con la expansión imperial de los Estados Unidos.

La dictadura instalada en 1976 marcó el salto cualitativo del proceso degenerativo del

sistema, la acumulación de cambios perversos se convirtió en victoria del capitalismo

gangsteril donde convergían viejos oligarcas reconvertidos y burgueses advenedizos,

militares, propietarios rurales y de grandes medios de comunicación, contratistas del

estado, industriales, banqueros y comerciantes, masa difusa atravesada por la integración

de la cultura de la especulación financiera y de los negocios rápidos en general con

prácticas criminales a gran escala.

Mas allá de su final político grotesco, la contrarrevolución de 1976 implantó cambios

duraderos ya que a partir de ella, la clase dominante transformada en lumpenburguesía

dejó definitivamente atrás sus componentes industrialistas-nacionales (poco serias) u

oligárquicas-aristocráticas (con turbios pasados no muy lejanos). También obtuvo otros

éxitos no menos significativos como la consolidación en los espacios políticos, judiciales,

sindicales y comunicacionales de redes mafiosas que pasaron a ser el elenco central del

sistema, sobre todo al hundir en el pasado a los desafíos revolucionarios de los años 1960-1970.

De todos modos no consolidó estructuras estables de dominación, la dinámica

cortoplacista y transnacionalizada fue llevando al sistema hacia el desastre de 2001 que

aparentó sellar su agotamiento histórico aunque en realidad solo se trató del repliegue

táctico de élites aturdidas y algo asustadas por el derrumbe a la espera de tiempos

mejores.

La era Menem, había marcado en los años 1990 el auge ideológico de ese ciclo, coincidió

con los fenómenos globales de financierización y unipolaridad estadounidense y dejó

entre sus varias herencias a una derecha peronista política y sindical que venía de antes

pero que pasó a formar parte del instrumental operativo normal de los círculos

dominantes.

 

De 2001 a 2015

 

La degradación de los años 2000 y 2001 no derivó en una nueva contrarrevolución, las

clases dirigentes deterioradas fueron incapaces de superar por derecha su propia crisis,

no pudieron aglutinar a sus núcleos centrales imponiendo un régimen durable de penuria

generalizada para las clases bajas y la posibilidad de agrupar a las capas medias como

furgón de cola fue quebrada por el desenlace económico catastrófico de fines de 2001.

Entonces se produjo una situación que al parecer reproducía la de los años del “empate

hegemónico” aunque en realidad se trataba de otra cosa: un pantano sin alternativas, sin

banderas a la vista, donde la clase dominante no podía mostrar las suyas y las clases

populares carecían de ellas.

El resultado fue la irrupción en 2003 de un híbrido progresista que fue avanzando en el

espacio de “lo posible”, la mejoras de los precios internacionales de las materias primas,

la expansión del mercado de Brasil y otros beneficios externos fueron combinados con

estrategias de ampliación prudente del mercado interno. Aumentaron los salarios reales

recuperando los niveles de mediados de los años 1990 pero por debajo de los de

mediados de los 1980 inferiores a su vez de los de mediados de los 1970. Se redujo la

desocupación, se duplicó el número de jubilados (y se renacionalizó el sistema jubilatorio)

pero quedaron intactos los intereses de los grupos parasitarios dominantes.

La experiencia alcanzó su techo cuando comenzó el desinfle de los precios

internacionales de las materias primas mientras la expansión indolora del mercado interno

 

16

tocaba los límites del sistema. Se agotó la ampliación de ese mercado apelando al

achicamiento del desempleo con salarios reales en alza moderada, el paso siguiente

necesario habría sido distribuir ingresos hacia las clases bajas a gran escala acelerando

las subas salariales, lo que requería establecer un fuerte control público del comercio

interior (bloqueando las corridas inflacionarias), del comercio exterior y del mercado de

divisas (para liberar a la economía del chantaje de los exportadores concentrados) y del

sistema bancario (para reducir costos financieros). Pero eso no se podía hacer sin el

quiebre del poder de bloqueo de las mafias cuyos instrumentos mediáticos y judiciales

cumplen un rol decisivo. Dicho de otra manera para que la economía siguiera creciendo

era necesario ir más allá de los límites concretos del país burgués-mafioso desplegando

una revolución popular democratizadora del conjunto de las relaciones sociales, objetivo

inexistente en el imaginario de aquel gobierno. Los argumentos básicos del kirchnerismo

eran que esa ofensiva no solo no era necesaria sino que además resultaba suicida dado

el enorme poder de la derecha, o bien que no existía el respaldo popular necesario para

dicha aventura. Claro, el respaldo no aparecía porque no era incentivado mediante

grandes medidas sociales (salariales, crediticias, etc.). Así fue como la dinámica astuta de

“lo-posible” se convirtió en el camino hacia la derrota, el híbrido pudo reinar durante doce

años gracias al repliegue inicial de las élites dirigentes, pero su reinado posibilitó la

recomposición de esas élites, su redespliegue económico, mediático, político y judicial,

orquestando un enorme tsunami reaccionario.

