• 20 de junio de 2018, 17:26
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Los jóvenes que rugieron fuerte

Por Juan Roberto Presta

File:Escudo del Club Atlético Tigre.svg 

La lluvia, el frío y la frustración por haberse quedado sin picado, hizo que a un grupo de adolescentes se les prendiera la lamparita y decidieran fundar un club de fútbol. Eran adolescentes de principios de siglo veinte en un Tigre que era suburbano profundo, con sus famosos recreos en las islas, pero también con sus mareas que hacían difícil la vida de sus pobladores, la mayoría pescadores o agricultores. Esto ocurrió, según cuenta en su gran libro Nazareno Scialpini el 2 de agosto de 1902 y la “pandilla” de jóvenes que fundaron un día después el Club Atlético Juventud del Tigre, hoy Club Atlético Tigre, era capitaneada por José Dellagiovanna, el hijo del almacenero, que tenía como casi todos alrededor de 15 años cuando fundó el club y fue elegido como primer presidente. Un club al que le dedicó la vida y hasta fue canchero en la que fue conocida como la “cancha del lechero ahogado” y que estaba al borde del Río Reconquista (en aquel momento Río Las Conchas) muy cerca de donde Santiago de Liniers desembarcó con sus hombres para recuperar Buenos Aires de las Invasiones Inglesas.

Volviendo al momento de la fundación, los muchachos jugaban en el centro de Tigre, Avenida Cazón y Sarmiento, en lo que hoy es la Plaza San Martín y enfrente de donde estaba el almacén de Don Antonio Dellagiovanna, el papá de José y esa tarde se juntaron en el cordón de la vereda, al lado de una alcantarilla a deliberar y formar un club “de verdad”, con cancha pintada, arcos con redes y vestuarios.

Con relación a los vestuarios Dellagiovanna donó una especie de galpón de madera y chapas que era en realidad la cucha de su perro, donde llegó a funcionar la secretaría y la tesorería del club, además de los vestidores. La pintaron de azul y rojo, los colores que habían elegido y le pusieron rueditas para trasladarla a la cancha cada vez que jugaban. Así, sin dinero, pero con mucha imaginación se fundó la institución más grande de la zona norte del conurbano bonaerense, por un grupo de chicos con voluntad de hierro y la garra que le daba su nombre.

Era todo tan precario, que las primeras reuniones se seguían haciendo en la alcantarilla donde se les ocurrió la idea de fundar el club. La primera cuota social fue de 20 centavos mensuales. Tanto es así que cuando tuvieron que jugar el primer partido se dieron cuenta que no tenían camisetas y la tesorería había juntado nada más que 9 pesos con 90 centavos, que no alcanzaba para comprarlas, pero un comerciante de la zona Adolfo Leber  (con los años un sucesor sería tesorero del club) les fió lo que faltaba.

La primera cancha, fue un campo aledaño a la Plaza donde jugaban que les prestó el carnicero de la zona y así fueron sorteando dificultad, tras dificultad hasta empezar a crecer como institución. En 1911 se afiliaron a segunda división de la Asociación de Football, pero al año hubo un cisma y pasaron a integrar la Federación Argentina de Foot Ball, en la que en un año ascendieron a primera. Fue uno de los clubes fundadores del profesionalismo y el representante de la zona norte, luego de que tanto el Club Atlético San Isidro,  como el Club San Fernando decidieran desistir de jugar fútbol por estar en contra del profesionalismo.

En su historial futbolístico descendió 6 veces, pero siempre se rehízo hasta que en 2007 volvió a primera luego de superar en cadena a Platense, Chacarita y Nueva Chicago (a este en la promoción con equipos de primera) y consiguió su periodo más largo en primera división con 12 años consecutivos hasta ahora y con tres subcampeonatos en el Apertura 2007, en el Apertura 2008 y en el Clausura 2012. Lucha por permanecer en primera, con un promedio muy desfavorable, pero la lucha (como dice el himno a Sarmiento) fue siempre su elemento, desde estos chicos que lucharon con su pobreza de recursos económicos para llevar adelante un club de fútbol que los sobrevivió en el tiempo, hasta la actualidad donde uno de los subcampeonatos (el de 2012) se logró en una última fecha, donde si perdía descendía de categoría y estuvo a punto de ser campeón.

La famosa cancha del “Lechero ahogado” que Tigre utilizó entre 1913 y 1936, según la leyenda dice que tiene que ver con que un lechero se quedó encajado con su carro en una marea y terminó ahogándose, pero Scialpini descubrió que eso era una mentira y en realidad le decían así porque los rivales pensaban que Tigre tenía mucha suerte en su cancha (mucha leche) y cuando le ganaban cantaban “ahogamos al lechero”, relacionándolo también con la cercanía del río y con las mareas, que hicieron suspender más de un partido. A partir de 1936 Tigre mudó su estadio a Victoria, partido de San Fernando, donde instaló una hermosa cancha que con el tiempo tuvo (la posee actualmente) una gran tribuna de cemento con movimientos de tablones como la de Boca (también construida por el ingeniero Delpini) y una platea con un techo de cemento singular, que le da una característica especial. Esa cancha lleva el nombre actualmente y con mucho tino de José Dellagiovanna y allí también hubo un canchero histórico que se llamó José Noaín (hay una tribuna con su nombre) y que murió de ataque cardíaco porque a su club lo habían acusado (injustamente) de sobornar a un rival.

El goleador histórico de Tigre es Juan Andrés Marvezzi con 116 tantos, un delantero que jugó en la selección Nacional y es recordado por marcarle 5 goles a Ecuador en un partido, jugó entre 1937 y 1943 en Tigre, pero el club tiene tres goleadores centenarios ya que Edgardo Paruzzo marcó en los 80, 104 goles con esta camiseta y Carlos “Chino” Luna, quien sigue en el club, lleva marcados 103. El jugador que disputó más partido con esa camiseta fue Pedro Daniel Pellegatta, un zaguero de gran personalidad, que jugó 362 partidos entre 1969 y 1980. Pero además de estos jugadores en una galería de ídolos podemos nombrar a Adolfo Heinsiger (que jugó en la selección nacional en el amateurismo); Bernabé Ferreyra (que fue vendido a River junto a Alberto Cuello en 1932, donde fue un gran ídolo); Fernando Rubio; Manuel Gianserra, Enrique Brunetti, Jorge Hidalgo (los tres armaron una línea media histórica); Luis Cesareo; Cándido González, Ernesto “Tito” Cucchiaroni (ídolo de Boca y en Italia); Héctor De Bourgoing (que llegó a jugar un Mundial para Francia); Miguel Rugilo (el famoso León de Wembley); Norberto “Tucho” Méndez; Antonio Villamor; Luis Fortunato, Santiago Faris Alé; Carlos “Forli” Santana, Raúl de la Cruz Chaparro, Juan Carlos Bravo; Miguel Lemme; Ezequiel Maggiolo y en la última época Diego Castaño, Leandro Lázzaro, Martín Galmarini, Juan Carlos Blengio, Román Martínez, Martín Morel, Daniel Islas, Lucas Orban, Javier García y Matías Pérez García.

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