• 24 de septiembre de 2018, 5:16
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La monjita

Por Hugo Paredero



            Hace quince años Caro tenía 16 y era la chica de la limpieza en la casa del médico del pueblo cuando la esposa de este los encontró en la cama; en la camilla, porque fue en el consultorio. Para silenciar aquel estruendo el matrimonio decidió que seguirían viviendo juntos pero durmiendo en cuartos separados, y entregaron a la menor a sus padres en calidad de ladrona. Después, amenazas. Atormentada por ocultar una verdad que además incluía un amor creciente hacia el doctor, Caro salvó su alma una noche en que escuchó el llamado del Señor. Así, la hija única anunció a los padres su decisión de enclaustrarse en un convento de San Luis, abandonaría el mundo, se consagraría a Dios. Nadie la detuvo. A ese convento perdido en los montes iban a visitarla sus padres un par de días cada fin de año. Hasta que un día la ya treinteañera anunció que colgaba los hábitos, y retornó al pueblo, a la casa de sus padres. El doctor había enviudado.

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