 

La contrarrevolución

 

Con la llegada de Macri a la presidencia se desencadenó un fenómeno que combina

aspectos propios de una restauración conservadora y sus brotes neofascistas, con otros

que expresan una desaforada fuga saqueadora hacia adelante. Nostalgias de los tiempos

de la dictadura militar y del menemismo más algunas pequeñas dosis desteñidas de viejo

aristocratismo oligárquico unidas al ímpetu del saqueador completamente desinteresado

de esas u otras nostalgias a lo que se agrega el desprecio hacia los pobres, todo ello

atravesado por componentes de barbarie altamente destructivas.

Observemos en primer lugar el comportamiento del sujeto del desastre, reiteración

ampliada y radicalizada del espectro lumpenburgués de los años 1990, donde se

presentan personajes de configuración variable inmersos en complejas tramas de

operaciones que van desde actividades industriales mezcladas con embrollados negocios

de exportación e importación, hasta turbios contratos de obras públicas, ganando mucho

dinero con la compra-venta de jugadores de fútbol vinculada el blanqueo global de fondos

provenientes del narcotráfico, concretando emprendimientos agrícolas, subas

desaforadas de precios, contrabandos, manipulaciones financieras, estafas al Estado y

manejos de multimedios. Mundo tenebroso protegido por redes mediáticas y judiciales,

reducida lumpenburguesía transnacionalizada, rodeada por un círculo más extendido de

aspirantes a la cumbre donde se revuelcan jueces, políticos, burócratas sindicales,

periodistas y comerciantes audaces, ejerciendo su influencia sobre grandes masas

fluctuantes de clase media.

Es posible visualizar a la cima de la clase dominante argentina como a una suerte de

articulación mafiosa inestable que puede en ciertas coyunturas unir fuerzas en torno de

una ofensiva saqueadora pero que más adelante aparece sumergida en interminables

disputas internas acosada por las consecuencias sociales y económicas de sus saqueos y

por un contexto global de crisis.

Dos personajes sintetizan el recorrido histórico de esa clase desde sus lejanos orígenes

en la colonia hasta hoy: José Alfredo Martínez de Hoz y Maurizio Macrì.

 

17

La familia Martínez de Hoz se instaló en Buenos Aires hacia fines del siglo XVIII y amasó

una primera fortuna con el contrabando y el tráfico de esclavos, convertida luego en gran

propietaria terrateniente (exterminio de pueblos originarios mediante) en 1866 el

descendiente José Toribio Martínez de Hoz fundó en su casa la Sociedad Rural Argentina,

bastión de la oligarquía, mucho tiempo después José Alfredo Martínez de Hoz

encabezando negocios legales e ilegales muy diversificados fue en 1976 el cerebro civil

de la dictadura militar dándole cobertura institucional a los negocios parasitarios

dominantes como el dictado de la Ley de entidades financieras vigente hasta la

actualidad. Los Martínez de Hoz representan el ciclo completo que va desde los orígenes

coloniales pasando por la consolidación aristocrática-terrateniente hasta llegar a su

transformación lumpenburguesa.

Por su parte Maurizio Macrì es el primogénito de un clan mafioso originario de Calabria,

su abuelo Giorgio acumuló una importante fortuna en la Italia mussoliniana como

contratista del estado en obras públicas (principalmente en la Abisinia ocupada por el

ejercito italiano). Terminada la guerra fundó una fuerza política neofascista, pero acosado

por los nuevos tiempos democráticos emigró a la Argentina seguido luego por sus hijos en

1949. Su primogénito Franco continuando la especialidad de su padre se convirtió al poco

tiempo en empresario del sector de la construcción haciendo grandes negocios como

contratista del estado y contrajo matrimonio en los años 1950 con Alicia Blanco Villegas

perteneciente a una tradicional familia de terratenientes de la Provincia de Buenos Aires.

