• 18 de noviembre de 2018, 3:15
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Como el alacrán y la rana: el FMI es el FMI

Por Araceli Bellota

A partir de que el presidente Mauricio Macri anunció que pediría un préstamo de 30 mil millones de dólares al Fondo Monetario Internacional (FMI), se multiplicaron las voces de funcionarios y también de periodistas afines al gobierno asegurando que este FMI es diferente al que en el pasado prestó dinero a la Argentina imponiendo como contrapartida duras medidas de ajuste que culminaron con la debacle de 2001.

Aquí cabe preguntarse: ¿Existió un FMI malo y ahora existe un FMI bueno? Recorrer la historia de este organismo internacional permite comprender que el FMI no es ni bueno ni malo. Simplemente, es el FMI  y responde a la razón por la que fue creado, igual que el alacrán que picó a la rana después de que ésta lo ayudara a cruzar el río. “¿Por qué me picaste si dijiste que  no lo harías?, se quejó la rana después de haber sido solidaria con él. Y el alacrán respondió: “Porque es  mi propia naturaleza”.

“Cuando en 1946 me hice cargo del gobierno –escribió Juan D. Perón en su libro La Hora de los Pueblos– la primera visita que recibí fue la del presidente del FMI que venía a invitarnos a que nos adhiriésemos al mundo. Prudentemente, le respondí que necesitaba pensarlo, y enseguida destaqué a dos jóvenes técnicos de confianza del equipo de gobierno para investigar a este ´monstruo tan peligroso´, nacido, según tengo memoria, de los sospechosos acuerdos de Bretton Woods. El resultado de ese informe fue claro y preciso. En síntesis, se trataba de un nuevo engendro putativo del imperialismo”.

Los acuerdos a los que se refiere Perón se firmaron entre el 1° y el 22 de julio de 1944, en el complejo hotelero de Bretton Woods, en New Hampshire, Estados Unidos, donde en vistas de la finalización de la Segunda Guerra Mundial se establecieron las reglas para las relaciones comerciales y financieras entre los países más industrializados del mundo.  Fue entonces cuando se crearon el FMI y el Banco Mundial, usando el dólar estadounidense como moneda de referencia internacional.

 ¿Por qué el dólar como referencia? Porque Estados Unidos surgió de la Segunda Guerra Mundial como la economía más fuerte del planeta, con el 80% de las reservas de oro del mundo, con un rápido crecimiento industrial y una gran acumulación de capital. Sin haber sufrido la destrucción de la guerra en su propio territorio su industria manufacturera se hizo poderosa, además de haberse enriquecido vendiendo armas y prestando dinero a las naciones combatientes. Por estas razones, estaba en posición de ganar más que ninguna otra nación con la liberalización del comercio mundial, porque le proporcionaría un mercado  para sus exportaciones además del acceso sin restricciones a las materias primas vitales para su industria. Porque a pesar de tener el oro, capacidad de producción y mayor poder militar que el resto, su capitalismo no podría sobrevivir sin mercados.

En este sentido, Estados Unidos necesitaba frenar a los países pobres que durante la guerra habían comenzado a desarrollar una industria para sustituir los artículos que antes importaban, y muchos de ellos habían establecido acuerdos bilaterales de comercio mediante los cuales las importaciones las pagaban con las propias exportaciones.

De Bretton Woods participaron 44 naciones, entre ellas los países de la Unión Soviética (URSS). China se retiró tras el triunfo de la revolución comunista de 1949- La mayoría de los países del Tercer Mundo todavía eran colonias europeas y por eso no tuvieron representación propia e India lo hizo como parte de la delegación británica. Los países de América Latina eran en general vulnerables a la influencia de Estados Unidos.. En tanto Alemania, Italia y Japón estaban a punto de ser derrotados.

