• 23 de octubre de 2018, 10:53
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Bodas de aluminio

Por Hugo Paredero

Quizás uno de los secretos del éxito conyugal de Perla y Atilio está en que festejan cada aniversario de casamiento y esa preparación les lleva todo el año, como a los brasileros el carnaval. En realidad a ella. Él es un empresario de mucho tiempo afuera, normalmente en calidad de prófugo. De niña Perla ya era tilinga. El tema de conversación excluyente con sus amiguitas era su vestido de novia, que había diseñado inspirada en una princesa de revista, mucho antes de que llegara su primer novio: Atilio. El noviazgo duró 6 años, pero si se descuentan los cuatro paréntesis que sufrió la relación (cada vez que él se se sentía asfixiado, provocaba una pelea, huía y terminaba volviendo), habrán sido dos años y pocos meses. Fue regresar del viaje de bodas y Perla encontrar el sentido de su nueva vida abocándose a los festejos del primer año de casados: ¡bodas de papel! Atilio se avergonzó un poco al oirla, después se perturbó bastante. Perla había entendido que si su fiesta de bodas había sido la noche más feliz de su vida, debía ocuparse de prepararla. Así fueron llegando (cada año con decorados al tono) el festejo de las bodas de algodón, cuero, seda, madera, hierro, lana, bronce, cerámica...Y ahora... ¡Bodas de Aluminio, querido, diez años juntos! Sí querida, pero fijate que en tu libro dice “10 años: bodas de aluminio o lata”. ¡Ay no lata no qué horrible, digamos aluminio! Bueno, pero dice eso: aluminio o lata. ¡Ay no querido te lo pido por favor, nosotros digamos aluminio, tiene más luz! Digamos también lata, la-ta, querida, la-ta, la-ta, se abolla mejor. ¡Ay basta, malo!

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