• 18 de agosto de 2018, 19:01
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Brasil y la región bajo stress democrático agudo

Por Oscar Casal

Oscar Casal, ex Secretario Ejecutivo Comisión Paramentaria Conjunta del Mercosur, Asesor en temas de integración regional bloque FpV, Cámara de Diputados de la Nación

Ya no caben mas dudas, la región se encuentra bajo un agudo cuadro de stress democrático impulsado por sectores que no toleran haber perdido sus privilegios y espacios de poder y estan dispuestos a recuperarlos sin el menor tipo de escrúpulos.

Si hace falta llevarse por delante la democracia, los derechos, las garantías, la constitución y toda forma de legitimidad representativa lo harán, de hecho lo están haciendo.

El caso de Brasil es paradigmático, es un ejemplo de disciplinamiento regional de una peligrosidad extrema. No satisfechos con el vergonzoso golpe parlamentario que destituyera a la electa Presidenta Dilma Roussef (reelecta x 54 millones de ciudadanos) ahora van por la cabeza del mayor lider progresista de la región, van por Luiz Inácio Lula da Silva.

Da igual si las denuncias, los indicios y las pruebas son consistentes, el Poder Judicial de Brasil- CRF4 de POA, acaba de condenar en segunda instancia a 12 años de prisión al Presidente Lula por “sospechas” de haber participado en “supuestos” hechos de corrupción, no comprobados.

Las elites brasileras, y las regionales, le temen a la democracia, le temen a sus pueblos y a sus líderes, no están dispuetas a tolerar que nuevamente puedan surgir gobiernos progresistas porque ello implicaría, otra vez, que la balanza de poder vuelva a estar en discusión, q vuelva a estar en debate lo que ellos más temen de perder: la concentración de la riqueza y el poder en sus manos.

Para ello se monta un escenario de Fake Democracy (democracia falsa o trucha) donde con sus aliados políticos, del main stream mediatico y parte de la corporación judicial, generan una realidad virtual que es permeable en una gran parte de la sociedad, mientras se ejecutan con eficacia y contundencia políticas que son funcionales a la concentración del poder y riqueza en esas pocas manos que en algún momento estuvieron manchadas de sangre en sociedad con las mas despiadadas dictaduras sudamericanas.

La metodología y las estrategias han cambiado con una astucia fenomenal, en las Fake Democracies todo aparenta “normal”, hasta republicano; pero en realidad estamos frente a un esquema de conflagración no convencional que pretende volver a restaurar, con agiornamientos, esquemas de dominación y equilibrios de poder previos a las peores dictaduras de mediados del Siglo XX donde los derechos de los ciudadanos eran ciertamente limitados o inexistentes. Ni que hablar de la distribución de la renta. En esta ocasión , una de las partes del conflicto esta dentro del propio sistema democrático, lo viola de manera recurrente, inflinge dolor y daño a las mayorías, pero aparenta defenderlo por el bien de todos los ciudadanos. Son

poderosos, pero sabe que son menos, por eso con promesas que jamás cumplirá copta aliados preferetemente desencantados, desinformados, confundidos, desclazados, desmovilizados, obedientes y “productivos”.

Esta disputa por el poder de forma no convencional no pudo ser advertida a tiempo para moderar su impacto y su penetración, por los gobiernos que lideraron la región a principios del Siglo XXI y hoy nos encontramos frente a un escenario geopolitacamente inestable.

Lo de Brasil es trascendental, porque las elites vernáculas, y las regionales, saben perfectamente que, de ganar Lula, todo ese esquema puede volar por los aires, y no van a escatimar esfuerzos ni recursos para impedir que eso suceda, aun al costo de llevar la consideración de Brasil ante la comunidad internacioal a niveles de un país bananero y a la región a un potencial escenario de conflicto militar.

Brasil pasó de ser la locomotora de la región, con una inserción internacional sorprendente (BRICS, G20) y una vocación de lideranza continental que posibilitó la conformación de esquemas de integración regionales basados en una logica de cooperación Sur –Sur (CELAC, Unasur, Mercosur) mirada con recelo por las potencias del Norte, durante la gestión Lula-Dilma, a ser una falsa democracia, con un nivel de valoración devaluado, en tan solo dos años de gobierno de Temer. (o de temer, como se prefiera...)

El desmantelamiento de las plataformas de integración con un Brasil “ausente por debilidad de legitimación” es lo que se está llevando a cabo de manera silenciosa y sumamente peligrosa en la actualidad. El pedido de salida de la UNASUR por parte de Argentina, la parálisis de la CELAC, la agresión política del Mercour neoliberal a Venezuela, suspendida desde el año pasado en una resolución que se aparta de toda la normativa del bloque, son muestras del avance de esta disputa no convencional. Hay un cambio de paradigma para la integración regional, una mirada “norteda” como dirían los hermanos bolivianos.

Pero a pesar de este escenario de sombras, no todo está perdido, el PT brasilero ha anunciado la precandidatura de Lula a la Presidencia del hermano país. Y Lula, tal como lo muestran todos los sondeos, va a ganar las elecciones. Lula les va a dar una lección de democracia y ciudadanía no sólo a los golpistas brasileros sino a los de la región y al mundo, si es que no lo proscriben impidiendo su candidatura. Y si Lula es electo, las elites brasileras van a asumir el costo político nacional e internacional de pasar de ser una democracia falsa, hasta el momento tolarada, a un país autoritario que impida asumir a un ciudadano electo por la mayoria del pueblo brasilero? En ambos casos, tanto con la proscripción como en la hipótesis de que le impidan asumir la presidencia, se estaría consumando el acto de violencia institucional mas importante del Siglo XXI en la República Federativa del Brasil. Es momento, asi como se condena la violencia de género, que los ciudadanos de la región condenemos con firmeza y con participación los actos de violencia institucional generados por cualquiera de los poderes del Estado. Si bien todo es posible, también lo es que con Lula nuevamente al frente de Brasil, se recuperen los valores democráticos y los derechos de los ciudadanos que están siendo desvastados por un gobierno perverso e ilegítimo. Con

Lula, la región vuelve a cobrar no solo protagonismo, sino también la esperanza que una sociedad mas justa e igualitaria es posible.

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