El gran salto se produjo durante la última dictadura militar en estrecha relación con varios

de sus jefes. Fue el caso del Almirante Massera con quien compartió la pertenencia a la

célebre logia mafiosa italiana P2. Siguiendo la línea sucesoria clásica, su primogénito

Maurizio aparece, según lo explican diversos autores, como el heredero y jefe natural del

clan familiar, el capobastone de la ’ndrina (si empleamos la terminología de la mafia

calabresa: la ‘ndrangheta)16. Es un caso sin precedentes en la historia argentina y muy

raro a nivel global el que un personaje de este tipo ocupe la presidencia de un país

aunque esa aberración puede ser comprendida a partir de la degradación profunda de la

burguesía argentina. Ya no se trata de políticos o militares vendidos a las mafias ni de

oligarcas devenidos mafiosos sino de un presunto capo mafioso convertido en Presidente.

Todo esto nos sirve para entender mejor la contrarrevolución en curso. Desde diciembre

de 2015 se sucedieron vertiginosamente medidas como la hiperdevaluación del peso, la

reducción o anulación de impuestos a la exportación, la suba de tasas de interés y de

tarifas de electricidad o la apertura importadora y la liberalización del mercado cambiario

que aumentaron el ritmo inflacionario, contrajeron los salarios reales, achicaron el

mercado interno, incrementaron el déficit fiscal, la desocupación y la fuga de capitales.

Como es lógico las inversiones extranjeras anunciadas nunca llegaron mientras

aumentaba sin cesar la deuda pública externa. Todo lo anterior puede ser sintetizado

como un gran saqueo concentrador de ingresos que van siendo sistemáticamente

enviados al exterior, pillaje desenfrenado sostenido con deudas que en principio debería

derivar tarde o temprano en una mega crisis al estilo de lo ocurrido en 2001.

El fenómeno no se reduce al plano económico, extiende sus garras hacia el conjunto de la

vida social, desde la destrucción sistemática de la educación pública, hasta la sinuosa

reinstalación de la teoría de los dos demonios alivianando la carga del genocidio de la

 

16 Recomiendo la lectura de:- Rocco Carbone, “Andragathos”, Página 12, 24 de febrero de 2017,

https://www.pagina12.com.ar/22055-andragathos- “Antonio Macri, italian leader of the ‘Ndrangheta...”, https://www.revolvy.com/topic/AntonioMacrì&uid=157

- Horacio Verbitsky, “De Calabria al Plata. El presidente Maurizio Macrì y las mafias”, Página 12, 9de abril de 2017, https://www.pagina12.com.ar/30709-de-calabria-al-plata

 

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última dictadura (que según el gobierno macrista no sería tan grande) y el intento de ir

reduciendo los derechos sindicales y de protesta, pasando por el gradual despliegue

represivo y el bombardeo mediático convencional y a través de las redes sociales inflando

formas subculturales fascistas. Visualizando su dinámica general y más allá de los

discursos oficiales, el gobierno macrista apunta desde su instalación hacia la

consolidación de una dictadura mafiosa, sistema autoritario de gobierno con rostro civil y

apariencia constitucional, que viene avanzando en medio de desprolijidades y tanteos. La

lógica del proceso es simple: el achicamiento del mercado local combinado con un

mercado internacional enfriado que no permite auges exportadores empuja a las élites

dominantes a acentuar la rapiña interna lo que plantea crecientes problemas de control

del descontento popular. La intoxicación mediática resulta insuficiente, la base social del

gobierno se va restringiendo, entonces el recurso a la represión directa con más o menos

coberturas “legales” se va convirtiendo en un instrumento cada vez más importante.

 

El pantano y el laberinto

 

Dos imágenes, la del pantano y la del laberinto, facilitan la comprensión de la tragedia

argentina.

Los primeros meses de 2017 podrían estar marcando el empantanamiento del proceso, la

impopularidad del gobierno asciende gradualmente, algunos círculos opositores señalan

fracasos macristas como resultado de la torpeza del presidente, de su falta de

inteligencia. Sería más acertado verlos como las consecuencias del choque entre una

mentalidad mafiosa simplificadora y audaz, muy eficaz en el mundo de los negocios

turbios pero crecientemente ineficaz ante el despliegue de una sociedad compleja. Un

amplio abanico de complicidades parlamentarias y sindicales, de no-oficialismos

complacientes, posibilitó el avance arrollador de los primeros meses, pero la persistencia

de la degradación económica y la multiplicación de perversidades gubernamentales van

generando una oposición popular creciente. La realidad se presenta como un pantano que

traba, dificulta la marcha de los depredadores cuyos delirios se hunden en el barro

viscoso del territorio conquistado. La lógica del poder hace que las tentativas por salir de

esa situación tienden a agravarla, la intoxicación mediática va perdiendo eficacia, las

arbitrariedades judiciales y las represiones engendran su contrario: repudio popular. El

gobierno va cambiando de aspecto, la memoria latente mafiosa-fascista de la ‘ndrina

original, del mussoliniano abuelo Giorgio, convergiendo con los recuerdos de los

magníficos negocios realizados en los tiempos de Massera y Videla, asoma desde el

rostro crispado de Maurizio desplazando a la cara amable fabricada por los asesores de

imagen. El sello autoritario convocante de minorías feroces aparece como la bandera de

la contrarrevolución acosada.

