• 23 de octubre de 2018, 10:32
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Desintegrar la región: unos de los objetivos de la agenda de Macri

Por Oscar Casal*

La reciente noticia de que la Cancillería Argentina solicitó dejar sin efecto la Decisión del Consejo del Mercado Común Nro 32/00 es el último eslabón para cumplimentar el plan de desintegración regional que lidera Mauricio Macri.

En efecto, dicha decisión, más conocida como el mandato  4 + 1, es la que establece el compromiso del Mercosur de negociar los acuerdos comerciales con otros Estados o bloques regionales de manera conjunta e integrada. Es sin dudas uno de los instrumentos jurídicos del Mercosur más trascendentes en materia de relaciones económicas internacionales ya que consolida el espíritu y la voluntad política de los Estados Partes de actuar en el escenario internacional, en materia comercial, como un bloque compacto frente a terceros, uno de los objetivos fundacionales del Tratado de Asunción.

Derogar esta Decisión es dictar sentencia de muerte al Mercosur como bloque regional y como instrumento contundente de negociación internacional en un escenario global multilateral cada vez más complejo

SI bien la desesperación del gobierno de Mauricio Macri de mostrar algún resultado concreto en materia de relaciones internacionales es parte de sus tantas frustradas obsesiones, tal conducta  se evidencia en la posición Argentina en el  proceso negociador del Tratado con la Unión Europea en el otorgamiento de innumerables concesiones.

En mi opinión esta estrategia va más allá de la firma de un TLC.

Macri es en la región uno de los líderes de la derecha al que no se le puede negar legitimidad de origen, Argentina es un actor relevante en la subregión y su opinión y envergadura tienen un peso específico definido en América del Sur.

No es casualidad que a partir de la asunción de Macri a la Presidencia Argentina se hayan sucedido numerosas acciones que confirman el espíritu de desintegración regional del actual gobierno argentino, cuyo giro de 180° respecto al gobierno anterior ha sido evidente, en su política de “inserción inteligente en el mundo” promoviendo  un alineamiento acrítico  con las políticas y estrategias de los Estados Unidos de América, que hasta el momento le han dado muy magros resultados concretos, no más allá de algunas toneladas de limones.

Macri ha sido y es uno de los promotores del hostigamiento regional permanente al gobierno de Venezuela.  No sólo promovió la suspensión del hermano país caribeño del Mercosur, dicho sea de paso por causas insólitas como fueron los argumentos de no haber incorporado la normativa regional a su ordenamiento jurídico interno, si no que no cesa de agredir al gobierno electo de Nicolás Maduro desde todos los foros posibles, Grupo Lima mediante, grupo de países que demuestran tener más interés en aportar dificultades que soluciones a la compleja situación venezolana.

En su última intervención en el marco de la 73 ° sesión de la Asamblea General de Naciones Unidas anunció que Argentina va a denunciar a Venezuela ante la Corte Penal Internacional, una acción que demuestra un grado de agresión inédito en tiempos de paz en América del Sur.

Continuando con el accionar del gobierno de Macri dentro del proceso de esmerilización del Mercosur, recordemos que ha tomado la decisión de no realizar más Cumbres Sociales, en el marco de las actividades oficiales de las Cumbres de Jefes de Estado, restándole entidad y apoyo a la dimensión política y social del bloque. Tal es así que el otrora activo Consejo Consultivo de la Sociedad Civil que opera en el marco de la Cancillería Argentina, es hoy parte de un buroducto.

Recordemos que Mauricio Macri fue el primer presidente en visitar a Michel Temer en Brasilia luego del vergonzoso proceso de juicio político que terminó con la destitución de la presidenta electa Dilma Rousseff.

Los ejemplos son varios, pero no quiero dejar de mencionar uno en particular. El gobierno de Macri ha desobedecido una sentencia de la Cámara Nacional Electoral que obligaba al Estado Argentino a hacerse cargo de las remuneraciones que deben percibir por ley los Parlamentarios del Mercosur electos por la República Argentina. Si el Parlasur funciona bien, mal o regular es otra discusión, pero la ley 27120 establece que los parlamentarios electos deben percibir una remuneración, lo cual no es cumplido por el actual gobierno.

El Gobierno de Macri también ha sido uno de los impulsores de la prácticamente disolución de la UNASUR al promover, junto con otros  países, la suspensión de participar en dicho foro subregional. Comunicación que se hizo pública ni bien concluyera la Presidencia Pro tempore Argentina la cual no promovió una sola Cumbre de Jefes de Estado. La excusa esgrimida por el gobierno de Macri (encaprichado en que el Secretario General fuera José Octavio Bordón) es inverosímil y denota una falta de apego total a los procedimientos de consenso que rigen las instituciones regionales sudamericanas.

Resta el otro bloque continental creado en la década pasada, la CELAC, Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, cuyas acciones están bajo la línea de flotación y cuyo mayor logro en los últimos tres años son los pocos encuentro  ministeriales con representantes de la Unión Europea, sin convocarse a ninguna Cumbre de Jefes de Estado, ni por ende tomar alguna decisión trascedente.

En algo más de dos años el proceso de desintegración regional promovido por el gobierno de Macri, en el actual contexto de avance de la derecha sudamericana, ha tenido una eficacia notable. Tal vez sea el mayor logro que pueda exhibir como líder regional.

 

 * Ex Secretario Ejecutivo Comisión Parlamentaria Conjunta del Mercosur

Asesor del Opeir (Observatorio Parlamentario y Electoral para la Integración Regional del Bloque FpV-PJ Cámara de Diputados de la Nación)

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