• 18 de noviembre de 2018, 2:33
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Carta a Néstor. (De poste restante)

Por Jorge Norberto Elbaum



Flaco, desgarbado, con mocasines al borde de ser convertidos en pantuflas. Vestido con un aire épico en perpetuo disimulo. Atorrante con rosca lúcida en formatos de objetivos de dignidades altas. Suerte de haber sido tus contemporáneos... Sobre todo por tu motorcito ingenieril de armado político, esa rara capacidad de tejido combinada con  perspectiva estratégica y exposición emocional sincera y puteadora. Mezclada con indudables aires amucheros en la filigrana racinguista de tu camiseta bicolor: único cromatismo posible en vos:  Celeste y Blanco. 

Néstor: fuiste esa infrecuente capacidad de ser portador murmurado de una vida que no se apaga, que tiene cause de insistencia evidente en muchxs de nostrxs. Uno de esos raros seres que –al decir de Mark Bloch— son testimonios vivos del Principio Esperanza. Ese punto de partido que te hizo bajar los cuadros en el exacto movimiento del orden a un militar, en donde se nos jugaba la posibilidad de extirparnos la vergüenza de una Nación. “Proceda", dijiste, y con ese ademán, ese gesto, nos inculcaste la verdad como memoria. “No les tengo miedo”, agregaste, en la cara de los atónitos secuaces del olvido.

Creciste tanto con los años que tu cuerpo te excedió. Empezaste a tener que vivir en nosotrxs, que despertamos cada mañana con el mismo impulso arrasador de quién siente que falta mucho para que todos vivan en la misma casita de la Patria. Sabemos que faltan muchos cuadros que aún permanecen colgados en las entrañas de los que dolemos. Algunos de ellos están colgados en la TV. Otros siguen --lustraditos--  en los pasillos pulidos del Poder jurídico y empresario. Pero te debemos el ademán glorioso de impulsar los finales de épocas terribles, esos en donde alguien es capaz de destronar cuadros ensangrentados. Debe ser por eso que estamos empecinados en suplantar esas fotos, pinturas o sucias imágenes por pibes bien alimentados, mujeres libres, argentinxs con trabajo. Nos inoculaste un impulso que tiene como orientación central el ver las figuras de todxs lxs compañerxs engalanando las paredes de nuestros muros pintados e históricos.

Sabemos que andás de silencios limpios y no dejás de convocarnos a comicios de esperanza. Fuiste el artesano de una construcción de paciencia, de cómplices escrutinios de equidades. Sabías algo sabíamos.  Andabas sigiloso entre el humor y el abrazo. Dicen los muchachos de Gallegos, que anudabas proyectos nacionales incluso en las horas frías de aquellos inviernos que parecían no tener final. Se te percibían guiños de picardía sin concesión ni retirada. Debe ser por eso que se te extraña tanto. Nos queda el pequeño aliciente de saber que nuca dejarás de votar con nosotrxs.

Andás de sangre enorme y orgullosa metida en la raigambre del pasado, y salvándonos de los fríos tilingos con maquillajes de simplicidad inventada. Con nombres cocidos en nuestras vidas y savia fresca de pibes con mañana. Con lámparas de cielos y muchedumbre que traen caras de fotos hoy ajadas. Con viejos y eternos compañeros y músicas de bombos callejeros. Con todo eso de vos en nuestra biografía. Debe ser por eso que quedó mucho de Nestorismo en nuestras vidas. Una señal clara que nos habilita a una continuidad de imprescindibles peleas. Una mirada de ojos autónomos de los poderes fácticos que buscan atemorizarnos. Un prospecto latinoamericano. Una mujer que te honra. Un deseo de equidad en el ventrículo izquierdo. Una lucha que nos sigue. Nos traspasa. Eso. Nada menos. La memora de vos que se nos hace inmensa, flaco. Deudas de un pueblo hacia vos. Lucidez y paciencia –incluso en la derrota--. Vos sos el que más sabe que vamos a volver.

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