De todos modos el actual sistema de poder no se apoya solo en sus propias fuerzas,

cuenta con un aliado decisivo: la debilidad estratégica de sus víctimas enredadas en un

laberinto que les ha impedido hasta ahora pasar a la ofensiva. Laberinto simbólico,

psicológico, pero también construido con aparatos sindicales y represivos, instituciones

degradadas, dinámicas económicas depresivas.

Como no recordar a los dirigentes opositores y a otros no tanto repitiendo desde los

primeros días del proceso su deseo de que “al gobierno le vaya bien porque de ese modo

al país también le irá bien” mientras el gobierno devaluaba, eliminaba retenciones a la

exportación, subía las tasas de interés, liberaba importaciones, daba las primeras señales

represivas. Como no tener presentes a esos mismos personajes insistiendo en que el de

Macri es un gobierno legítimo, avalado por su origen electoral democrático y que por

consiguiente debería disfrutar de gobernabilidad hasta el final legal de su mandato (fines

 

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de 2019) ignorando su llegada al poder a través una sucesión de manipulaciones

mediáticas y judiciales que bien podría ser caracterizada como golpe blando y su

desarrollo posterior como construcción zigzagueante pero sistemática de un sistema

dictatorial.

Nos encontramos ante el bloqueo ideológico de políticos que predican el sometimiento a

“las instituciones” (mafiosas) y de jefes sindicales dedicados a enfriar las protestas

sociales, empezando por la cúpula de la CGT, condenando a las bases populares a

recorrer un embrollado laberinto regiminoso sin salida real. Tratan de convencernos de

que ese laberinto tiene una puerta de salida y que un conjunto de sabios dirigentes ha

podido localizar el hilo de Ariadna que permitirá superar la encerrona. Recomiendan

aferrarse al mismo y recorrer mansamente pasadizos que atraviesan plazos electorales (y

sus correspondientes intrigas politiqueras), decisiones arbitrarias de camarillas judiciales,

avalanchas mediáticas y posibles diálogos con un poder autoritario. En realidad el

laberinto no tiene salida, la única posibilidad emancipadora es destruirlo en los cerebros

de las víctimas, en las calles, desplegando una amplia ofensiva popular, aplastando las

fortalezas elitistas (mediáticas, judiciales, empresarias, políticas).

Lo que aparece como el fracaso económico de Macri derivando en la normalización de

una “economía de baja intensidad”, de estancamiento tendencial prolongado (más allá de

algunas expansiones anémicas), puede llegar a convertirse en la consolidación de una

sociedad desintegrada, caótica, albergando vastas áreas sumergidas en la pobreza y la

indigencia, gobernada por una cúpula mafiosa (con o sin el capobastone calabrés).

Si observamos el largo plazo constataremos que desde la formación de la Argentina

moderna, hacia fines del siglo XIX, se ha perpetuado la reproducción, como componente

imprescindible del subdesarrollo, de una clase dominante oligárquica que llega ahora

finalmente a su nivel de degeneración extrema, de articulación mafiosa navegando en los

circuitos globales de negocios parasitarios. Ese recorrido histórico fue de tanto en tanto

atravesado por tentativas democratizadoras que buscaban principalmente integrar al

sistema a capas sociales excluidas. Pero una y otra vez el sistema las desbarató

imponiendo su dinámica excluyente. Lo ha podido hacer porque esas oleadas populares

nunca eliminaron los pilares esenciales de su dominación, apaciguadas, desviadas,

engañadas por los mitos cambiantes del país burgués, sus pasadizos institucionales,

seudopatrióticos o globalistas, dialoguistas o restauradores del orden.

En última instancia se trata del combate entre la creatividad del pueblo, reproducción

ofensiva de identidad, desarrollo de luchas, enfrentada hoy a fuerzas tanáticas desatadas

por una élite cuyo único horizonte es el pillaje.

 

Ediciones virtuales Waiwén

Diciembre de 2017

Contacto: waiwen2017@gmail.com

Jorge Beinstein es Profesor Emérito de la Universidad Nacional de La Plata, actualmente es Titular del seminario de doctorado “Crisis sistémica global” de la Universidad de Buenos Aires. Especializado en prospectiva económica y

geopolítica ha sido titular de cátedras en universidades europeas y

latinoamericanas. Página web: https://beinstein.lahaine.org

Política