De estas naciones, 29  firmaron en 1945 el Convenio Constitutivo del FMI, con un fondo de 8.800 millones de dólares, al que cada país contribuyó con una cuota cuyo porcentaje determinó el poder de votación. Estados Unidos se reservó el mayor, con 2.740 millones que significó el 31,1%. El Reino Unido aportó 1.300 millones, un 14,8%. La URSS puso 1.200 millones, un 13,6%. China invirtió 550 millones, el 6,3% y Francia con 450 millones, el 5,1%. Para dar una idea de la asimetría veamos los aportes de las naciones de la América del Sur: Bolivia, 10 millones; Brasil, 150; Chile, 50; Ecuador, 5; Panamá, 0,5, Paraguay, 2; Uruguay, 15: entre otros.

Se adoptó el patrón oro en el que EE.UU. debía mantener el precio de 35 dólares por onza y se le dio la facultad de cambiar dólares por oro a ese precio sin ninguna limitación. Como el dólar era la única moneda con un precio fijo, se convirtió en el parámetro con el que el resto de las naciones establecieron  el precio de sus propias monedas. Con la particularidad de que EE.UU. es el único país que emite dólares.

A partir de la creación del FMI, cuando los países tienen déficit en sus balanzas de pagos pueden financiarlos a través de las reservas internacionales o mediante préstamos que concede el organismo, previo acuerdo de sus políticas económicas con ese organismo, teniendo en cuenta que los préstamos sólo podían ser destinados a cubrir esos déficit, con un plazo de devolución entre 3 a 5 años.

Perón se negó a sumarse al FMI porque “para nosotros, el valor de nuestra moneda lo fijábamos en el país, como también nosotros establecíamos los cambios de acuerdo con nuestras necesidades y conveniencias. Para el intercambio internacional recurrimos al trueque, y así nuestra moneda fueron nuestras mercaderías. Ante el falseo permanente de la realidad monetaria internacional y las maniobras de todo tipo a que se prestaba el insidioso sistema creado, no había más recurso que hacerlo así o dejarse robar impunemente”.

Derrocado el gobierno de Perón, la autodenominada “Revolución Libertadora” adhirió al FMI con un aporte en oro equivalente a 37,5 millones de dólares. Cuando en diciembre de 1958 el gobierno de Arturo Frondizi firmó un convenio con el Fondo recibió en préstamo 42, 5 millones de dólares, es decir, apenas 5 millones más de lo que el país había aportado.

Como contrapartida debió aplicar el Plan de Estabilización y Desarrollo, con las medidas acordadas con el FMI: despido del 15% de los empleados públicos, demora y postergación de las obras públicas, aumento del 150% en las tarifas de transporte, despido del 15% del personal ferroviario y eliminación de ramales, aumento de tarifas eléctricas, incremento del 200% del precio del petróleo, eliminación de todos los controles de precio, congelamiento de los salarios por dos años y la unificación del mercado cambiario y liberalización del dólar.

Por nada más que 5 millones de dólares, el FMI inauguró la injerencia en la Argentina con los nefastos resultados conocidos, que se mantuvo – con el intervalo de los gobiernos de Arturo Illia, el breve de Héctor Cámpora y el de Perón entre 1973 y 1974 quienes no acudieron al Fondo-, hasta que en 2006 Néstor Kirchner decidió cancelar la totalidad de la deuda de 9.810 millones de dólares.

Para entonces, había sucedido lo que Perón sostuvo en 1968: “Ha pasado el tiempo, y en casi todos los países adheridos al famoso Fondo Internacional se sufren las consecuencias, y se comienzan a escuchar las lamentaciones. Este Fondo, creado, según decían, para estabilizar y consolidar las monedas del ´mundo libre´, no ha hecho sino envilecerlas en la mayor medida. Mientras tanto, los Estados Unidos se encargaban, a través de sus empresas y capitales, de apropiarse de las fuentes de riqueza en todos los países donde los tontos o los cipayos le daban lugar, merced a su dólar ficticiamente valorizado con referencia a las envilecidas monedas de los demás”.

Fuentes:

               

Fuente: Presente de la Historia

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