• 24 de septiembre de 2018, 4:14
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Cucarachas

Por Hugo Paredero

¿Por qué será que casi todo el mundo siente repulsión por las cucarachas? Fósiles vivientes que hace ciento setenta millones de años asistieron al nacimiento de los dinosaurios, luego a su extinción, siguieron en la suya por los siglos de los siglos sin hacer ruido, tanto comen de todo como soportan meses de ayuno, jamás atacan para picarnos como las abejas, los mosquitos y las avispas (al contrario, huyen de nosotros, solo nos temen), tienen unas antenas olfativas para luz y oscuridad que ya quisiéramos, cinco ojos, tres simples y dos compuestos, y en el tubo digestivo una enzima con la fórmula de la inmortalidad. Un respeto. No obstante, el primer lunes de cada mes viene el cucarachero al edificio para exterminarlas derramando un chorro blancuzco de olor dañino que mata unas cuatro de cada diez. La señora del 4º E nunca lo dejó entrar, siempre le desconfió porque era muy grandote y silbaba. Él se enteró de eso por otro vecino, “pobre mujer, no es completa”, rió. A partir de ahí cada vez que llegaba al cuarto piso el tipo aumentaba el volumen del silbido. Y respetó a la señora, en el sentido de que nunca timbreó más en su departamento. Pero hoy, cuando el exterminador llegó al cuarto, vio algo que interrumpió su silbido. Una caravana de cucarachas salía de la puerta del E, seguía por el pasillo hasta la escalera, parecía no tener fin. Ah no, eso ya comprometía su propia misión profesional, basta. Y procedió, sin tocar el timbre. 

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